Él presenta otro modo de comer, de sentarse a la mesa, de compartir.
El banquete de la vida que hermana
Él presenta otro modo de comer, de sentarse a la mesa, de compartir.
DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Mateo 22,1-14 (o 22,1-10)
En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
–El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda». Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis convidadlos a la boda». Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Manolo, cooperador en el salón del banquete
El texto evangélico me traslada a la persona, figura, genio y carácter de Manolo Méndez, amigo y hermano de muchas experiencias y celebraciones compartidas. La última hace unos días en el pueblo de Guadajira, celebrando la jornada de la comunidad en la fiesta del Corpus. Le pido que nos relate este hecho de vida en su relación con los «banquetes».
Manolo Méndez me cuenta su ser y hacer ...
Me llamo Manuel, padre de tres hijas, casado con Loly; soy de Puebla de la Calzada, un pueblo de Badajoz de no muchos habitantes, pero muy activo socialmente; esto seguro que se debe a los tres colegios que siempre tuvo el pueblo, dos religiosos y uno público.
Yo soy antiguo alumno salesiano en uno de los colegios en el pueblo. Ahí aprendí que no hay mayor satisfacción que ayudar a los demás; pertenezco a un grupo de salesianos cooperadores, nos hemos encargado durante muchos años de preparar en los veranos los campamentos juveniles, también en Navidades y Semana Santa. Los fines de semana teníamos grupos que venían a hacer sus actividades y nosotros les ayudábamos en la cocina. Siempre dispuestos a ayudar a los jóvenes y favorecer su alegría.
Formo parte también de una asociación gastronómica y ayudamos al ayuntamiento en todos los eventos que podemos; todo esto nos lleva a estar largos fines de semana a veces quitándole el tiempo a nuestras familias, pero todo altruistamente, no pedimos ninguna retribución ni nada a cambio, todo lo hacemos por dedicación a los demás, para ayudar a los que lo necesiten: grupos de pensionistas, colegios, antiguos alumnos, etc. En mi humilde opinión, esto es debido a lo que nos enseñaron mis hermanos salesianos, tener la gran satisfacción de prestarte a ayudar siempre a los demás, sentirse necesario y hacer las cosas como nos decía nuestro padre san Juan Bosco: darse a los demás y estar siempre alegres.
La mesa siempre está puesta para los demás, que no falte el pan a nadie, todos somos iguales y todos necesitamos de todos, es nuestra ley de cristianos.
Gracias a todo esto y a mi fe me mantengo servicial. En el servicio y la comunión he conocido a gente de toda España y del extranjero, trabajando por todo tipo de causas, como sensibilización hacia enfermedades raras, por el cáncer recaudando dinero para su estudio, trabajando por las misiones para la construcción de edificios en países necesitados y para recaudar dinero de parroquias, haciendo paellas solidarias, calderetas, migas. Con un equipo de gente desinteresada que da su tiempo y trabajo por personas necesitadas.
Lo último que hemos organizado ha sido una cata de jamón para comida compartida y gazpacho para hacer una fiesta y reunir a todos los feligreses de la parroquia en Guadajira, coincidiendo con la festividad del Corpus Christi; fue un día de comunidad y fraternidad precioso. Ahora estamos embarcados en ayudar sobre todo a los emigrantes, que necesitan más cariño, acogida y compañía que otras personas; con el paso del tiempo te das cuenta de cómo son las personas y cómo agradecen todo lo que haces por ellas; el tesoro de la amistad y el cariño se lleva por dentro; es cierto que a mucha gente no vuelves a verla, pero llevas a todos en el corazón y quedas marcado por la mesa de la fraternidad universal, esto nos sabe a reino de Dios.
Dios, pan y mesa compartida
Impresiona contemplar la conexión entre creación y salvación. Todo lo creado está llamado a la comunión, una corriente de amor entre lo divino, lo humano y lo natural. El paraíso no era lugar, sino el modo de relación de plenitud al que estamos llamados y para el que fuimos creados, para un nosotros sin ningún límite ni muro. Es el pecado el que rompe esa armonía y se introduce en la historia emponzoñando el corazón del hombre, adentrándose en un miedo que le hace egoísta e individuo frente a su sentido y ser comunitario.
Frente al pecado y la ruptura que genera injusticia y desigualdad está la historia de la salvación, en la que el Señor va prometiendo y comprometiéndose en la justicia y la dignidad. Anuncia espacios de comunión y de compartir en la riqueza de la naturaleza para vivir como hermanos en la alegría del festín y del banquete.
Jesús de Nazaret, fiel a la profecía, marca su vida desde la sencillez, lo oculto y su vida pública desde la comida que anuncia y denuncia. Anuncia el amor de la inclusión y la alegría de la fraternidad en el perdón y la reconciliación, sentándose con todos e invitando a todos. Denuncia a los que con sus comidas separan y excluyen. Él presenta otro modo de comer, de sentarse a la mesa, de compartir.
El oficio de partir el pan, convocar a la mesa, sentarse juntos, es divino. Jesús de Nazaret nos ha invitado a hacer memoria viva de ese gesto que alumbra la vida y la fecunda en el camino de lo diario y se convierte en la esencia del existir y del ser. Si vivimos, no lo hacemos para nosotros mismos, sino para el Señor, en la vida y en la muerte estamos llamados a la comunidad, a la mesa compartida, al camino sinodal que nos lleva a la gloria de lo definitivo, donde el Reino se hará banquete de alegría y de felicidad sin límites. Dios se nos dará totalmente y no faltará nadie para que la unidad sea plena. Somos una familia y comemos el mismo pan de la vida.
La Iglesia hoy se siente llamada a seguir preparando la mesa y sirviendo el pan de la vida, y hacerlo en la liturgia, pero también en el compromiso de lo humano y de lo social. Hoy, cuando el hambre se utiliza como herramienta de guerra genocida, no puede faltar el grito y la denuncia de los creyentes, de los seguidores de Jesús, frente a la herejía de lo inhumano y de lo injusto. No tenemos ni podemos tener otra cultura que la del banquete universal, que acaba con todo muro y desnivel, que allana y provoca la alegría de la fiesta en la fraternidad frente al miedo.
Acordes encarnados:
68. LA BODA DEL REINO | A. Calvo & P. Monty
La boda del Reino
No hay mayor dicha que dar,
que tender la mano abierta,
ser abrigo en la tormenta,
ser consuelo en el pesar.
Caminar fuera del hogar,
largos días, sin lamento,
aunque el tiempo y el momento
se los robe a la familia,
es amor lo que vigila,
y es la entrega el fundamento.
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