Terapia yoga para democracia agonizante
¿Revivirá el centro político en el siglo XXI?
El pseudocentro político en la UCI
La democracia agoniza y el centro (pseudo-centro?) político está en la UCI.
Ante el panorama internacional de auge “ultra”, siento tristeza por la impotencia de Europa para contrarrestar los fascismos trumpistas, putinistas o netanyahianos. Como europeo en Oriente y estudioso de lo humano más allá de Este y Oeste, sueño con utopías de recuperación para las democracias agonizantes.
Ante el panorama de desquiciamiento y crispación en el parlamento del estado español, me duele mi país. Como español residente en Japón experimento vergüenza ajena al escuchar transmisiones de debates en Madrid; sobre todo cuando amigos hispanistas me preguntan: ¿Qué está ocurriendo en su país? Reconozco que también en mi país, pero con especial crispación, la democracia agoniza y los partidos de centro ( pseudo centros?) se encuentran fagotizados por su necesidad de mendigar votos de los ultras de ambos extremos.
Mis buenos amigos hispanistas (que traducen a Unamuno, leen a Ortega y admiran a Zambrano) me siguen preguntando: ¿Votará usted por correo, a qué partido? Por supuesto que votaré, pero la decisión es difícil. Es fuerte la tentación del voto en blanco (la propuesta del Nobel portugués Saramago ...), pero no sería solución. Déjenme soñar con utopías, por ejemplo, con una posible victoria mayoritaria de un auténtico centro, ya sea centro derecha o centro izquierda, no me importa cuál de los dos, con tal de que recupere el auténtico centro y tenga libertad de espíritu para renunciar a todo condescender con ultras de uno u otro color (Además, ese centro debería tener la altura de miras que tenía, por poner un ejemplo, el socialista Mario Soares para decir que "la oposición también es gobierno" y por tanto capaz de coincidir en decisiones de estado...)...
Mi amigo hispanista sonríe a la japonesa diciendo: "sô desu née..." ánimo con don Quijote...
Bromas aparte, estoy convencido de la agonía de la democracia. Pero no soy politólogo, ni periodista, ni científico social. No estoy cualificado para el análisis político. Tan solo modestamente como estudioso del aprendizaje de lo humano (como decían Juan XXIII y Pablo VI) que persigue la pregunta filosófica por el futuro del animal vulnerable, me atrevo a diagnosticar: parlamentarios de todos los colores muestran síntomas de estar afectados por las dos patologías del yo, letales para la democracia y envenenadoras del diálogo y la convivencia. Esas dos patologías son: egoismo dominador y enemistad discriminadora
Patología del egoismo dominador: verse a sí mismo como centro del mundo y verlo todo desde la perspectiva del ego. Esta patología condiciona el pensamiento egocéntrico, autoengañada, autosuficiente.
Patología de la enemistad discriminadora. Ve al otro siempre como amenaza y enemigo. Esta patología condiciona el pensamiento dualista, “binario”, confrontador, exclusivista, etc...
Por cierto, estas dos patologías del yo las detectaron, siglos antes que los psicólogos modernos occidentales, los practicantes y pensadores de la tradición Yogacara. Vasubandhu (s.IV) nos interpela para desengañarnos de la percepción superficial del yo y de lo otro, que no existen tal como creemos percibirlos. Hay que despertar a la verdad de la unidad profunda que desmonta el pensamiento egocéntrico dominador y el pensamiento dualista discriminador (maniqueo, binario etc).
De eso pensaba escribir hoy y por eso titulé estas líneas como “terapia yoga”, pero me distraje, por culpa de la vergüenza ajena que me produce la agonía de la democracia en mi país y he acabado hablando en jerga electoralista.
Permítaseme seguir soñando con que aparezca de aquí a fin de noviembre alguna corriente, aunque sea minoritaria, que apueste por recuperar el auténtico centro que proporcione cuidados intensivos a la política actual (descentrada, desnortada y hasta disfórica...) y haga revivir a la democracia amenazada en el siglo XXI.