Dios danza para ti…

¡Danzad donde quiera que estéis!
Yo soy el Señor de la danza.
Vuestra danza, la de todos vosotros, yo la dirigiré:
quienquiera que seáis, ¡entrad en la danza!

Yo danzaba la mañana cuando nació el mundo,
yo danzaba rodeado de la luna, de las estrellas, del sol.
Yo descendí del cielo y dancé sobre la Tierra:
yo vine al mundo en Belén.

Yo danzaba para el escriba y para el fariseo:
ellos no han querido ni danzar ni seguirme.
Yo dancé para Santiago y dancé para Juan:
ellos me han seguido, ¡han entrado en la danza!

Y yo viviré en vosotros, si vosotros vivís en mí:
porque yo soy la vida, la vida, y el Señor de la danza

(Sydney Carter, poeta inglés)

Estos versos me han recordado al profeta Sofonías: El Señor está en medio de ti. Exultará por ti de alegría, te renovará mediante su amor; él danzará para ti con gritos de alegría, como en los días de fiesta. (Sof 3,17)

Y en esta línea de intimidad humana-divina pienso en los versos de santa Teresa de Avila:

Alma, buscarte has en Mí,
y a Mí buscarme has en ti.

Porque tú eres mi aposento,
eres mi casa y mi morada,
y así llamo en cualquier tiempo,
si hallo en tu pensamiento
estar la puerta cerrada.

Poema, Sagrada Escritura, Mística… textos que ponen de relieve la relación íntima entre Dios y el hombre, lo humano y lo divino. Que no vienen sino a incidir en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia que hablan de la Encarnación como el camino de la divinización del hombre. Como enseña el papa San León Magno. Dios se humaniza, para que el hombre se divinice. También Guillermo de San Thierry, discípulo de san Bernardo enseña en esta línea que “el hombre llega a ser Dios”, pero lo que Dios es por naturaleza, el hombre viene a serlo por gracia. Y en definitiva sería también la enseñanza de san Pablo: ¡Habéis olvidado que sois templo de Dios, y que el espíritu de Dios habita en vosotros?... (1Cor 3,16)

Pues sí, da la impresión de que lo hemos olvidado. Estas enseñanzas ponen con fuerza de relieve que Dios es amor, que está movido por un dinamismo de vida y de amor que se nos escapa, evidentemente, pero además que simultáneamente pone de relieve la dignidad y grandeza del hombre.

Hay un parentesco muy fuerte entre Dios y su criatura. Y la revelación del proyecto de Dios (cf Ef 1) viene a manifestarnos que Dios nos quiere meter, ya aquí en este tiempo que nos da, en la dinámica de su misterio de amor, de su amor trinitario. Incorporarnos a su misterio de amor.

Pero se nos hace difícil danzar la danza del amor divino, y preferimos tener un Dios lejano, inaccesible… y lo sustituimos por el poder, por un poder que dice representar a Dios. Pero el poder no tiene la mirada del amor, y puede olvidar la dignidad y la grandeza humanas. Por otro lado, un dinamismo de amor conlleva vivir una relación sobre la base de un diálogo permanente de vida y de amor. Esto requiere más tiempo. La lógica del poder es más rápida y expeditiva. Pero nos tendríamos que preguntar si éste es el ritmo divino. O es un ritmo que oprime, que restringe y empobrece la vida y el dinamismo del amor. La autoridad debe ser, lo sugiere la misma palabra, engendradora de vida y de amor, o deja de ser tal.

A veces pienso que en esto de la lógica del poder y del amor pasa como con los padres que ven una acción poco correcta del hijo, y su salida más rápida es decir: -no hagas esto. Es pecado. Cuando lo más racional es conversar con el hijo y ayudar a su educación moral, y que tendrá más en cuenta y respeto al desarrollo de su naturaleza.

Y da tristeza como lo que podría ser una fuente de relación cordial, de amistad, de mutua ayuda para crecer en la vida espiritual, se convierte en motivo de crispación de enfrentamiento. Y por esto camino tengo mis dudas de si llegamos a encontrarnos con Dios, de si damos pie para que Dios emerja desde nuestro espacio interior o lo hundamos tanto que al final no hagamos sino girar nuestra vida en torno a nuevos ídolos.

Quizás el ritmo de nuestro tiempo nos está pidiendo la sabiduría de un silencio de escucha. A todos. A los de arriba y a los abajo. Ya vemos que es posible conjugar el arriba y el abajo. Dios es el primero en utilizar esta gramática.
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