Enrique VIII y la Iglesia anglicana

Columna Social: Julián Moreno
19 sep 2007 - 17:35

Calificaba Luis Fernando Pérez Bustamante a la Iglesia Anglicana de juguete creado por un adultero rey, Enrique VIII. No me parece correcto atacar a los Anglicanos por un pasado deshonroso, los católicos tenemos otro mucho peor y debiera esto hacernos más humildes antes de atacar a los Anglicanos.

El rey Enrique VIII pidió en su tiempo lo que pidieron y exigieron a los Papas tantos y tantos reyes, y en numerables ocasiones estos accedieron a conceder el divorcio. Catalina de Aragón era la Viuda del hermano mayor de Enrique VIII (Arturo), Fernando el Católico impuso la condición de casar a Enrique con su hija para mantener la alianza contra Francia, y Enrique unos días antes de iniciar su reinado tuvo que tragar con un matrimonio desaconsejado por las autoridades religiosas de su época, incluido del papa Julio II.

Tras pasar dos décadas, el matrimonio con Catalina de Aragón no daba ningún heredero varón que asegurase la continuidad de la dinastía Tudor, por la cual se esforzó en mantener con guerras no queridas Enrique VII, y que trabajo le costó a Enrique VIII que Inglaterra aceptase en el trono a su familia. Inglaterra no quería una reina como heredera de la corona.

Ocurrió que entonces eran los tiempos de Carlos V de Alemania (y I de España), uno de los precursores de la mayor catástrofe económica que tuvo que soportar el pueblo de España, al que cargó abusivamente con impuestos para afrontar los debidos sobornos de su elección como emperador del Imperio Alemán. Carlos V fue una calamidad, y ante tal calamidad no es de extrañar la crisis religiosa europea a la cual el contribuyó, sin desearlo cabe destacar.

El emperador luchó por tener bajo su control al Papado, promovió la candidatura de Adriano de Utrecht convirtiéndolo en el Papa Adriano VI, tal vez fue una elección buena para la iglesia, pero fue puesto con la expresa idea de entenderse mejor con el papado. Mala suerte que un Papa prometedor murió repentinamente. Doblegó como mejor pudo al sucesor de Adriano IV, Clemente VII, el cual era un pusilánime y un cobarde, no quiso jamás convocar el tan pedido Concilio porque era hijo ilegítimo y creía que el concilio podría destituirle.

En estas circunstancias cuando Enrique VIII pide la nulidad matrimonial alegando que su matrimonio no era válido. El emperador Carlos V fuerza la voluntad de Clemente VII alegando la completa validez de un matrimonio puesto en duda, y al final consentido, por el propio Julio II. La idea de Carlos V era asegurar los derechos dinásticos de Maria Tudor (conocida después como la sanguinaria), que era hija Enrique y Catalina.

Ni que decir tiene que Enrique VIII vio como el Papado se había convertido en una marioneta de Carlos V. Y es en esos tiempos cuando se inician los problemas religiosos en Inglaterra cuando al ser excomulgado el rey, este decide poner bajo su control a toda la Iglesia de Inglaterra. Total, si el resto la controla Carlos V, el quiso controlar la suya.

Realmente el anglicanismo surge de un cisma político. El rey Enrique VIII quería conseguir un heredero varón, y así lo intento con la sucesión de esposas que tuvo. A dos las hizo asesinar (Ana Bolena y Catalina de Aragón), a otra ejecutar por infiel (Catalina Howard), a una la repudió (Ana de Cleves) ya que repentinamente su padre se volvió contra Carlos V (contra el que prefería no tener líos), una se le murió en el parto (Jane Seymour), y la última de sus esposas le sobrevivió (Catalina Parr).

Es tal vez el rey más absolutista que ha tenido Inglaterra, y aunque tanto a mí como a Luis Fernando nos cae de culo, yo prefiero no meterme con los anglicanos. Bastantes problemas están teniendo.

Respecto a sus divisiones internas, se debe a que ciertas medidas progresistas no pueden ser introducidas en tiempo record. Las cosas deben ir tomando su tiempo. Lamentablemente un obispo gay ha puesto en una situación de cisma a la Iglesia Anglicana. En mi opinión dicho obispo viendo el percal, debió negarse a aceptar el episcopado y evitarle así un gran problema a su Iglesia, pero primar sus intereses personales a los de su Iglesia es lo que ha llevado a esa papeleta a los anglicanos. Cuando una parte de la Iglesia pierde el respeto por la otra, las consecuencias son funestas, en el anglicanismo ya se ha visto, y en el catolicismo ya se ve lo que está pasando con la descristianización acelerada y promovida, sin querer, por Juan Pablo II.

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