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JOSÉ: SILENCIO Y DECISIÓN
(Dos claves para este tiempo de confinamiento)
Llevamos algunos días reconciliándonos con un modo de vivir alejado de lo rutinario y lo cotidiano en nuestras vidas. Algo que suele ocurrir a muchas personas en su vida sin esperarlo por motivos muy distintos: económicos, familiares, de salud. Otras veces, por decisión personal, se hace parón en la vida y se cambia de rumbo radicalmente, así lo he visto en jóvenes en el convento de Talavera para la contemplación. Lo nuevo de estos días es que toda la sociedad está en cuarentena y todos estamos invitados a quedarnos en casa. Se trata de un silencio de las prisas, del quehacer, de la multiplicidad de ocupaciones, de las relaciones sociales, del consumo, hasta del trabajo.
El criterio es no contagiarnos ni contagiar, como evitar lo exterior, pero la realidad es que algo se está moviendo internamente en todos cuando nos adentramos en ese otro modo de vivir no calculado. E inmediatamente se empieza a escuchar otras dimensiones de la realidad que siempre han estado ahí, pero que teníamos más calladas y que ahora se nos ponen en bandeja para reconocerlas y revivirlas. Casi nada es nuevo, lo nuevo es el parón y las posibilidades que nos ofrece. Si entramos en lo profundo, en nuestra habitación, en nuestro interior, si miramos con profundidad nuestra realidad, los que nos rodean y contemplamos lo que estamos viviendo y cómo estamos viviendo. Si nos abrimos a la realidad del mundo y a lo que viene ocurriendo en él, en las últimas décadas, si hacemos todo esto, entonces el espíritu nos lanzará a discernir, a saber cribar, valorar, juzgar, sopesar… y, desde ahí, nos invitará a optar, a decidir.
La pregunta en estos días es clave: ¿en qué y cómo queremos gastar nuestra vida? ¿Dónde está nuestro sentido y nuestro horizonte? ¿Qué es lo que realmente vale la pena? ¿de quien dependemos? ¿qué postura quiero ante el mundo? ¿Quién soy yo? Y en clave de Evangelio: “donde está tu tesoro, allí está tu corazón… ¿de qué te vale ganar el mundo entero si pierdes la vida?”
Creíamos que estábamos en lo alto del éxito en la torre de Babel y ahora tiemblan los cimientos, porque somos puro barro en la debilidad de lo común y de lo universal. Ahora sólo aplaudimos la bondad y el riesgo, el compromiso y la entrega. A todos aquellos que no hablan, pero en el silencio se arriesgan por los demás y se atreven a lo que no tiene precio, dispuestos a perder, pero amando y en coherencia con el bien-ser de su profesión, su familia, su ciudadanía, su vecindad… Ahora es el momento de mirar a José de Nazaret y entender a qué nos invita su sencillez hecha silencio y decisión en la dificultad. Cuando la lógica es corazón entregado. Miremos lo sencillo de esta humanidad de aldea, trabajo, enamoramiento y familia.
El silencio y la decisión, José se descubre ante la humanidad con dos claves que hoy han de ser fundamentales en la construcción de nuestras personas. Él es un hombre de silencio profundo, silencio que hace posible el sueño y la escucha de un sentimiento de bondad que le lleva a tomar una decisión fuerte, comprometedora y dificultosa, compartir su vida con María aceptándola en su situación, comprometiéndose con ella, aceptar la paternidad, como protección y cuidado del hijo esperado. El riesgo de ser entregándose y amando, sin las lógicas del mundo y del vecindario. Otro modo de vivir y entender todo, incluidas las leyes, lo humano en el centro, caiga quien caiga.
Decidir desde el silencio que profundiza en la realidad y tiene en cuenta todos los elementos y circunstancias desde la perspectiva de salvar a las personas y no hundirlas, aunque la tarea sea de dificultad y de contradicción. Es un reto para el hombre creyente abrirse a la realidad en el verdadero silencio de lo trascendente, para mirar la vida con claves de bondad, para no rehuirla ni esconderse ante ella. Esa mirada siempre será de riesgo, aventura, también de dolor y angustia, incluso de persecución, pero no faltará la bendición y la protección del Padre Bueno, que nos hace buenos y nos pide nuestra colaboración. Aprendamos del silencio y el discernimiento de san José.
Ojalá nuestro confinamiento, provocado por esta pandemia inesperada, sea para el silencio y la decisión en las claves de este hombre de aldea y de evangelio. Ahora es el momento de acoger la vida, la humanidad, de comulgar con ella y adentrarnos en el riesgo de lo auténtico y de lo más original, de lo que tiene un valor no calculable en lo que realmente merece la pena gastar la vida: “Ser para los demás, desde el silencio y la decisión comprometida de cada día, en el camino de la vida y ante todas las situaciones de debilidad y desamparo con un criterio de verdad y entrega”. Ahí hay profesionales que están siendo referentes del silencio y la decisión, los hay en todos los campos y áreas, ahora se necesitan esos políticos de la verdad y lo común, ahí están los que trabajan por los vulnerables y pobres, no faltan los voluntarios de lo pequeño y de lo grande a favor de los más débiles y de la organización. Ahí están las señales ante el coronavirus, ahora sólo que entendamos como el humilde y sencillo José lo que le puso palabras el apóstol Pablo: "A los que aman, todo les sirve para el bien".
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