Conmemoran los 50 años de los inicios de la Vicaría de la Solidaridad

Con la Cantata de los Derechos Humanos de Esteban Gumucio

A cincuenta años de su creación, la Vicaría de la Solidaridad fue homenajeada a través de la Cantata de los Derechos Humanos, una obra que entrelaza fe, poesía y compromiso ético, recuperando la figura del sacerdote chileno Esteban Gumucio como testigo de una Iglesia al servicio de la dignidad humana

Presentación de la Cantata por los 50 años de Vicaría de la Solidaridad
Presentación de la Cantata por los 50 años de Vicaría de la Solidaridad

La Vicaría de la Solidaridad, una de las experiencias eclesiales más relevantes de defensa de los derechos humanos en América Latina durante el siglo XX, fue conmemorada con una obra artística en la Sala Antonio Varas del Teatro Nacional Chileno, el pasado 5 de enero de 2026. El acto, organizado por la Universidad de Chile junto a la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría, reunió a representantes del mundo académico, cultural, eclesial y a ex trabajadores de la Vicaría, poniendo en el centro del homenaje la poesía y la espiritualidad del sacerdote chileno Esteban Gumucio sscc.

La conmemoración se articuló a través de una nueva interpretación de la Cantata de los Derechos Humanos, obra emblemática que une música y palabra como expresión de memoria, denuncia y esperanza. La interpretación estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica Estudiantil de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y del grupo de música andina Tempo Sur, bajo la dirección de Miguel Ángel Castro, con declamación poética de la actriz y académica Annie Murath, marcando un hito al ser la primera mujer en asumir ese rol en la historia de la obra.

Vicaría de la Solidaridad

Creada el 1 de enero de 1976 por el cardenal Raúl Silva Henríquez, la Vicaría de la Solidaridad surgió en plena dictadura militar chilena como continuidad del Comité Pro Paz. Su misión fue clara: defender la dignidad humana frente a la represión estatal, ofreciendo asistencia jurídica, social y pastoral a miles de víctimas de persecución política, detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones y exilio.

Más allá de su acción inmediata, la Vicaría dejó un legado documental de enorme valor histórico y judicial, convirtiéndose en un referente internacional del compromiso de sectores de la Iglesia con los derechos humanos, incluso en contextos de alto riesgo institucional.

Esteban Gumucio: fe, poesía y compromiso profético

En este entramado histórico destaca la figura del padre Esteban Gumucio Vives, sacerdote de los Sagrados Corazones, poeta y testigo de una Iglesia comprometida con los pobres y los perseguidos. Su obra articula espiritualidad cristiana, sensibilidad social y lenguaje poético, entendiendo la palabra como forma de resistencia y consuelo en tiempos de violencia.

Gumucio no solo acompañó pastoralmente procesos de dolor y búsqueda de justicia, sino que supo traducir ese clamor en expresiones culturales capaces de atravesar generaciones. Su legado, hoy reconocido también en el ámbito eclesial mediante el proceso de canonización en curso, sigue interpelando a una Iglesia llamada a unir fe y justicia.

La Cantata de los Derechos Humanos

La Cantata de los Derechos Humanos fue concebida en 1978 como inauguración de un simposio internacional sobre derechos humanos realizado en Santiago, en plena dictadura. Con texto de Esteban Gumucio y música del compositor Alejandro Guarello, la obra fue estrenada en la Catedral Metropolitana y se transformó en un acto cultural de alto impacto simbólico en un contexto de censura y temor.

Más de cuatro décadas después, la Cantata sigue siendo una obra viva. Su reciente interpretación no responde solo a una conmemoración histórica, sino a la necesidad de reactivar la memoria como ejercicio ético, recordando que los derechos humanos no pertenecen al pasado, sino que siguen siendo una tarea urgente en sociedades marcadas por nuevas formas de exclusión y violencia.

La conmemoración de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad trasciende el caso chileno. Interpela a la comunidad internacional sobre el rol de las Iglesias, las universidades y el mundo cultural en la defensa de la dignidad humana. La conjunción de poesía, música y memoria muestra que los derechos humanos no se sostienen solo desde el derecho, sino también desde la cultura, la espiritualidad y el compromiso colectivo.

En tiempos de fragilidad democrática y retrocesos en derechos fundamentales, experiencias como esta recuerdan que la memoria no es un ejercicio nostálgico, sino una responsabilidad activa con el presente y el futuro.

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