"Que puedan contar con que “'os pies cansados' de nuestros pasos" ¡Los lobos, que vienen los lobos!

Buen Pastor
Buen Pastor

"El Papa Francisco ha dicho que no quiere sacerdotes que huelan a perfume, los quiere que al regresar cansados a la casa parroquial 'huelan a oveja'"

"No se trata de grandes discursos ni acumular documentos en los escritorios o derroches de inteligencia, no se trata de recomendaciones o propuestas filosóficas o de proponer cultos, de promover rezos o buenas costumbres"

"Se trata de “acompañar” en Cristo a los que sufren, a los que son perseguidos por los lobos que devoran la belleza, la esperanza, la justicia y la vida misma"

“Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado la marcha de mis pies cansados;

con ellos anduve ciudades y charcos,

playas y desiertos, montañas y llanos,

y la casa tuya, tu calle, tu patio.”

(Violeta Parra)

Tengo ante mí una imagen, que en mis tiempos de infancia le decían “estampitas”, en la que aparece Cristo, como el buen pastor, cargando a la carrera una ovejita mientras la jauría de lobos intenta abalanzarse sobre ella. Pocas veces he visto una representación tan dramática de ese momento medular de la lucha para salvar el bien del acecho del mal. 

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Seguid al pastor...
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¿Qué pasa si sustituyo la imagen de Cristo por la de un sacerdote tratando la misma hazaña? ¿Qué pasa si coloco en esa imagen la de un feligrés? ¿Alguno de ellos logrará salvar la ovejita o terminarán entregándola tras “negociar” con los lobos?

 El Papa Francisco ha dicho que no quiere sacerdotes que huelan a perfume, los quiere que al regresar cansados a la casa parroquial “huelan a oveja”. Quiere que dediquen su esfuerzo diario a pastorear, a cargar, las ovejas. Esa función de pastoreo no se limita al cura, pues uno de los aspectos principales de la Iglesia sinodal es “la misionariedad”, es el deber de convertir el trabajo de sacerdotes y laicos en la misión valiente y radical de proclamar la palabra de Dios a diestra y siniestra, insertos en el corazón del pueblo. Porque “si no logras encontrar a Cristo en el mendigo a las puertas de la iglesia, no Le encontrarás en el cáliz”, decía San Juan Crisóstomo.  

No se trata de grandes discursos ni acumular documentos en los escritorios o derroches de inteligencia, no se trata de recomendaciones o propuestas filosóficas o de proponer cultos, de promover rezos o buenas costumbres. No se trata de pensar que somos valientes por nuestro propio valer; cuidado con la autorreferencialidad.  Se trata de “acompañar” en Cristo a los que sufren, a los que son perseguidos por los lobos que devoran la belleza, la esperanza, la justicia y la vida misma. No se trata de acomodarnos al buen vivir personal con las enseñanzas y ritos religiosos, sino de poner en práctica nuestra fe allí donde hace falta, donde se requiere la mano amiga para socorrer, para luchar por la justicia, para que resuene con la fuerza del amor y la libertad, la voz del Señor. De eso trata el proyecto sinodal.   Es muy sencillo y de radical entrega de vida.  

 Si solamente Cristo puede salvar las ovejas… ¿qué puedo hacer yo, que apenas soy un ser temeroso, un “siervo inútil”? Tengo que orar mucho, tengo que nutrirme de la fuerza del Evangelio, alimentarme con la Eucaristía que me impulsa a la comunión con el hermano, pero tengo que hacerlo para tirarme todos los días a la calle a luchar en defensa de las ovejas, ser una oveja más, esforzándome fuera de la falsa seguridad  para caminar sembrando la esperanza, para expresar la solidaridad como de verdad se hace, enfrentando los problemas que tienen mis hermanos, junto con ellos.

 Jóvenes y viejos, todos tenemos que caminar. Roguemos que en cada calle, cada patio, cada casa, puedan contar con que “los pies cansados” de nuestros pasos llegan a luchar junto a los demás para enfrentar los problemas que nos agobian cada día.

 En un sermón para la historia, en 2017, el Papa Francisco dijo “así son los grandes misioneros, los que proclaman la palabra de Dios no como algo propio, sino con la valentía, con la franqueza que viene de Dios”.

Cristo y los lobos
Cristo y los lobos

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