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Sheen, beato por fin

Reflexiones desde la lejanía física de Filipinas pero desde la cercanía del espíritu

Mons. Fulton J. Sheen durante su visita en Filipinas

Finalmente, tras años de espera, la beatificación de Mons. Fulton J. Sheen, padre del evangelismo católico en los medios de la comunicación, se celebró el 24 de septiembre de 2026. Tuvo lugar en el Dome at America's Center en San Luis, Misuri, por el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, como delegado papal.  

Hace años escribí un artículo en Religión Digital acerca de las medidas prudenciales. Me refiero a la pausa cautelar de 2019 por la que la ceremonia, prevista para diciembre de 2019, se pospuso semanas antes a petición de los mismos obispos estadounidenses, sobre todo por el de la diócesis de Rochester, donde fue obispo el neobeato, para examinar la gestión de Sheen respecto a asignaciones de sacerdotes. Las investigaciones confirmaron que Sheen no cometió conducta inapropiada ni encubrió abusos.

Incluso antes de que fuera declarado Venerable en 2012 por el papa Benedicto XVI, los fieles ya sabían que tenía una vida caracterizada por las virtudes heroicas por lo que muchos consideraban que la Apertura de la Causa en 2002 fue demasiado tarde.

Sheen tenía muchos críticos o enemigos dentro de la Iglesia, sobre todo dentro de los que pertenecían, como él, al estado clerical. El más famoso de ellos es el cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York, de quien fue auxiliar nuestro beato. Esto fue por cuestiones de dinero, pues logró exponer Sheen la deshonestidad en la gestión financiera el ilustre purpurado a los ojos del mismísimo Pío XII, gran amigo y valedor del cardenal neoyorquino.

Su vida, con sus triunfos y pruebas, demuestra la triste realidad clerical e incluso humana. Bien se sabe de la vanidad personal como uno de los defectos del neobeato. Incluso se le tachaba de teatrero o shakespeariano en sus programas televisivos. Sí, había mucho de teatro, de preparación, de guiones pero la finalidad era la propagación del Evangelio.

Sheen, por ser de lengua inglesa, era muy popular entre los fieles filipinos. Honró a nuestro país varias veces con su presencia como predicador, primero en los años cincuenta. Después estuvo presente en 1965 por la coronación canónica de la imagen taumatúrgica del Santo Niño de Cebú y de la declaración de la iglesia a este dedicada como basílica menor. Asimismo en julio de 1975 estuvo en estas tierras para predicar a los obispos filipinos e incluso para honrar a la Virgen del Rosario ‘La Naval de Manila’.

Sobre todo, Sheen estuvo presente en los hogares y parroquias filipinas mediante la televisión y otras formas de medios de la comunicación. Fue emulado por varios predicadores, sobre todo los telepredicadores católicos. Claramente muchos de estos no podían llegar a la misma altura por su nivel ínfimo del inglés, falta de preparación filosófico-teológica y atractivo por dominar las artes teatreras. Sin embargo, lo que se ha de subrayar en estas líneas es que Sheen no nos ha dejado indiferentes a los católicos filipinos.

Y sus libros muy diseminados durante una época por estar escritos en inglés, sobre todo: Vida de Jesucristo, La vida merece vivirse, El primer amor del mundo: María, la madre de Dios, Paz en el alma, Del pizarrón del ángel, El comunismo y la conciencia occidental, etc.Personalmente yo me he ocupado de su libro, no traducido al español (que yo sepa), Dios y la inteligencia en la filosofía moderna, que fue su célebre tesis sostenida en Lovaina que mereció champán durante la recepción para indicar su calidad extraordinaria.

Célebre y polémico incluso después de la muerte —recuérdese también la disputa legal entre la diócesis de Peoria y la archidiócesis de Nueva York sobre el traslado de sus restos, resuelta finalmente a favor de trasladarlos a la catedral de San Miguel en Peoria— el beato Fulton J. Sheen es, en expresión feliz de Ricouer, un símbolo que ‘da que pensar’ y del pensar hemos de pasar necesariamente al vivir, pese a las tensiones y pruebas, pues merece la pena vivir, con el recordatorio o deseo que el mismo Sheen hizo famoso: ¡Dios os ama! (o, ¡Que Dios os ame!), que ha de ser el contenido y el espíritu con que nos hemos de saludar en un mundo cada vez dividido por los odios.

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