Diálogo de saberes: El equilibrio es una forma de vida, un camino alternativo
En este tiempo de crisis y decadencia de la civilización occidental, el reencuentro con nuestras raíces originarias abre caminos alternativos para el futuro
"Las culturas, las tradiciones y la espiritualidad deben ser protegidas en su diversidad: la búsqueda del diálogo, la justicia y la paz favorece la gestión de los recursos de forma coordinada, para responder a los urgentes desafíos que afectan a la casa común y a la familia de los pueblos" (Papa Francisco).
América Latina es, a la vez, extremo Occidente y territorio de culturas originarias. En nuestra región conviven -no sin tensiones- estos saberes, dando lugar a una sobreposición de culturas. En esta complejidad reside nuestra originalidad y posibilidad para encontrar un lugar en el nuevo orden mundial, construir la unidad en la diversidad, el doble cuidado de la Casa Común, de la biodiversidad de la naturaleza como de la diversidad cultural.
El “diálogo de saberes” es un proceso comunicativo y pedagógico en el que diferentes formas de conocimiento (científico, académico, ancestral, popular, campesino…) se encuentran en condiciones de igualdad para abordar problemas comunes, para generar una convivencia humana en equilibrio, reconociendo la riqueza de la diversidad cultural y los diferentes modos de entender el mundo. Nace de la ética del reconocimiento de la diversidad cultural, la variedad de cosmovisiones y los distintos modos de habitar el mundo, implica construir puentes de respecto, escucha y complementariedad, para alcanzar el equilibrio, la horizontalidad que beneficien a toda la comunidad humana.
Sin embargo, el triunfo de la modernidad capitalista, siglo XVI y XVII, impuso una visión occidental judeocristiana, que desvalorizó y negó los saberes de los pueblos originarios, pero este proceso de colonización, sostenido en el racismo, la exclusión, no pertenece solo al pasado, continúan reproduciéndose bajo nuevas formas en nuestro tiempo.
A pesar de ello, los pueblos originarios han resistido y han logrado conservar formas propias de conocimiento y de vida. Hoy podemos reconocer la existencia de una Alta Cultura Andina, entendida como un sistema de conocimientos y prácticas que puede entrar en un diálogo horizontal, entre iguales, con los aportes de la ciencia y la tecnología de Occidente, en los diversos campos.
En este tiempo de crisis y decadencia de la civilización occidental, el reencuentro con nuestras raíces originarias abre caminos alternativos para el futuro. Desde la cosmovisión andina, el ciclo vital atraviesa por cuatro fases: la creación; el nacimiento; el crecimiento y la muerte, concebida no como el final, sino como el retorno al origen sagrado. Vida y muerte no se oponen, se complementan.
El equilibrio, fundamental en la cultura ancestral, es una forma de vida que está en relación con la naturaleza, con la familia, con los vecinos, con las montañas, con todo. Nada es subordinado, no hay jerarquización, no se dividen los conocimientos, son circulares. Hay una comprensión holística de la salud, la educación, la investigación, el medioambiente… Los saberes están bien articulados, son una unidad.
Esta visión expresa también en una comprensión holística de la salud y la medicina. El ser humano es parte de la Pacha Macha, nace y vive en el seno, conectado con el cosmos y con la comunidad en cuerpo, mente, corazón y espíritu. La enfermedad surge cuando se rompe alguno de estos equilibrios.
La salud intercultural es un enfoque que reconoce, valora y articula la diversidad cultural y los conocimientos tradicionales de los pueblos y nacionalidades indígenas, afroecuatorianos y montubios con el sistema de salud convencional. En el Ecuador, este enfoque tiene un sólido respaldo jurídico: La Constitución reconoce el carácter plurinacional e intercultural del Estado y la Ley Orgánica de Salud incorpora la integración de saberes y prácticas de las medicinas tradicionales y alternativas.
El diálogo de saberes en el campo de la salud puede convertirse en una puerta de esperanza frente a la grave crisis del sistema sanitario. La medicina tradicional con su enfoque integral puede fortalecer la prevención, la atención primaria, y el restablecimiento del equilibrio físico, mental, afectivo y espiritual de la persona.
Este camino exige abandonar lógicas coloniales y abrirse, con humildad, al diálogo intercultural y a la sabiduría ancestral. Implica defender territorios y derechos, sanar memorias heridas y acompañar procesos de resistencia y resiliencia. Cuidar la vida hoy es también reconocer el rostro de Dios en estas culturas y caminar junto a ellas desde un amor que repara, dignifica y restituye.
