“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas." Pastores dabo vobis : ¿pastores y profetas?

Pastores dabo vobis : ¿pastores y profetas?
Pastores dabo vobis : ¿pastores y profetas? Jose Moreno Losada

Pastores y profetas, no son misiones distintas ni distantes en Jesús de Nazaret. Siempre me he preguntado por la singularidad profética de muchos obispos, algunos de origen español a los que he conocido,  -también religiosos y laicos- en los lugares de mayor dolor e injusticia. También en los sacerdotes, me interpela  a mi que lo soy desde esta orilla de la Europa del bienestar. ¿Qué sera eso de Pastores según el corazón de Dios? Pastores dabo vobis...

¿Pastores y profetas?

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas." El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre’’.

Pastores según el corazón de Dios: profetas de vida

La profecía verdadera en la historia, la del buen pastor que da la vida, parece que siempre va acompañada de persecución, exclusión y muerte. Curiosamente lo que se enfrenta a ella no es otra profecía que anuncie o denuncie sino más bien la defensa de otros intereses, normalmente más espurios como pueden ser el poder político, la riqueza, el placer, cuando no el capricho de poder mantener lo que deseamos por encima de la verdad y la justicia, aun siendo conscientes de lo injusto de la acción castigadora. Más llamativo cuando es la propia religión la que en defensa de ella misma y de su seguridad, desde los que quieren controlarla, no aceptan a aquellos  pastores y profetas que buscan las raíces más puras y la fuente verdadera de la que mana. Las adherencias de los intereses de un tipo u otro se unen fuertemente para evitar las profecías que vienen con el deseo de la purificación.

Pastor y profeta

monseñor-aguirre

Al hilo de este evangelio me llama la atención la dimensión profética que ha de tener la Iglesia en todos sus bautizados y con mucha más razón en todos sus pastores. Recuerdo un libro que leía hace algún tiempo y que hoy traigo aquí como hecho de vida de un pastor que ejerciendo su ministerio ha sido profeta. Solamente releer el título me seduce: "Sólo soy la voz de mi pueblo". Cada una de sus hojas presenta el legado de Juan José Aguirre Muñoz, el obispo de Bangassou (República Centroafricana). En su lectura, descubro los elementos esenciales a los que aspira como pastor de su iglesia en medio del pueblo, y siento esta dimensión profética que está dispuesta a dar la vida con los que sufren por los poderosos y las injusticias.

Descubro que, para Monseñor Aguirre, es fundamental-según leo su testimonio personal y vivo- el dejarse hacer por Dios en medio del pueblo, entendiendo que no es él el que tiene un modelo de pastoral preestablecido para aplicar a la realidad, sino que, en medio de ella -encarnándose-, va descubriendo lo que Dios le manifiesta y quiere de él y de su pueblo; de ahí, contadas en primera persona, nacen sus actuaciones y proyectos pastorales. Eso supone ser un hombre de Dios que digiere evangelio y vida al mismo tiempo, que se sitúa más en la mística que en la ética, más en la contemplación que en la exigencia, más en la misericordia que en el juicio.

Otro dato que me interpela es lo humano de su relación, tanto para con las comunidades como para con los pobres y débiles, sean o no cristianos, así como con los agentes de misión, religiosos y sacerdotes, sabiéndose un misionero más que comparte tarea de evangelización en una corresponsabilidad presidida y fraternizada a la vez. Me seduce su visión de la realidad desde la buena noticia y la esperanza. Estando como estaba, en medio de la muerte y la miseria, descubre rasgos de esperanza y ánimo en los destruidos, en los detalles pequeños de gente destrozada que no se rinde y combate la desesperanza, creyendo que volverán a la esperanza algún día y que hay que caminar hacia ella. Desde ahí, no ha hecho otra cosa que anunciar el Evangelio, celebrar la vida y creer que el hombre destrozado, que se entrega en el pan y el vino de la crucifixión injusta y sangrienta, es el que resucita haciendo un pueblo nuevo y una sociedad de hermanos. Un reino de justicia, paz y verdad. Y todo ello amasado de buena doctrina, de celebración cristiana de los sacramentos, de iniciación a la fe y de comunidades organizadas en su pequeñez para seguir evangelizando aun en medio de la pobreza más absoluta del mundo.

En mi diócesis en este momento estamos a la espera de la designación de un nuevo arzobispo, un nuevo pastor. Personalmente, me llama la atención que pueda haber sentimientos de inquietud y de temor ante la elección de un posible obispo. No tiene sentido si lo que se va a hacer es aquello que, según la Iglesia, el Concilio Vaticano II y el propio Papa Francisco, debe hacerse al elegir un pastor bueno para el pueblo cristiano. La cuestión central debe ser qué es un obispo y para qué sirve en la diócesis. Esta respuesta será luminosa, incluso, para poder soñar y desear -orar y pedirlo con fe, decimos los creyentes- un pastor verdadero para nuestro pueblo cristiano. Hoy necesitamos pastores según el corazón de Dios, Él nos los ha prometido con el profeta.

Sacerdotes, profetas y reyes, desde Dios

Nuestro Dios se ha mostrado como servidor de la humanidad en la historia, consagrando y bendiciendo a un pueblo para que fuera luz de todas las naciones, se ha entregado sin descanso para que tuvieran caminos de esperanza en medio del desierto y la dificultad. Se ha hecho profecía desde los sentimientos afectados de alguien que no es indiferente, sino uña y carne de los que sufren y quedan rotos por la dinámica de los que se apoderan de la vida de los débiles.  El reinado de Dios se ha ido desvelando así por caminos que no son de este mundo, pero que se adentran en él llegando hasta los últimos.

Jesús ha ido descubriendo en su relación con el Padre y con el pueblo, a la luz de la historia de la salvación, las entrañas de esa trinidad sacerdotal, profética y regia. Esa economía de salvación que se hace transversal en todo lo que Yahvé va decidiendo y actuando. Por eso él se nos da como plenitud de la profecía, encarnada y desnuda, que ejerce un sacerdocio de lavatorio de pies y que es rey de un reino de justicia y de verdad. El culmina la línea profética que viene por toda la historia y que se abre ante él en la figura de Juan Bautista martirizado, puerta de lo definitivo, del cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Será Jesús de Nazaret el profeta por antonomasia de toda la humanidad y la creación. En él se hace radical y eterna la profecía del amor y la novedad salvífica del reino.

La profecía de Cristo asume todas la persecuciones y martirios de los crucificados de la humanidad, nada le es ajeno del dolor humano de los inocentes. Se enfrenta desde la cruz ante el juicio del mundo con la sentencia definitiva de la resurrección y la vida dada por el Padre en su Espíritu resucitado. Ahora ya no hay miedo a la muerte, ya es tiempo de libertad y de verdad, porque vencerá la justicia y la vida sobre la injusticia y la destrucción. La raíz de la profecía se ejerce en la libertad frente al miedo con el que opera la injusticia y la opresión, la dinámica de muerte que se apodera del mundo y lo pervierte.

La iglesia que tiene miedo, por razones mundanas, no es la iglesia del reino de Jesús. El bautismo y todo ministerio que se asienta sobre él, se hace verdadero en la libertad del evangelio que profetiza la verdad de un reino de amor y de justicia que ya está llegando y que espera plenitud. Allí donde un cristiano ejerce la libertad que nace del evangelio de Jesús resucitado, allí está la verdadera profecía y el auténtico anuncio que se convierta en denuncia del mal y el dolor que ejerce el pecado. ¡Señor, danos pastores según tu corazón ¡

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