¿Iglesia post-sacerdotal?


Que el sacerdocio está en crisis, y desde ya hace tiempo, no es ningún secreto. Y que la situación de los sacerdotes, y en especial de los pequeños sacerdotes, se está agravando en estos tiempos a pasos agigantados, tampoco es ningún secreto. El número de los sacerdotes que “tienen que dejar“ el ministerio no deja de aumentar. El que tenga ojos que vea.

Corolario inevitable. En plena fiesta de neolaicismo “cerca de la gente” que padecemos, alguien tiene que pagar la factura y lavar los platos. Y como siempre, les toca a los más débiles, en este caso a los sacerdotes, y en especial a los pequeños sacerdotes, indefensos e impotentes.

Y es que con este proceso de neoclericalización de los laicos (la institución no evangeliza, clericaliza), a todos los niveles, también a nivel parroquial (cuántos laicos amigos del párroco, e incluso pagados por él, canivalizan y bloquean la labor del pequeño sacerdote asignado a esa parroquia, con la connivencia del párroco, con las gravísimas consecuencias que tiene para este pequeño sacerdote esta situación institucionalizada de mobbing), el sacerdote, y en especial el pequeño sacerdote, se encuentra emparedado entre fuerzas convergentes que no dejan de presionarlo hasta asfixiarlo: Por una parte, están los laicos, que en vez de estar evangelizando en las calles se meten en las sacristías y en los despachos, impidiendo que los sacerdotes puedan ejercer su labor; y por otro lado, están los clérigos, que no dudan en sacrificar a los sacerdotes, en especial a los pequeños sacerdotes, porque ahora toca estar “cerca de la gente”, y por tanto “hay que dar entrada y participacion a los laicos en la organización de la Iglesia y de las parroquias...”. Y los sacerdotes, en especial los pequeños sacerdotes, debido a estas insufribles condiciones en su dedicación pastoral, tienen que abandonar el ministerio, impotentes e indefensos, y encima cargando con la culpa de “traicionar el ministerio”. Cornudos y apaleados. Y lo que es peor, traicionados por los suyos. “He aquí que os mando como ovejas en medio de lobos…”. Y de evangelizar, no se habla nada de nada...

Y es que la institución no evangeliza, no puede evangelizar. Evangelizan las personas. Y con sacerdotes reducidos a meros peones celebradores de ritos, los laicos huyendo a las sacristías y a los despachos boicoteando el trabajo pastoral de los sacerdotes, en especial de los pequeños sacerdotes, y la institución hipostática de poder eclesiástico inmutable, infalible, intocable, intachable, y demás atributos hipostáticos (que como “medallas” se ha ido autoimponiendo con el paso de los siglos), manteniendo el mismo entorno pastoral insufrible para el sacerdote, en especial para el pequeño sacerdote, y absolutamente estéril en cuanto a la evangelización, el futuro se presenta un poco incierto, por decirlo finamente...

La unción se presupone, no se alardea de ella ni se impone coactivamente. Hasta que la institución hipostática de poder eclesiástico deje de ser tal, y se convierta en la necesaria autoridad eclesial al servicio de todos, mientras los sacerdotes sigan siendo meros peones celebradores de ritos, expropiados de la autoridad sacerdotal que les corresponde por Voluntad divina (“y les dio autoridad...”), y se conviertan así en verdaderos apóstoles libres realizando el ministerio al que el Señor les envía, y mientras los laicos se sigan metiendo en la sacristías y en los despachos y no salgan definitivamente a evangelizar el mundo, como el Señor nos manda a todos, no haremos absolutamente nada útil e iremos de mal en peor...

Y a este paso, los sacerdotes acabarán desapareciendo, incluso después de haber adoptado todas las “soluciones” al problema habidas y por haber: Ordenación de hombres casados, mujeres, homosexuales, etc. Quedarán unos cuantos clérigos “cerca de la gente” (pero de lejitos...) a cargo de renombradas parroquias, reducidas a meros centros de celebración de ritos sociales.

Aunque, pensándolo bien... ¿no tendrá el Señor preparado otro modelo de sacerdocio, sacerdotes-pastores libres ofreciendo a sus comunidades lo mejor de sí mismos, siguiendo la llamada del Señor?

Ver, veremos, dijo un ciego...
Volver arriba