EL AMOR SIEMPRE DA VIDA

“El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal «no se agota dentro de la pareja […] Los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre” (Amoris laetitia, papa Francisco n. 165),

“Nuestro amor ha resistido el tiempo porque está hecho de paciencia, ternura y fe.

No tiene final, porque no termina nunca, y te volvería a escoger en cada vida, en cada historia, en cada amanecer. A tu lado aprendí que el amor no es perfecto pero puede ser eterno” (Marianita y Enrique en 50 años de Matriminio).

Mariana Y Enrique
Mariana Y Enrique | Justicia Y Paz

En estos días en  Justicia y Paz Ecuador vivimos un acontecimiento muy profundo:  una celebración muy triste, pero a la vez llena de fe, esperanza y amor. Dos de nuestros miembros, Enrique y Marianita, celebraban sus bodas de oro matrimoniales, cincuenta años de amor en familia, pero con la sombra de un final muy doloroso, ella se encontraba en la última fase de una cruel enfermedad terminal que concluyó dos días después.

Resulta paradójico hablar de celebración con criterios exclusivamente humanos, daban gracias al Señor por los cincuenta años de convivencia amorosa, a la vez que sentían la pena por la inminente separación y pérdida. La eucaristía de acción de gracias fue seguida por las celebraciones del encuentro de Marianita con el Señor luego de dos días, manifestaciones llenas de sentimientos encontrados y una profunda fe y esperanza.

En estos hechos palpamos la revelación del amor de Dios en Marianita y Enrique, no una mera coincidencia, sino una acción de la providencia divina que, de alguna manera, nos habla también a nosotros.

Reflexionemos sobre el matrimonio desde la realidad actual y el mensaje del papa Francisco en la exhortación apostólica Amoris laetitia. No se trata aquí de desconocer y mucho menos de polemizar sobre la dura realidad de muchas parejas que por distintas circunstancias se rompen, separan o divorcian, tampoco sobre las nuevas modalidades de “matrimonios” que actualmente son ya admitidas en muchos países en su legislación. Son normas legales que buscan regular una convivencia social que no genere exclusión o marginación por religión, cultura, ideología u orientación sexual. La iglesia actualmente ha abierto las puertas a las personas divorciadas que se han vuelto a casar y tampoco condena sin más las relaciones homosexuales.

Podemos comprender estas realidades, pero no transigir con aquellas que se basan en la cosificación y explotación sexual de personas, en el abuso, la pedofilia o pederastia, signos de una sociedad marcada por el consumo de cuerpos de seres humanos, por la pornografía o el egoísmo que busca un placer ilimitado y vacío.

A través de los siglos en diferentes culturas permanecen ritos, costumbres y prácticas para las uniones sentimentales, sexuales, matrimoniales y divorcios. Para el Estado el matrimonio es fundamentalmente un contrato que, de acuerdo con las circunstancias, puede deshacerse según las leyes. Ya lo señalaba el Señor: “Por la dureza de vuestro corazón, Moisés les permitió repudiar a sus mujeres” (Mt 19. 8), pero antes establecía: “Desde el comienzo los hizo varón y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne” (Mt, 19, 5-6 y Gen, 2,24).

Para nosotros el matrimonio es un sacramento y liga a la pareja con los hijos en la familia que es imagen de Dios, Comunidad de Amor. Un amor donde la mujer y el hombre crean una comunidad, en unidad, con libertad, iguales derechos y deberes, proyectándose hacia los hijos y el resto de la sociedad, que disfruta de su unión y atracción mutua, vive las alegrías y supera los problemas y las angustias de la existencia. Siembra y cultiva principios y valores morales y éticos.

La partida de Marianita nos deja un profundo vacío, pero su ejemplo, marcado por la alegría, el servicio, la generosidad y el optimismo, iluminará el caminar de muchos matrimonios que viven el amor de Dios . En los espacios de reflexión que compartió  forjó una fe comprometida con la justicia social, la equidad y la dignidad humana, inspirada en el Evangelio. Su vida estuvo marcada por acciones concretas de solidaridad con los más necesitados, acompañando a enfermos, presos y comunidades campesinas. Su fe, su amor y sus convicciones se reflejaban en lo cotidiano, un testimonio vivo evidenciado en el compromiso de transformar la fe en justicia, esperanza y dignidad.

Nuestros amigos Marianita y Enrique en su 50 aniversario nos dejaron este mensaje que ahora les compartimos: A tu lado, cada día ha valido la pena. El amor verdadero existe y cuando se comparte la vida junto a la persona amada, la felicidad es mucho mayor. Y este tipo de amor no se encuentra, se construye día a día, porque no es suerte, es amor trabajando con el corazón”. Son un ejemplo para nosotros, durante 50 años ellos caminaron juntos con amor y eso nos conforta.

Justicia Y Paz

Para nosotros el matrimonio es un sacramento y liga a la pareja con los hijos en la familia que es imagen de Dios, Comunidad de Amor. Un amor donde la mujer y el hombre crean una comunidad, en unidad, con libertad, iguales derechos y deberes, proyectándose hacia los hijos y el resto de la sociedad, que disfruta de su unión y atracción mutua, vive las alegrías y supera los problemas y las angustias de la existencia. Siembra y cultiva principios y valores morales y éticos”.

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