Sic transit gloria mundi. El mismo día que cumple 75 el papa lo jubila
El caso del ahora obispo emérito de Parañaque, Filipinas Jesse Mercado
Mientras el papa León XIV comenzaba su visita pastoral a España que durará hasta el 12 del corriente, el obispo de Parañaque, Jesse Mercado, cumple sus 75 años. De hecho, celebró una misa no en la catedral sino en una de las capillas (ni siquiera es una parroquia) más ricas de la iglesia local ubicada no en una zona residencial sino dentro de un centro comercial, signo vibrante del capitalismo exacerbado de esta ciudad.
Lo sorprendente es que su renuncia al gobierno de la diócesis fue aceptada el mismo día de su 75 cumpleaños. También llama la atención de que Mercado no sea el administrador apostólico hasta el nombramiento y toma de posesión del sucesor, como suele hacerse. Este ‘honor’ cupo a Elías Ayuban CMF, obispo de Cubao, un religioso conocido por su ministerio en pro de los pobres y con fama de poseer el talante del papa Francisco y, por lo visto, también del papa León XIV.
Mercado claramente fue avisado de que su renuncia fue aceptada. Sabía de antemano que el nuncio, presente en la misa (no como concelebrante sino en un lugar destacado y vestido de traje coral), iba a anunciar su jubilación. Es llamativo que se haya despedido del Pueblo de Dios no desde una catedral que es iglesia de todos sino desde una capilla destinada a santificar, moderar lo exacerbado del capitalismo, simbolizado por los malls o centros comerciales, o por lo menos recordar al pueblo muy enamorado del capitalismo de que la Iglesia busca medidas para acercarse a ellos, gracias a mecenas capitalistas, mientras hacen sus compras. Su tiempo al frente de la iglesia local se ha caracterizado por la conversión de esta en un negocio en que los dineros eran lo principal. Junto al nuncio y varios obispos y sacerdotes concelebrantes (pues fue un espectáculo litúrgico antes que nada) un puñado de la beautiful people, entre ellos las autoridades civiles y los bienhechores materiales, entre ellos, los dueños del centro comerciales. Desde luego, no fue una celebración de la iglesia pobre y de los pobres. Ni siquiera se envió una invitación a las parroquias a dicho evento destinado para los elegidos por el obispo Mercado, para los cercanos a su corazón y no para los fieles a quienes debía haber servido en vez de servirse a su mismo y a sus propios intereses, incluyendo los de su gremio.
Ya llevaba más de un año enfermo sin que se sepa públicamente la verdadera naturaleza de la misma. Esta falta de transparencia siempre ha caracterizado su ‘reino’ que comenzó el 07.12.2002, día de la fundación de la Diócesis de Parañaque que entonces formaba parte de la gran Archidiócesis de Manila.
Fue uno de los preferidos del entonces Cardenal Sin de Manila quien lo había ordenado en 1977 y consagrado obispo auxiliar en 1997. Entonces ya se hablaba de la división de la gran iglesia de Manila en nuevas diócesis, entre ellas la de Parañaque por lo que el entonces cardenal de Manila, mecenas político de sus preferidos e incondicionales, asignó a Mercado a ser pastor de una parroquia muy acaudalada de la misma ciudad, la de la Presentación del Niño Jesús.
La Diócesis de Parañaque comprende las ciudades de Parañaque, Las Piñas y Muntinlupa al sur de la capital filipina. Es una de las iglesias locales que forman la Provincia Metropolitana de Manila.
El período de gobierno de Mercado que comenzó el 28.01.2003, día de su toma de posesión, hasta el día de hoy, 06.06.2026 se caracteriza por la gran división entre varios sectores del clero y de los laicos, es decir, de los pro-Mercado y de los anti-Mercado, pues se salpicó este período con escándalos financieros, de dejadez, de irresponsabilidad, de favoritismos que resultaron en pérdidas de dineros y de prestigio.
