Una "Virgen de misión" para nuestra América... el camino de Papa León XIV por América
“Toma Virgen Pura nuestros corazones.
No nos abandones jamás, jamás, jamás”.
La anunciada "primera visita oficial" de nuestro querido Papa León XIV a nuestra América Latina, que incluye a "Uruguay, Argentina y Perú", tiene el ingrediente de la "Virgen de los Treinta y Tres", patrona del primero de esos países, Uruguay. Nada más de pensar que el valiente "León de La Paz" se encontrará con la virgen “guía y capitana” de la libertad ha encendido mi imaginación. Quiero compartir unos datos sobre le devoción por esa singular representación de la Santísima Virgen María.
"La imagen original se venera de forma permanente en la Catedral Basílica de Florida, ubicada frente a la Plaza de la Asamblea en la ciudad de Florida, Uruguay".
Es una historia que comienza en tiempos en los que, a los pueblos originarios de nuestro continente, los conquistadores les llamaban “indios”. Así pues, en este caso hablamos de los indios guaraníes. Estamos hablando también de que un tallador guaraní hizo esta imagen de la virgen en madera de cedro. ¿Cómo fue eso? Pues, sin más preámbulos, vamos con los detalles de un relato que parece de novela del realismo mágico, pero que "es historia real", parte de nuestra historia.
Corrían los mediados del siglo XVIII y en aquella zona guaraní se levantaba una de las misiones de los Jesuitas. No eran instituciones de una conquista desalmada y genocida, como se conocieron en otros lugares de América y el Caribe. Lo que los jesuitas organizaron fueron comunidades de una gran convivencia y justicia social, que, miradas desde nuestros tiempos presentes, podrían tildarse incluso de socialistas.
Uno de los guaraníes, cuyo nombre no conozco, talló la imagen de la que hablamos, en madera de cedro. Era pequeña. Tenía apenas 30 centímetros, pero tallada con una gran maestría y que hacía recordar algún cuadro de la Virgen de Bartolomé Esteban Murillo, un pintor español del siglo XVII. Tenía hasta los querubines representados en el cuadro de Murillo, que presumo que nuestro escultor guaraní vio y estudio para su obra.
Desde sus primeros días, aquella pequeña estatua fue asignada como misionera. Fue colocada en el patio de un rancho típico por aquellos lugares. Así, a la intemperie, servía para guiar almas y corazones de los que viajaban por la zona. Misión humilde y sin mayores protecciones para aquella virgen pequeñita. Pero su trabajo de virgen misionera apenas comenzaba.
En 1825, se produjo el desembarco de los "treinta tres patriotas" que desatarían la guerra definitiva para la independencia de lo que hoy es Uruguay. Los patriotas encomenzaron su lucha a Dios y se reunieron en asamblea en el poblado de Florida, donde redactaron y aprobaron los documentos y proclamas. Terminados los trabajos, salieron del edificio y se fueron a celebrar al rancho cercano, donde se encontraron con la estatua de la Virgen.
Ocupa su lugar venerable en las devociones marianas de nuestra América, junto a Nuestra Señora de la Guadalupe -Emperatriz de América- y la virgen 'la Generala' de Argentina. Las tres, devociones que reconocen en la Virgen María la patrona de la libertad de nuestros pueblos
Dice la historia que los treinta y tres patriotas inclinaron su bandera y doblaron sus rodillas ante la pequeña estatua guaraní. También lo hicieron todos sus seguidores. Desde entonces, la pequeña estatua fue conocida como la Virgen de los Treinta y Tres y, en los años sesenta del siglo XX, el Papa Juan XXIII, la designó patrona del Uruguay. Ocupa su lugar venerable en las devociones marianas de nuestra América, junto a Nuestra Señora de la Guadalupe -Emperatriz de América- y la virgen “la Generala” de Argentina. Las tres, devociones que reconocen en la Virgen María la patrona de la libertad de nuestros pueblos.
Desde mi pequeña nación caribeña, mi amado Puerto Rico, aunque todavía esclava, quiero inclinar mi bandera y mi rodilla ante la Virgen de los Treinta y Tres pensando en el maravilloso himno del Magnificat... "
Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.
[...]
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos". [...]
