NO ME CALLARÉ
“Más bien me gustaría alentar la continuación del diálogo por la paz, que las partes intenten poner todos los esfuerzos para promover la paz, alejar la amenaza de la guerra y que se respete el derecho internacional. Es muy importante que se proteja a los inocentes, como no ha ocurrido en varios lugares” (Papa León XIV)
La visita apostólica del Papa León XIV a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, del 13 al 23 de abril, constituye un signo claro y valiente en favor de la paz. Ningún pastor auténtico puede bendecir la guerra. Desde África, tierra herida y esperanzada, reafirmó la fe como un principio de convergencia, capaz de sostener la justicia, la solidaridad y la paz.
El Papa levantó su voz orientadora y firme. Hay momentos difíciles en que callar “sería cómplice” de la injusticia. Su palabra no esquivó los temas incómodos. Alzó la voz por los migrantes: “Ningún muro ni arancel detendrá la dignidad de quien huye del hambre o la guerra. Callar ante eso sería cómplice de una nueva esclavitud”.
Denunció con claridad el genocidio en Gaza y las lógicas de la militarización:
“Quien amenaza con ‘tomar’ Gaza o militarizar fronteras olvida que la verdadera seguridad nace de la justicia, no del miedo”. Y recordó con firmeza: “Podemos aprender a respetarnos, a vivir en armonía y a construir un mundo de paz”.
Trump le atacó: “El Papa León es débil ante el crimen y terrible para la Política Exterior... debería enfocarse en ser un Gran Papa, no un Político”. Leon XIV habló desde la hondura del Evangelio: “No somos políticos. No buscamos hacer política exterior. Pero el mensaje de ‘bienaventurados los pacificadores’ es un mensaje que el mundo necesita escuchar hoy”.
En su viaje a África añadió: “Si defender la vida de los inocentes y pedir justicia para los pobres es hacer política, entonces el Evangelio es un libro político. Seguiré hablando, no importa quién se ofenda…No necesitamos una comunicación estridente y contundente, sino una comunicación capaz de escuchar y de recoger las voces de los débiles que no tienen voz”.
El mensaje central del Papa promueve la paz ante las estrategias de guerra. “África conoce bien el precio de la guerra. Desde esta tierra que ha sufrido tanto, digo a los poderosos del mundo: no conviertan el siglo XXI en el cementerio de las civilizaciones. La paz no es una debilidad, es la máxima expresión del coraje." Y recalcó: “No podemos llamar 'paz' a una situación donde el 1% posee más que el 99% restante. El Evangelio nos exige indignarnos ante la indiferencia".
En el Congo, país en conflicto por el extractivismo minero dijo: “Vuestro cobalto y coltán no pueden seguir financiando guerras y teléfonos en el Norte mientras aquí entierran niños. No me callaré ante este saqueo”. Y en Kenia reafirmó: “No me callaré ante un sistema que ahoga a África para salvar a Wall Street”.
Estos mensajes son molestos, incómodos, incluso escandalosos, no solo para los poderosos, sino también para nosotros, los cristianos, cuando silenciamos el poder liberador del Evangelio y, a menudo, reducimos la fe a prácticas vacías.
Las palabras de León XIV, nos remiten a Jesús enfrentando la hipocresía de los fariseos: ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Mt 12:34) ¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo van a escapar del castigo del infierno?” (Mt 23:33). Cuando escuchamos el grito indignado de Jesús ante los mercaderes del templo: “Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración; pero ustedes la han hecho cueva de ladrones” (Mt 21:12-13).
León XIV asume el compromiso del “pacificador” en medio del poder de la muerte, de las guerras. Escuchar la voz del Papa es asumir nuestro compromiso como “pacificadores”, “indignarnos ante la indiferencia”.
León XIV no se queda en la denuncia, nos convoca a la acción concreta. "Invito a los ciudadanos de todos los países involucrados a contactar a las autoridades... para pedirles que trabajen por la paz". Nos llama a cumplir nuestra misión: “Se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de sus países. Por eso quiero animarles ¡No tengan miedo de anunciar y dar testimonio del Evangelio! ¡Sean ustedes los constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación!
No callar es hoy un acto de fe. No callar es un acto de justicia. No callar es el comienzo de la paz.
“ En su viaje a África añadió: “Si defender la vida de los inocentes y pedir justicia para los pobres es hacer política, entonces el Evangelio es un libro político. Seguiré hablando, no importa quién se ofenda…No necesitamos una comunicación estridente y contundente, sino una comunicación capaz de escuchar y de recoger las voces de los débiles que no tienen voz”... África conoce bien el precio de la guerra. Desde esta tierra que ha sufrido tanto, digo a los poderosos del mundo: no conviertan el siglo XXI en el cementerio de las civilizaciones. La paz no es una debilidad, es la máxima expresión del coraje." Y recalcó: “No podemos llamar 'paz' a una situación donde el 1% posee más que el 99% restante. El Evangelio nos exige indignarnos ante la indiferencia".