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En navidad, desde el amor herido
Hoy he visto llorar por amor, un corazón roto, herido, deseoso de amar más y mejor. Entregarlo todo para poder seguir amando y cuidando. Necesitado de perdón y novedad, de reconciliación y conquista, de lucha verdadera para rescatar lo más auténtico, lo verdadero, resistiendo a creer que no haya sido real lo vivido en clave de entrega y en la ilusión del vivir, aunque las noches hayan sido largas y los sueños indescifrables.
Cómo llegar al corazón de la persona amada para recrearla y reenamorar, cómo soñar la vida en la novedad, aceptando dificultades y renovando cuidados y ternura. La necesidad urgente de seguir fecundando el hogar, criando a los hijos, amándolos en sus límites que casi siempre son los nuestros, estableciendo alianzas de armonía en una tensión de crecimiento en paz, de dolores esponsales, paternos y filiales en la entrega de un credo amoroso y confiado en que es posible la vida más allá de las muertes y las heridas.
Hoy mi oración se inspira en tu llanto amoroso, en tu dolor de abandono, en tu deseo de familia, en la axiología del valor más alto, del que te ayuda a levantarte cada mañana y que ahora ves debilitarse con ansiedad y angustia. Hoy tu abrazo me ha sabido a divino, al Padre de todas las parábolas, al perdón más entrañable y al deseo más puro. Hoy he visto a tus hijos bajo el amor de los inocentes, a tu ser amado como necesitado de amor y cuidado en su desnortamiento, y a ti como buscador del faro que sin luz no desea ser alto, porque nada vale tanto como el vivir habitado y compartido en la comunión madura que está más allá del éxito y del bienestar, porque penetra las rendijas de lo herido para sanarlo y cicatrizar en un nuevo horizonte de espera y de ilusión fecunda.
Hoy sigo creyendo en el amor cuando tu llanto me habla de herida profunda y de lágrimas de duelo, sin tirar la toalla del amor entregado y defendido, aunque es de noche. Ojalá renazca y se restaure lo que fue celebrado como sagrado y como sacramento. Que la gracia del amor más absoluto traspase con su luz vuestra oscuridad y amanezcáis a la mañana del abrazo continuado y perpetuo. Te he visto en pañales en el pesebre de la soledad amorosa y pido que seas cubierto de la bondad de lo divino, y del abrazo sacramental porque el sueñas y luchas, aunque es de noche y te sientes muy pobre.
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