Alberto San Juan: "La cúpula de la Iglesia española ha estado invariablemente junto al poder, por opresivo que pudiera ser"
El actor interpreta a Manuel, un cura pederasta, en 'La luz', la última película de Fernando Franco. "No conozco ningún caso de arrepentimiento público voluntario de un cura que haya abusado de menores. Es el único elemento de la película no basado en la realidad. Ojalá"
Alberto San Juan es Manuel, un cura pederasta que trata de enfrentarse con la realidad de sus abusos, y la reacción de la institución eclesiástica, en 'La luz', la última película dirigida por Fernando Franco y que desde hace unas semanas está en la cartelera. Un filme duro, en el que San Juan interpreta un personaje contenido, con contradicciones y muchos matices.
Hablamos con él sobre la construcción de su personaje ("Es una persona normal, no un monstruo, y eso es lo más aterrador. Y: su dolor es secundario. El único dolor que importa es el de las víctimas") , de la dignidad de las víctimas, de los abusos en el seno de la Iglesia y de la propia institución, sobre la que su diagnóstico es tumbativo: "La cúpula de la iglesia española ha estado invariablemente junto al poder, por opresivo que pudiera ser. Con dos periodos particularmente tenebrosos: su protagonismo en el genocidio ordenado por los reyes católicos contra judíos y aquellos a quienes denominaron moriscos. Y su apoyo al golpe fascista contra la democracia del 36 y, después, su complicidad total con la dictadura franquista que hundió este país en una oscuridad cuyas sombras aún se proyectan".
Pregunta. El tuyo es un personaje muy contenido, que expresa más por lo que trata de no sacar al exterior que por lo que transmite en sus expresiones. ¿Como se trabaja esto?
Respuesta. Bueno, Manuel es una persona que vive oculta. Lo que yo considero que él siente es que "su verdad", lo que le define -haber abusado sexualmente de niños- ha de permanecer en la oscuridad. Podría mentir siendo una persona extrovertida y expansiva, pero creo que su tristeza es demasiado profunda para eso. Solo enfriándose emocionalmente puede sobrevivir. Todo cambia cuando conoce las consecuencias de sus actos. Entonces, el trabajo, como actor, sería ocultar lo que le pasa al personaje. Esto tiene el peligro de no transmitir, resultar plano. Es el riesgo.
P. ¿Te has inspirado en algún ejemplo de sacerdote real, o es un compendio de varios?
R. He leído testimonios de curas que han abusado de niños y los he visto y he escuchado en los pocos documentales en que alguno de ellos aparece. No me he inspirado en ninguno en concreto.
P. Debe ser difícil entrar en la mente de un pederasta. Y en este caso, de un abusador arrepentido. En ocasiones, el espectador acaba empatizando con el personaje. ¿Hasta qué punto eso fue un riesgo?
R. Yo trabajé el arrepentimiento que verbaliza en un principio como algo instrumental, no sincero. Luego, eso cambia. Pero lo que yo decida trabajar como actor no es algo que necesariamente reciba así el espectador. Una vez terminada la película, el personaje se independiza de mi y se convierte en lo que cada espectador intérprete viéndolo. Para mi, ahora, Manuel es un misterio. Era muy importante para Fernando, Merry, para mí, que provocara o no Manuel empatia, en ningún caso eso rebajase la gravedad de lo que él mismo describe como "atrocidades irreparables". Fer [el director] me dio dos pautas principales. Es una persona normal, no un monstruo, y eso es lo más aterrador. Y: su dolor es secundario. El único dolor que importa es el de las víctimas.
P. Un cura que después de autoinculparse comienza una cruzada contra la propia institución. ¿Has encontrado algún caso real en esa línea? Porque sí que resulta descorazonador ver el encubrimiento sistemático de la Iglesia, que también refleja la película
R. No conozco ningún caso de arrepentimiento público voluntario de un cura que haya abusado de menores. Es el único elemento de la película no basado en la realidad. Ojalá.
P. ¿Cuál ha sido el papel de la sociedad, la política o los medios en este escándalo?
R. Bueno, no es casual que Fernando, que además de dirigir la película es autor del guión, decida que sean dos nazarenos quienes agreden al cura arrepentido. No se les ve criticar a la jerarquía católica por la inacción y el el encubrimiento, agreden a quien lo denuncia. En el caso maristas, la asociación de familias de alumnos machacó a las familias que denunciaron. Y no es un caso aislado, el de esta reacción. Algunos medios han colaborado y siguen colaborando con el encubrimiento limitando la dimensión institucional del crimen y afirmando que la iglesia, hoy, ya está haciendo todo lo posible para reparar y prevenir. Esto no es cierto. Otros medios, concretamente El país a través de los periodistas Julio Núñez e Iñigo Domínguez, han sido clave para dar a conocer este asunto y provocar movimientos en la Iglesia y el Estado.
P. ¿Con qué esperas que salgan los espectadores del cine?
R. Con ganas de conversar a partir de lo que han visto en la película
P. ¿Cuál es tu mirada sobre la Iglesia española?
R. La reacción social más positiva para enfrentar los abusos (que se conozca su dimensión estructural histórica, se repare en lo posible y se impida la reparación) es la de los supervivientes de abusos en el ámbito de la iglesia, organizados en asociaciones. Precisamente aquellos a quienes el papa ha decidido no recibir en su visita a España. Los obispos españoles lo justificaron diciendo que "el tiempo es limitado" y que el problema es grave pero no era "la prioridad " en esta visita. Creo que estas declaraciones se comentan por si mismas. La espiritualidad de cada cual ha de ser respetada y protegida, pero la Iglesia es una institución de poder histórica y como tal debe ser analizada. Siempre ha habido curas que, en coherencia con los evangelios, se han situado junto a los oprimidos. Pero la cúpula de la iglesia española ha estado invariablemente junto al poder, por opresivo que pudiera ser. Con dos periodos particularmente tenebrosos: su protagonismo en el genocidio ordenado por los reyes católicos contra judíos y aquellos a quienes denominaron moriscos. Y su apoyo al golpe fascista contra la democracia del 36 y, después, su complicidad total con la dictadura franquista que hundió este país en una oscuridad cuyas sombras aún se proyectan. Jamás he oido una autocritica al respecto por parte de un presidente de la Conferencia episcopal. Si ha ocurrido, por favor, cuéntamelo.
