Haced vosotros lo mismo... en memoria mia Jueves Santo: Liberación y encuentro en la comunidad y pan compartido

Nunca como hoy para poder comprender la pascua judía para salir de una situación de muerte y dolor, de pasión e ir a una tierra prometida. El paso del hombre viejo, contaminado y contagiado del pecado que destruye, al hombre nuevo en Cristo Jesús donde es posible la fraternidad y el amor, sabiendo que no nos defraudará aunque ahora nos toque pasar por el límite y el dolor. El amor nos liberará y nos llevará a la vida.

JUEVES SANTO: LA MESA DE LA FRATERNIDAD Y LA ENTREGA

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La semana santa de este año viene envuelta en un discurso y en una palabra que nos interpela a los cristianos profundamente: la palabra conexión y vinculación. Los analistas nos hablan de que las causas de esta fría desvinculación son culturales, financieras, económicas, políticas… pero hay quien habla de crisis de valores fundamentales, que pervierte el sistema desbancando a la humanidad de su dignidad y sometiéndola a la reducción finalista de puro objeto de uso y consumo, de productor y consumidor. Se grita la necesidad de una ecología integral, de la necesidad de recobrar el sentido de la “casa común”, de vincularnos con la fraternidad.
Jesús que sabía que iba a partir pronto para el Padre, que de él venía y a él debía volver, quiso celebrar la pascua con sus discípulos; la pascua es el recuerdo memorial de los judíos de su salida de Egipto, de su liberación del faraón que les tenía sometidos y no les dejaba vivir, eran objetos suyos, producto de su posesión. El faraón, como todos los sistemas faraónicos, sólo quería mantener su reinado a costa de lo que fuera, para ellos la vida era volver a empezar y dominar. Jesús celebra esta pascua anunciando su verdadero poder: no el de la fuerza del faraón sino la de la humildad y la misericordia del siervo de Yahvé. Nosotros, en este jueves santo, volvemos a entrar en el misterio del siervo de Yahvé, sabemos que la salvación no viene por el poder del faraón del mercado que rompe toda frontera para conseguir riqueza,s pero que hace murallas para que no se acerquen a él los pobres, a no ser que vengan a servirle y darle la vida a él. La salvación viene de aquél que se arremanga, se vincula entrañablemente, coge la toalla, se tira de rodillas al suelo y va lavando los pies de sus discípulos para enseñarles que han de hacer lo mismo que el maestro, servir y dar la vida, porque la salvación viene por la entrega desinteresada y amorosa, la que sale de las entrañas del hijo agradecido ante el Padre que sólo quiere hacer su voluntad y se une a la realidad con el amor divino. El padre tiene como arma para confundir a los fuertes a los que no cuentan en la vida y en la sociedad, él se hace fuerte en la debilidad. Por eso Jesús establece como memorial suyo las manos que parten el pan y sirven la copa de vino anunciando que El Dios de la vida está con nosotros y se entrega radicalmente sin pedir nada a cambio. Así se establece la clave sacerdotal de la existencia, la vida solo encuentra su sentido cuando se da a los demás.

Ahí está la verdad en la revolución del “lebrillo” en el que se lavan los pies de los cansados y los heridos de la historia. Los sociólogos cristianos nos lo dicen con claridad dónde está el verdadero Jueves Santo: la gran riqueza de nuestra sociedad es todo aquello que es verdaderamente gratuito y nace de la entrañas de los que se quieren: el cuidado y educación de los hijos, la relación entre hermanos, la atención a los padres mayores y deshechos, el trabajo diario, los impuestos pagados con honradez, la vecindad, las pequeñas empresas, la pensiones compartidas, los padres que auxilian a sus hijos en las hipotecas y en sus problemas económicos, las mujeres que cuidan de sus maridos aun cuando son alcohólicos y los animan a salir de ahí, las madres de los drogadictos.. y un largo etc. De lo diario que es lo que realmente construye el mundo y la sociedad. Cuántos lebrillos ocultos, insignificantes, pero fecundos y transformadores, de aquellos de los que no sabe su izquierda lo que hace su derecha. Todos somos fruto de la entrega y la generosidad de los que se nos han dado y nos han amado, sin ellos no seríamos nada, todos vivimos y respiramos en el clima de la familia, de la amistad y de la honradez… lo pregonamos a voces: “hay más bien que mal en el mundo”; hay más amor que odio. Hay muchos que están inclinados en la vida lavando pies: desde la familia, desde el trabajo y la profesión, desde la vecindad, la economía, la política, la educación, la sanidad, la empresa…” La mesa de la eucaristía nos llama a la verdadera justicia que se supera en la caridad; hoy como nunca en estos tiempos de crisis humana y ecológica, el Jueves Santo se vive en la capacidad de una austeridad que sana en el compartir a los que azotan las condiciones precarias y enfermizas de la humanidad y la naturaleza, y que sufren de un modo especial los más pobres.

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