Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
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La virgen se llamaba María...
Somos torpes y necios para entender las escrituras. Todavía no hemos comprendido la grandeza de la salvación que nos llega por la mujer. Volvemos a celebrar a María, ahora en su inmaculada concepción, ella mujer de la historia involucrada como nadie en el ser de Cristo y en su obra, imposible comprenderla sin su conexión con el creador hecho criatura y donación crucificada, para siendo exaltado convertirse en enseña de la victoria sobre todo mal y sobre todo pecado. La gracia y la salvación nos vienen en el cauce de lo femenino, no hay salvación sino es por el camino de la fidelidad de esta mujer que se abre a la gracia del salvador y se hace puerto de entrada y de salida para el que viene a salvarnos. Sí, la plenitud de la gracia que se impone sobre el pecado se manifiesta en una mujer tan sencilla como fiel, ella la recibe agradecida, su alma proclama la grandeza del Señor. Ahora el pecado está acabado, lo hambrientos se colman de bienes y los ricos son despedidos vacíos, por su pecado de abundancia no materna ni generosa. Ahora es posible tejer redes de familiaridad y comunidad, porque la madre nos da al Hijo. Bendita maternidad de María que nos trasciende al sentido materno de Dios que nos salva desde la feminidad más fecunda de la historia, la que genera el principio de la fraternidad.
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