¿DÓNDE ESTÁ TU VICTORIA?
Una reflexión acerca de la guerra reciente desde el punto de vista del tercer mundo que está sufriendo sus consecuencias
En la vida he conocido a muchos competidores, atletas, músicos, carreristas, concursantes, etc. Siempre presumen de sus logros, de sus victorias. Incluso cuando no se les preguntaba acerca de ello. Hoy en día en las redes sociales es muy común ver a personas o entidades de vanagloriarse, de alabarse.
Y siempre me vienen a la mente estos versos: ‘¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? (1 Cor 15, 55)’.
Sobre todo estos días a raíz de esta guerra en Irán dónde nadie tiene la victoria, donde todos somos los perdedores.
En un mundo estructuralmente injusto algunos tienen más recursos por lo que se aceptan que estos tienen más poder, más influencia. Pero eso no quiere decir que estos siempre tengan o se lleven la palma de la victoria.
Cuando se pierde la paz, la pérdida es de todos. Es decir, todos somos los perdedores. Todos sufriremos las consecuencias. Y esta guerra prolongada en Irán ha demostrado una vez más que este enunciado es verdadero.
Además, ha dejado patente no solo la fragilidad de la paz sino la fragilidad de los poderosos y del sistema que los ha catapultado al poder y que los sostiene en el mismo. No se puede lograr todo con la fuerza, con los recursos, con los números.
El enemigo, por muy pequeño o inferior que sea, siempre tiene una baza que de alguna manera, muchas veces significativa, puede limitar el alcance del poder del partido más poderoso. Y cualquier defecto o momento o muestra de incapacidad de lograr el objetivo y terminar el conflicto bélico, de parte del partido más poderoso, indica un defecto, un punto de vulnerabilidad que podría ser explotado o del que podría sacarse algún provecho no del todo benévolo.
Y estamos viendo muchos de estos puntos, sobre todo en la retórica en que al parecer los poderosos han perdido la razón y la razonabilidad. Hasta el punto de quedar en ridículo.
A los ojos del mundo, empezando con los que lo habían apoyado, él lo ha perdido todo. A los ojos del mundo, su país, el país que representa o cuyos intereses debería representar ha perdido mucho de su encanto, de su prestigio que consistía principalmente en ser el más poderoso pero ahora se perciben las grietas, los puntos de vulnerabilidad.
Uno sí puede ser muy poderoso pero nadie es todopoderoso.
Dios quiera, porque pese a sus defectos la democracia es el mejor régimen gubernamental, encontrará la solución adecuada no solo para recuperar el prestigio perdido o conservar el que queda sino para remediar este impasse que ha impactado el mundo entero. No hace falta decirlo pero lo voy a repetir: ha habido muchas muertes inútiles, mucha destrucción irreparable, muchas vidas alteradas para siempre.
Con esta guerra se ha tejido una red inmensa mefistofélica que nos está asfixiando y atando a todos. En una democracia, por el consenso se toman las decisiones, pues por el mismo camino se nos desenredará este ardid masivo.
Queda patente que esta guerra nunca debería haber sido incoado. Es esta una lección que los hombres no logran aprender. Una vez más se ha cruzado una línea roja que muchos pensábamos que no se volvería a traspasar bajo el pretexto de querer lograr un mundo mejor.
Un mundo mejor no es un mundo perfecto pero estoy convencido de que el mundo antes de esta guerra era mucho mejor que el que estamos viviendo hoy en día, sabiendo que incluso el más todopoderoso no tiene una victoria verdadera. Para más inri, todos nos sentimos peones en un juego de ajedrez entre algunos.
Lo que son evidentes son los escombros que ya condicionan nuestra visión del porvenir, el olor de la muerte y de la destrucción, el llanto que no podría resucitar a los muertos ni reconstruir lo que se había anteriormente.
En medio de las pérdidas y las carencias, el país menos todopoderoso ha demostrado su resiliencia. No ha ganado la victoria. No puede cantar la victoria. Y no ha permitido al enemigo que la cante.
Claramente no ha habido victoria.Mas yo creo que sí existe un camino hacia la victoria. No es el de la guerra ni de sus excesos o delirios sino es el de la sobriedad, de la diplomacia, del diálogo que ha de comenzar con el reconocimiento del otro no como enemigo sino como vecino, con quien ha de compartirse este mundo, con quien es preciso negociar.
