El césar y Dios: la iglesia y sus reverencias
Al César lo que es de todos, no; al César lo que le corresponda y cuando se lo gane, y al Dios de los creyentes pues lo demás: vivir, convivir, servir, amar, respetar, tolerar, ayudar…
Pregunta y respuesta
Dios se deja preguntar y Jesús se manifiesta abierto al diálogo. La pregunta, quizá no bienintencionada, se convierte en ocasión para el anuncio del mensaje de la verdad y la coherencia. No doblegarse ante nadie nada más que por amor.
DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
Mateo 22,15-21
En aquel tiempo se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos con unos partidarios de Herodes y le dijeron:
–Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
–Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. Le presentaron un denario. Él les preguntó:
–¿De quién son esta cara y esta inscripción? Le respondieron:
–Del César.
Entonces les replicó:
–Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
José Ricardo, un amigo en el que no hay engaño
A José Ricardo lo recuerdo desde los pupitres de la escuela y del colegio, antes de marcharme yo al seminario. Cercanía en la infancia, nunca me olvidé de él. Nos hemos encontrado muchas décadas después en una quedada de los que fuimos juntos a bachiller en el pueblo. Cada uno hemos hecho nuestra vida. Él ha luchado mucho y ha sido un gran maestro, con su gran esposa y sus hijos, nietos. Al reencontrarnos he descubierto en él un pensamiento crítico y sincero. Un hombre creyente social, como diría él. He querido escucharlo ante este texto, le he pedido que nos ayude a desentrañarlo desde su mirada y su experiencia vital. Lo ha hecho con generosidad y agrado, lo comparto alegremente con vosotros:
¿Qué es la Iglesia? Puede ser conjunto de personas que conviven en unas creencias y comparten ciertos ideales y objetivos. Creo que la Iglesia actual contempla la cercanía al otro; el hasta hace poco papa Francisco promovía acoger y servir al humilde, al desprotegido, al vulnerable, al indefenso, al pobre…, sin distanciarse tampoco del resto, que también puede aportar. No siempre ha sido así; sin ir más lejos, aquí, en nuestra tierra, no hace tanto, las reverencias iban más al poderoso y reflejaban una actitud de sumisión. Esto ha originado cierta desconfianza, rechazo y apartamiento del pueblo respecto a la jerarquía eclesiástica. Volver y recuperar la doctrina auténtica de Jesús no es tarea fácil cuando dependes de subvenciones de quien te sustenta; debes agradar a tu protector antes que pasar hambre. Por ello, la Iglesia debe intentar ser autosuficiente para evitar ser esclavo y servidor de quien te paga.
La Iglesia debe ser rebelde con todo y en todo momento, no conformarse con aplaudir la farsa del creyente de golpes de pecho, del que se acerca para sacar rédito y aparenta ser bueno, generoso y digno cuando te da una limosna. Vale más una moneda del pobre que cien del que puede y le sobra. Lo de «al César lo que es del César y a Dios…» tiene su contradicción. Al César lo que es de todos, no; al César lo que le corresponda y cuando se lo gane, y al Dios de los creyentes pues lo demás: vivir, convivir, servir, amar, respetar, tolerar, ayudar…
Todos somos creyentes de algo, sin duda, todos somos César y todos somos Dios, cada uno tenemos una parte que defendemos, dependiendo del compromiso social que hayamos adquirido. Creer en la persona, en la naturaleza, en la sociedad, en el otro, no es creer poco, para muchos, suficiente. Hay oficios de entrega especial hacia el otro, con la pretensión de mejorar la sociedad. Todo aquel que desempeña un oficio con la dignidad correcta, con el esfuerzo necesario, se convierte en un creyente en toda regla, especial y auténtico, aquel que mira por el otro y por el conjunto, aquel que se rebela contra las injusticias, aquel que siempre tiene algo que aportar y no abandona ese compromiso del que hablábamos antes.
¿Pretende la iglesia actual ese acercamiento? Muchos tienen ese compromiso, el cura de a pie lo cumple; y los de arriba, ¿tienen el mismo compromiso? Para que la Iglesia sea cercana tiene que acercarse, valga la redundancia, apoyar la tendencia progresista de servir y ayudar al otro, sobre todo al necesitado. Esperemos que la Iglesia cumpla y divulgue la doctrina de su Creador, no como tantas otras que no lo eran y han perjudicado tanto al pueblo como a la institución.
(José Ricardo Fernández Bozano)
Para ser libres nos liberó Cristo
Jesús no solo responde a la pregunta de lo que hay que darle al César, aprovecha el momento para sentenciar lo que «es de Dios». Él es el único Señor, el Absoluto, fuera de él no hay otro.
Ante este único Señor, todo lo demás debe ser relativizado. Lo de Dios compromete a toda la persona en todos los ámbitos de su vida.
Ante Dios, ninguna persona, ideología o autoridad política o autoridad eclesiástica puede ser considerada como Señor; para los cristianos no hay más que un solo Dios, el Padre, y un solo Señor, Jesucristo. Esta verdad no significa ningún menosprecio hacia los dirigentes políticos, algunos de ellos buenos colaboradores para la justicia y la verdad del Reino, creyentes o no. Tampoco menosprecio para ninguna autoridad eclesiástica, que siempre se debe entender, como firmaba el papa, «siervo de los siervos de Dios». Pero sin divinizar a nadie.
No es fácil vivir de esta manera y ser coherentes en libertad desde el absoluto divino, es necesario conquistar nuestra libertad en el camino del desierto, en peregrinación hacia la plenitud, que será don de Dios para nosotros. Ahora toca vivir en la tensión de lo auténtico y de lo verdaderamente libre, aunque sea en el riesgo de la pobreza y el exilio.
Acordes encarnados:
69. DADLE A DIOS LO SUYO | A. Calvo & P. Monty
Dale a Dios lo suyo
—¿De quién es la efigie que veis en la grey?
—Del César —le dicen, sin ver lo profundo.
Entonces responde, marcando el compás:
—Pues dadle al César lo que es de este mundo
¡y a Dios lo que es suyo, por siempre jamás!