El entonces nuncio (G. Pinto), al que el papa Francisco jubiló pronto por su ineptitud cuando el escándalo de abuso sexual en Chile, no cerró la herida abierta. En efecto, dejó las cosas en el aire. Era business as usual, como si no hubiera pasado nada en esta iglesia local durante aquella época. Es un milagro de Dios que esta iglesia local, con muchos ricos (pues este territorio consiste de espacios industriales y enclaves residenciales para gente acomodada pero también de muchos pobres, entre ellos trabajadores denominados los ‘asalariados de salario mínimo’) haya sobrevivido hasta la fecha pero no se pueden ocultar las cicatrices acumuladas que el maquillaje publicitario de la diócesis ha intentado ocultar. En el exterior devocional, salpicado de medidas publicitarias para conseguir el denominado rédito público, estos años se caracterizan por una armonía superficial que intentaba superar un pasado doloroso de escándalos y robos, por un pastor que no cumplía con su deber y que fracasó en ser punto de referencia para la comunión eclesial por sus favoritismos.
Todavía siguen resonando las palabras del ahora obispo emérito en las reuniones presbiterales: ¿por qué las colectas de los cepillos son cada vez menores? Asimismo siguen ensordecedores el portazo y los gritos de Mercado al marcharse furioso de una de estas mismas reuniones cuando un sector del clero exigía la transparencia en los asuntos financieros o de su negativa a la llamada a la transparencia en una entrevista televisiva realizada en el apogeo del escándalo financiero que sacudió a la iglesia parañaqueña. Lamentablemente, al separarse de Manila, esta iglesia local se ha caracterizado por un materialismo insaciable de parte de muchos de los clérigos, quienes trataban sus parroquias como feudos personales hasta apropiarse de las ofrendas para su uso personal. Todo ello ha dañado el corazón de esta iglesia local, ya arraigada en una tradición larga de devoción que incluye la adulación a los clérigos pero todavía joven como iglesia autónoma que en sus principios, su obispo bendecía a sus fieles ‘junto al’ y no ‘en nombre del’ Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Durante lo más álgido de pandemia, el 17.02.2021, me acuerdo perfectamente de que en su homilía en mi parroquia parañaqueña para aquel Miércoles de Ceniza lúgubre, el párroco censuró las colectas muy bajas en aquellos tiempos de inseguridad durísimos e incluso amenazó que nuestra parroquia podría rebajarse de su estatuto canónico como parroquia por no cumplir con las cuotas diocesanas. Y ese párroco es uno de los incondicionales del ahora obispo emérito.Estos incondicionales tan materialistas, tan codiciosos siguen con sus prebendas.
Que esta jubilación, gracias a la acción rápida y oportuna de la Santa Sede de León XIV (si bien esta debía haber empezado mucho antes sobre todo cuando enfermó el año pasado Mercado), sea el comienzo para la sanación de esta llaga que silenciosamente sigue supurando en esta iglesia local. Me temo que ya haya llegado al extremo de un cáncer que sigilosamente viene avanzándose, destrozando la fábrica moral y espiritual de la iglesia cambiándola por unos tejidos clericalistas y consumista, erosionando a la vez su credibilidad en este mundo que exige la transparencia de la verdad en medio de bulos y revisionismos.
Cerremos, pues, expresando nuestra alegría dando gracias a Dios, pues sigue en pie la diócesis parañaqueña a la vez aplaudiendo la gestión fulminante de la Santa Sede en pro de la iglesia parañaqueña. Mientras pedimos por la salud del ahora obispo jubilado y por el éxito de la gestión del administrador apostólico durante este tiempo de transición, esperamos que la Divina Providencia nos envíe un pastor conforme al Corazón de Jesús, cuya solemnidad se celebrará dentro de poco. Ojalá que esta etapa sea el inicio de la necesaria curación y renovación, comenzando con una transparencia participativa para todos, de esta iglesia local, pues siguen los secuaces del obispo materialista disfrutando de sus prebendas. En Parañaque, es preciso hacer lo que el Cardenal Rosales hizo en Manila al llegar ahí en 2003: hacer limpieza. Son estas palabras del mismo Rosales.