Todos tenemos miedo de que Irán llegue a ser una potencia nuclear. Una posibilidad temida. Pero con la colaboración de la ONU, y de los países poderosos y con regímenes más sensatos, empezando con los Estados Unidos de América, pueden encontrarse las medidas adecuadas con serenidad.
Más peligroso que un Irán con potencia nuclear es una irracionalidad que tiene a su disposición esta misma potencia. A mi juicio, ya se ha pasado de la raya de lo racional la amenaza de un genocidio hasta el punto de blasfemar, de amenazar en contra la continuidad de una civilización muchas veces centenaria. A esta luz, es legítimo preguntarse, sobre todo de parte de los países aliados comenzando con los países del Golfo, si podría confiarse en el todopoderoso aliado que no ha podido cantar la victoria y que ha empezado a escupir por doquier discursos rabiosos que ponen de manifiesto no solo pérdida del uso de la razón sino de la derrota, al menos en el sentido moral, pues no se ha logrado lo que se deseaba a la vez que se ha expuesto la vulnerabilidad de la estructura colosal detrás de la cual se esconde y que controla y dirige.
Es de lamentar que el mencionado sentido moral se haya rebajado o anulado como fuente del verdadero poder sobre todo en un país que es el último de los grandes imperios de la historia. Se pondrán de manifiesto los pies de arcilla de este coloso cuando todo sistema de poderío se funde exclusivamente en el poder de las armas y de los recursos. Sería entonces un coloso autómata, sin alma, sin espíritu, sin norte.Solo y errante en la intemperie ontológica en que nada dura para siempre.
En la moralidad, extendida y aplicada a nivel institucional e internacional como eticidad, es la fuente de todo poder.Los genocidios, incluso las amenazas a realizarlos, revelan debilidades, pues el verdadero poder consiste en el trato ético de todos y por todos, pues solo un trato ético puede garantizar el bien que es la continuidad en el ser. El genocidio, por su parte, es el mal extendido a pueblos y naciones, pues el mal es descontinuidad en el ser, en la existencia. Es prevalencia extendida del mal que es lo opuesto del bien o la continuidad de la existencia.
En todos los conflictos se ponen de manifiesto los límites por los que se constituye la naturaleza humana a pesar de una cultura que ha logrado construir imperios de poder y maquinaria. De la sobreestimación de un poder colosal ya vamos pasando a una revalorización puesto que los acontecimientos recientes nos han desvelado muchas sorpresas acerca de la resiliencia de Irán.
En un mundo imperfecto los acuerdos respetados como gentilhombres o caballeros de verdad es la mejor solución, sobre todo cuando se ha demostrado una vez más que con todos los recursos no siempre se puede lograr la victoria o el resultado deseado. Estos se logran con el diálogo realizado con sobriedad y respeto incluso hacia los más débiles o menos poderosos. Baste de ser el matón del recreo escolar en el campo de juegos del colegio. Hemos de comenzar de ser compañeros, colegas en este mismo mundo compartido. Eso no quiere decir que seamos amigos de verdad.Al menos hemos de dejar de ser enemigos que solo desean la destrucción del uno y del otro que inevitablemente desembocaría en la anihilación del mundo compartido.
Es lamentable que todo, sobre todo de parte del poderoso, se haya quedado en una muestra inútil de chulería que equivale a quedarse en ridículo, pues se ha revelado la debilidad innata o estructural que ha llevado a que se tomasen juicios infundados o erróneos que identificaban la fuerza con la victoria. Es esta la lógica o la falta de ella de los matones del recreo escolar. Desgraciadamente ha puesto de relieve que se ha mermado tanto el prestigio como la fuerza del gran aliado de los países del mundo libre frente a un enemigo malévolo sí pero con una resiliencia pese a sus recursos limitados que nos ha dejado a todos con las bocas abiertas.
Escribo todo esto con la cabeza inclinada para pedir por la paz que es pedir por el fin de esta locura, sabiendo que quizás tal vez no se pueda recuperar lo de antes pero con la esperanza de que la situación mundial no empeorará. También pido que una vez por todas los hombres humildemente, lejos de vanidades irracionales, aprendamos que tener el poder, tener los recursos no quiere decir que tengamos la razón, que estemos en lo correcto, que automáticamente podamos conseguir la victoria.
Como se siga pensando así nos acercaremos todos cada vez más al precipicio.