LA MEMORIA DE TU MIRADA

Lo que no se olvida y se renueva...

La casa del pueblo, las raíces y los sentimientos profundos, el rincón y su butaca... la memoria de su mirada, para seguir viendo y sintiendo la vida.

'Un nosotros más grande': José Moreno
25 jul 2022 - 10:32

LA MEMORIA DE TU MIRADA

La columna
La columna

El verano posibilita la vuelta a la casa materna, la de las raíces, en ella me

silencio y no puedo no recordar madre, tu mirada, aquella de la que yo decía en

su ultimidad: “Tiene luz y brillo especial, entiende y escucha todo lo

que le llega, al mismo tiempo que dice y expresa lo que ella es y sigue

queriendo.” No sé si es canto u oración lo que emerge en mi interior al

recordar.

“Tu mirada, madre, me abarca y me sobrecoge, es sublime. En ella siento la

historia consumada de un ver diario, silencioso, a la vez que tierno, compasivo y

entregado. Se aúnan sentimientos y gritos, que acojo con una intensidad que

sigue fortaleciendo mi debilidad. En tu mirar continuo encontré el

agradecimiento profundo de lo gratuito, dándolo todo, te quedaste radicalmente

sin nada para dar vida.

Vi el reconocimiento de lo interno, que se hizo fuerte en la complicidad de los

que comprendieron el sentido y el signo de la vida, donde el tener y el hacer

quedaron obnubilados por un querer que no tiene más apoyo y fundamento que

las entrañas, las que se funden en únicas y originales como nunca se habían

sentido.

Y, desde las entrañas, mostrabas en tus ojos cansados tu flaqueza gozosa,

consciente de que aún nos enriquecías, y lo hacías con la nada de tu

dependencia y con tu corazón lleno de satisfacción y alegría al ver cómo éramos

contigo; vimos en tus niñas cristalinas el orgullo felicitante que nos hizo hijos

queridos de la buena madre, la que supo sacar lo mejor de su prole sin pedirlo,

mucho menos exigirlo.

Aún hoy, en esta lejanía de silencio, la visión recordada se hace sanante para mí

y me libera de muchos miedos, de muchas culpas, dolores y sentimientos, que se

enroscan en mi poquedad y quieren doblegarme en la dependencia; tú me haces

mucho más libre, a ti no te retuvo la quietud de tu cuerpo y de sus miembros. Tu

prisión fue plataforma de una libertad indescifrable, que solo es entendible en el

lenguaje de la cruz sencilla del carpintero; la de los dos maderos, hacia el cielo y

el nosotros, enraizado en la tierra pura.

Pero ese mirar recordado sería triste, o mi tristeza sería grande, si no te viera

hoy resucitada; nunca dejaste de tener risas, a veces carcajadas, y las tenías

cuando más faltan hacían y cuando menos razones había para tenerlas. Eras un

milagro y yo me sigo convirtiendo como el ciego del camino. Como un tesoro

guardé tus pupilas fijas, pero tuve que gritarlo, encontrando la fuerza del

resucitado en él; mientras más te apagabas, más fijabas tus pequeños ojos en

mí, más me clavabas en la esperanza y en el sentido, más fuerte me sentía, más

ganas tenía de vivirte y de vivir sin miedo.

Ahora en esta vuelta y silencio armonioso de la casa, deseo ser transparente

como tu mirada; con el riesgo asumido porque en ti no había temor y sí fuerza

abundante, cuando ya parecía que no eras nada, en la revolución de darlo todo,

en una trascendencia de la divinidad regalada que, en tu dolor y en tus

dolores, se hacía eternidad amada y gozo contenido. Así nos preparaste para irte

en aquella puesta de sol agradecida y silenciosa, que permanece, cerrando

suavemente tus párpados, sabiendo que te ibas para arribar a la alegría

completa y poder hacer que nosotros la recibamos, de una vez para siempre,

comulgando en tu mirada contemplativa, que ya está transfigurada en la

radicalidad del absoluto.”

José Moreno Losada

También te puede interesar

Lo último

stats