Sencillos como palomas Cardenal, no pierda la sencillez

Acaban de elegirlo para este servicio de animar, aunar, primerear, junto a los demás obispos, a la Iglesia española y ahora que está en los medios y que todos buscan su perfil, yo prefiero quedarme con aquella experiencia sencilla y deseo que no pierda su sencillez…

El recuerdo de lo sencillo, del pensar y el sentir de este obispo

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omella Pepe

Repaso mis apuntes, mis escritos, y me encuentro con hilvanes de un día de encuentro entre los sacerdotes de las tres diócesis extremeñas, en el monasterio de Guadalupe. Allí nos animó en la fe y en el ministerio, Juan José Omella, que acaba de ser elegido para animar y primerear la conferencia episcopal española. Me trae gratos recuerdo aquel encuentro por la sencillez que mostró y la cercanía que tuvo. Por eso ahora que está en los medios y que todos buscan su perfil, yo prefiero quedarme con aquella experiencia sencilla y deseo que no pierda su sencillez…

Una mirada entrañable al mundo, sus esperanzas y dolores

Aquél día, en Guadalupe, Omella nos habló siguiendo las claves del Papa Francisco, propició elementos de contemplación y reflexión que son retos para el momento eclesial actual en medio de nuestra sociedad. Comenzó invitando a una mirada esperanzada sobre el mundo, dando cuenta de cómo la sociedad está en búsqueda, se siente dolida en todo lo que le produce infelicidad, y está abierta a cauces de reflexión y de revisión de vida que lleve a una profundidad que posibilite una vida mejor y más digna. Señaló elementos de esta cultura y esta inquietud en las que estamos llamados a estar atentos y disponibles: jóvenes que aceptan retos de interioridad y de novedad, conciencia de la situación de la mujer y la necesidad de valorar su ser y su hacer en nuestro hoy, la inquietud por lo desigual y por el dolor en muchos de los ciudadanos con ánimos de favorecer lo digno y humano en los más débiles de la tierra.

La fidelidad ha de ser creativa y renovadora

Ante esta realidad subrayó líneas de transformación estructural que han de nacer desde los propios espacios parroquiales en los que estamos, la llamada a ser  fieles y creativos al mismo tiempo. Es tiempo de sembrar más que de cosechar, no hemos sido llamados a ganar sino a fecundar la realidad, para eso nuestras estructuras han de ser de una acogida radical, de una presentación limpia del evangelio y de la persona de Cristo, de siembra permanente y gratuita, de celebraciones vivas y de vida encarnada,  abiertos a las problemáticas que hacen sufrir a las personas que nos rodean, presentes en la ciudad y sus ambientes, comprometidos en las cuestiones de orden social y en torno a la pobreza.

No hay fecundidad sin santidad, sin Cristo no podemos hacer nada

Omella, una vez señalados los restos estructurales sencillos a pie de parroquia para los sacerdotes, invitó, desde la última exhortación del Papa, a la santidad que ha de estar de fondo en el quehacer y ser del sacerdote para que su ministerio pueda ser fecundo. Habló de que la santidad ha de ser encontrada y sentida en la vida de lo diario y lo normal, en lo sencillo de las vidas de las gentes, donde el espíritu cada día va actuando y santificando. Para ello anotaba dos claves sencillas que autentifican la santidad: una que sea una santidad que no sea notada por los otros, como espectáculo, y otra que no sea creída por parte del que la ejerce. Invitaba a lo profundo y a lo auténtico, de aquellos que con naturalidad ofrecen y dan su vida, sin hacerse notar, pero dándose con radicalidad en el acompañamiento de vida y de encuentro con el propio pueblo al que se sirve. Esta santidad no es viable sino es en el encuentro profundo y radical con Jesucristo y su Palabra, como Jesús hacía con su Padre. Señaló que, sin apasionamiento por Cristo, la predicación y la acción queda vacía y no puede ser fecunda. Y animó a renovarse en la verdadera espiritualidad del bautismo y ministerial.

Sacerdotes diocesanos, al estilo de san Juan de Ávila, mirando al Maestro

Posteriormente presidió la Eucaristía, junto a los demás obispos extremeños, animando a ser pastores del pueblo en medio de la gente, compartiendo la vida diaria de los que forman parte de la comunidad parroquial a la que sirven los sacerdotes, y hacerlo con el espíritu de la misión y el compromiso de los que han sido elegidos por Dios, para este momento y esta causa, no dejarnos vencer por un cansancio que nace de la falta del amor y la confianza en Dios. Se nos ha mostrado en Jesucristo que no estamos llamados al éxito sino a vivir en la verdad, verdad que viene por la vida de la minoridad evangélica, como la presentan las parábolas de lo pequeño y profundo, de lo que se gesta sin gloria, pero se hace eterno, muriendo y resucitando. El gozo de un sacerdote no ha de ser su acción, sino la confianza en que Dios actúa y se hace eficaz, a su modo, a pesar de nuestra debilidad y pobreza. Hoy es tiempo para la fidelidad en lo pequeño y lo insignificante. Los sacerdotes aplaudieron y agradecieron la sencillez y cercanía de estas palabras y de esta invitación a caminar, tan llenas de ánimo y ternura, llena de anécdotas de vida.

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