Estructuras de integración para los cristianos evangélicos dentro de la Iglesia Católica


El 4 de noviembre de 2009, el papa Benedicto XVI publicaba la Constitución apostólicaAnglicana Coetibus, que permitió a los grupos de anglicanos convertirse colectivamente a la Iglesia Católica, manteniendo no obstante su identidad anglicana. La constitución preveía la creación de estructuras llamadas "ordinariatos" para los anglicanos que regresaran a la Iglesia Católica. Según el testimonio de muchos de los anglicanos que están viviendo este proceso, la experiencia hasta el momento ha sido muy fructífera, convirtiéndose, de algún modo, en una especie de modelo de acción y ”experiencia piloto” de la Iglesia Católica con respecto a otras identidades cristianas y religiosas.

Por otro lado, el papa Francisco tiene la intención de conmemorar en Suecia los 500 años de la Reforma protestante, con el propósito de dar definitivamente por concluida la "teología de controversia", en la que nos hemos visto inmersos protestantes luteranos y católicos prácticamente durante todo este tiempo, y que nos ha impedido sacar las verdaderas conclusiones acerca de las causas y circunstancias de aquel evento de escisión de la iglesia y de sus antecedentes, para iniciar así un verdadero camino que nos lleve de nuevo a la comunión de los cristianos.

Y para contextualizar más aún la tesis de este post, debemos recordar que ya desde que el papa Francisco era arzobispo de Buenos Aires, él mismo promovía los encuentros CRECES entre los cristianos evangélicos y los católicos carismáticos, siendo, a juicio de todos los participantes, una fructífera experiencia.

Que las iglesias cristianas históricas, incluida la Iglesia Católica, están en decadencia, sobre todo en los países desarrollados, es una evidencia que a nadie se le escapa. Mientras tanto, sobre todo en Latinoamérica, Estados Unidos y algunos países de Asia, como Corea del Sur, los evangélicos no cesan de crecer, aportando un entusiasmo y un espíritu de renovación de la fe, que va aglutinando a más y más gente en esos países, en detrimento de la “religiones históricas”, que van perdiendo poco a poco adeptos. Por ejemplo, en Latinoamérica, desde 1995, la Iglesia Católica ha perdido fieles en casi todos los países, pasando del 80 al 67 por ciento de la población. Todos los informes resaltan el crecimiento evangélico paralelo a la pérdida de creyentes católicos. Es cierto que "pululan" muchas sectas evangélicas y pentecostales, algunas de las cuales pudiéramos considerar ‘dañinas” para la integridad moral, mental, espiritual ¡y financiera! de las personas y de las familias. Pero también hay algunas de ellas, además muy importantes, que son muy serias y muy a tener en cuenta desde el punto de vista católico, siendo lo fundamental de su mensaje, puliendo algunos matices doctrinales, perfectamente asumible por un católico.

Yo no creo en la solución ecuménica. Los trabajos ecuménicos pueden servir para pulir nuestras diferencias y acercar nuestros corazones y espíritus hacia la comunión. El padre Raniero Cantalamessa está haciendo un fenomenal trabajo de ecumenismo y acercamiento a nuestros hermanos evangélicos. Pero el ecumenismo no es la solución final. Tienen que quedar claras para todos ciertas premisas, sin las cuales no existirá verdadera comunión dentro de "la Iglesia".

La primera premisa que tendría que ser aceptada por todos, es el reconocimiento de la Iglesia Católica como la Iglesia fundada por Cristo. Hay muchos hermanos evangélicos que no saben de dónde vienen y ni cuál es su procedencia histórica. Creen que sus iglesias han sido fundadas por el mismo Cristo, igual que la Iglesia Católica. Esta simplemente sería una iglesia cristiana más nacida en los tiempos apostólicos que al final adquirió preeminencia sobre las demás iglesias cristianas. Ellos vendrían a ser los herederos de aquellas primeras iglesias cristianas “oprimidas” por la Iglesia cristiana Católica. Esta eclesiología no se la cree nadie, y además no está sustentada por los datos históricos. La Iglesia Católica es la única Iglesia fundada por Cristo. Esta es una premisa que tiene que ser aceptada por todos.

Pero hay alguna otra premisa, y muy importante, que todos debemos aceptar. Con el devenir de la historia y muy relacionado con el proceso de institucionalización y de vinculación estrecha entre "trono y altar", la Iglesia Católica, o mejor, la institución eclesiástica, se fue alejando del espíritu evangélico en sus miembros y en sus procedimientos ---pecados personales y pecados institucionales---, que desvirtuaron la idea original de Cristo. Esta situación se fue agravando más y más con el paso del tiempo, hasta convertirse en el caldo de cultivo de todas las desafecciones de la Iglesia Católica acontecidas a lo largo de la historia. Y este alejamiento progresivo de la institución eclesiástica del espíritu evangélico, afectó a los procedimientos eclesiásticos y al funcionamiento interno de la iglesia, sobre todo en lo que respecta a la promoción y elección de sus cuadros institucionales, como a la misma doctrina y sobre todo a la espiritualidad, que se tiñó de unos tonos sombríos de culpabilización, sometimiento y ritualismo que todavía perviven hoy en demasiadas conciencias.

Y este tono sombrío y decadente de la espiritualidad que padecemos no será superado, a mi juicio, con la influencia de luteranos o anglicanos o demás iglesias cristianas históricas, puesto que viven en el mismo proceso de decadencia. Éste tono negativista y de sometimiento sólo podrá ser “sanado”, con el pleno sentido espiritual y salvífico de la palabra, por una transfusión de una fe renovada y en redención, liberación, sanación, alabanza y acción de gracias al Señor, que hoy por hoy se vive en un alto grado en ciertos sectores de la Iglesia Católica y en bastantes sectores de las iglesias evangélicas serias.

Aceptando estas premisas por todas las partes, a mi juicio, y superada la fase ecuménica, la solución final vendría por crear estructuras de inclusión de los cristianos evangélicos dentro de la Iglesia Católica, los cuales aceptando la realidad de la Iglesia Católica como la Iglesia fundada por Cristo y su magisterio como el magisterio verdadero, pudieran, puliendo lo que haya que pulir de la doctrina por ambas partes, desarrollar y vivir en plenitud su vivencia espiritual y evangélica para gloria de Dios, salvación de los hombres, y bendición de la Iglesia, la única Iglesia querida ¡y rezada! por el mismo Señor.

Seamos coherentes con nuestra fe, tengamos un espíritu lejano al fanatismo y al “enroque” en nuestros propios esquemas “ideológicos”, abrámonos a la novedad del espíritu evangélico, y entremos en esta fase final en el proceso de comunión de todos los cristianos en una misma Iglesia bajo un solo Pastor.

Que el Señor nos ayude y nos bendiga con el don de la unidad de todos los cristianos.
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