Cuaresma, conversión a la ecología integral Por el cambio climático, Señor ten piedad¡

Desde la Delegación episcopal para el Ecumenismo y el Diálogo Interreligioso y la ecología integral  proponemos avanzar en el sentido profundo de conversión en el camino del cuidado de la casa común. Lo haremos con un vídeo semanal durante esta Cuaresma marcada por la pandemia en la que los cristianos nos tenemos que llenar de esperanza. Iremos avanzando por las grandes problemáticas que afectan a nuestro mundo, de la mano de Laudato si. En este sentido, quieren armar una red, en la que los cristianos seamos nudos para sensibilizarnos de esta Ecología Integral 

POR LA CASA COMÚN.  (Cuaresma, conversión hacia la ecología integral)

Por el cuidado del clima. Te rogamos óyenos.

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Respirar o no respirar no es una cuestión opcional, se trata de vida o de muerte, y tiene que ver directamente con el clima. El cambio climático “es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafía actuales para la humanidad.”  Este problema es nuestro problema, no podemos dejarlo en manos de poderosos y gerentes económicos, porque los que tienen más recursos o poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas. Sabemos que son millones y millones de seres humanos los que sufren y mueren bajo el grito de la naturaleza en la herida del cambio climático. Faltan reacciones eficaces y sinceras ante este mal, se ha perdido el sentido de responsabilidad moral ante esta herida y sus dolores de muerte y pobreza. El dolor del clima es un signo de agonía y de gravedad moral.

Nosotros, como ciudadanos y creyentes, no podemos ocultar nuestras cabezas bajo las alas, acabamos de recibir la ceniza del cambio, del deseo de escuchar la palabra de Dios. El fue el que fundó la tierra, el que vio todo lo que había hecho y manifestó que era muy bueno. Con generosidad y amor nos dio poder para dominar la tierra, pero con el encargo de labrarla y cuidarla. Nos llamó a ser responsables de la naturaleza y con ella del clima.

El padre y creador de todo nos dio sabiduría para adaptarnos a todos los climas y poder vivir y gozar con la bondad y fecundidad de cada uno de ellos, haciendo de la naturaleza un lugar plural, diverso, rico, amplio… El hombre engreído, quiso hacerse dios sin Dios, y creyó que podía hacer lo que quisiera con los climas, y ponerse por encima de ellos sin respeto. Así generó desequilibrio y destrucción, sobre todo para los más pobres y débiles del mundo.

Pero Jesús nos mostró el camino de la fraternidad y recuperó la clave de la armonía en la relación cosmos, hombre y Dios.  En él encontramos las claves de lo sencillo y de lo bondadoso, el camino del buen vivir que respeta y convive siendo parte de la naturaleza, como un proyecto querido y amado por Dios que hace salir su sol, su lluvia, su frio, su calor… sobre buenos y malos, con una generosidad sin límites. Él nos abrió camino de la fe que para las tempestades y encauza los vientos desordenados que destruyen lo humano. Él nos enseñó el camino de la austeridad, de la sobriedad, del compartir como lugar de vida y novedad.

Hoy se nos pide a nosotros recuperar el clima, respetarlo, convertirnos para reconciliar todo en el espíritu de la bondad natural y el bien de todos los hombres. No podemos seguir colaborando con el calentamiento global del planeta, atacando la casa común.

Señor, ayúdanos a ayunar de vivir frente al clima, de saber adecuarnos de un modo natural y sencillo al calor y al frío, sin pretender dominar sino encauzar. Que nuestra limosna sea en estos días saber abrigarnos naturalmente en invierno y refrescarnos con medidas naturales en el verano. Que sepamos crear climas, temperaturas naturales y cuidados en nuestro entorno familiar, laboral, lúdico, acordes con un planteamiento ecológico y de vida.  Que sepamos compartir la energía con los más pobres de la tierra y no seamos depredadores de lo universal. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

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