Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
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Orando apostólica compartida
“Todo esto es para vuestro bien”
Pasar de la palabra al dolor en la incertidumbre de lo que está por llegar no debe ser fácil. Es lo que ya lleva tiempo experimentando mi compañero Leonardo y que ahora se hace de nuevo evidente ante la espera de un nuevo diagnostico en la enfermedad persistente y avanzada. En la mañana me abro a su compartir inspirado y me abro a la palabra hecha carne herida en su oración para orar con él.
Escucho en mi interior su marco de referencia paulino ante la debilidad:
“Todo es para vuestro bien”. Es una frase inspirada por el Espíritu a un Pablo que desde su experiencia va viendo como su cuerpo se va desmoronando de tantas palizas, hambre, noches sin dormir, y lo que también ha ido viendo de la persecución a los cristianos, el que también los persiguió, pero alcanzado por Cristo resucitado su vida dio un giro de 180 grados. Predica a un Cristo crucificado.
Entrar en el dolor con los sentimientos del Cristo crucificado para poder vivirlo y entenderlo en el orden del bien y para los hermanos. Un dolor cristificado y entregado, vivido en el amor. Contemplar el sufrimiento con trascendencia y acogerlo en la misericordia, en una luz tenue que sólo ayuda a vislumbrar lo que ahora no se puede ver y nos somete a la incertidumbre de la vulnerabilidad. “Señor, sólo tú tienes esa sabiduría del dolor para el bien. Solo tú puedes darla a los que te la piden y te buscan. Haznos discípulos tuyos en el dolor y en el sufrir. Ayúdanos a saber entrar en la escuela del dolor para el mayor bien, para la mayor unión contigo y el mayor servicio a los hermanos, aunque sea de noche y nuestras carnes tiemblen.”
¿A quién mirar y acogerse en la noche oscura de la incertidumbre dolorosa?
Era Pablo quien también nos hablaba de mirar a Cristo y tener los ojos fijos en él, para seguir adelante en la carrera, para dejarnos alcanzar por Él. Siento como este hermano en sus palabras no hace otra cosa que dejarse mirar por Cristo, para poder mirarlo él y verse a sí mismo en un camino de renovación interior purificado por la lucha en el dolor de la enfermedad, acogiéndola en la vivencia personal, familiar, comunitaria y apostólica.
“Estos días miro a una imagen de un Cristo que tengo en una pequeña capilla en casa. Y antes de acostarme muchas noches pienso en el calvario con la esperanza de la resurrección. Mi cuerpo se va desmoronando cada vez más. Experimento, además, lo que también dice Pablo: “Nuestro interior se va renovando”. Al menos creo que el mío se va renovando.”
Renovarnos en toda ocasión, dejando a Dios hacer en nosotros el hombre nuevo que sueña y para el que nos ha creado. Un nuevo interior para un ser nuevo. Siento que es el horizonte abierto para todo ser humano que se encuentra con la gracia de Cristo, el crucificado que ha resucitado y nos ha hecho nuevo para siempre. Descubro la grandeza de la fe cuando escucho a este hermano el cuidado que desea tener para que este momento sea de gracia y no perderla:
“La gracia de Dios intento que no caiga en saco roto. Esperando noticias que también puedan prepararme para una nueva etapa no exenta de incertidumbre, pero de realismo. Espero decir “todo lo puedo en aquel que me conforta”. O esta expresión que me evoca mucho: “En mi debilidad me haces fuerte”.”
Mi petición se hace oración desde su deseo profundo de ser fuerte en la debilidad y esperar poder ser confortado en el amor de Cristo. “Señor, danos tu amor verdadero, el que resiste y acoge la debilidad como lugar de encuentro y salvación. Rompe en nosotros el miedo al compromiso y a la entrega, que el dolor no nos separe de ti y de tu bondad confortadora, sino que nos una a ti de un modo único, como tú te uniste con el Padre en la cruz sola y desnuda”.
Orando por la comunidad en el sufrir
Me sorprende gratamente como la oración y súplica de este hermano en el ministerio, no deja de ser apostólica en este momento y se abre a la comunidad regalada del Padre, su familia y a todos los que le quieren y a los que comparten camino pastoral con él. Los que le acompañarán en este valle ahora mismo incierto de dolor y enfermedad:
“Y en la debilidad de personas que comparten también conmigo mi debilidad y sus debilidades Dios nos hace fuertes. No solo pido por mí, pido también que Dios de fortaleza a los que quieren y pueden acompañarme en esta nueva etapa personal y pastoral”.
“Señor, llena de fortaleza a todos los que acompañan situaciones de dolor y a los que comparten tareas ministeriales y pastorales en todos los espacios y lugares donde habita el sufrimiento y la debilidad. Que la fraternidad siempre traspase la debilidad y el dolor de los hermanos, que todos sepamos estar a punto para cuidarnos y servirnos en la alegría y en la esperanza, sabiendo que el dolor solo se consuela con el amor.”
Gracias por los que aman desde el dolor
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