Acogida y hogar de familia venezolana
Comunidad acogedora y misionera... Badajoz
Acogida y hogar de familia venezolana
UNA FAMILIA VENEZOLANA QUE ENCONTRÓ SU HOGAR EN BADAJOZ
Badajoz, España Febrero de 2026
A nuestra querida ciudad de Badajoz y a todas las personas que nos han tendido su mano:
Escribo estas palabras con el corazón lleno de gratitud y los ojos humedecidos por la emoción, Mi nombre es Hugo José, y junto a mi esposa María Elena, mi hijo Saúl y mi pequeña Soeh,
queremos expresar desde lo más profundo de nuestro ser el agradecimiento infinito que sentimos hacia esta tierra que nos ha acogido como a sus propios hijos.
Salimos de Venezuela con el dolor de dejar atrás todo lo que conocíamos: nuestra casa, nuestros padres, los amigos de toda la vida, los recuerdos de nuestra infancia, caminamos por países que
jamás imaginamos pisar, cruzamos fronteras con miedo en el corazón y esperanza en el alma. Hubo noches en que nuestros hijos preguntaban "papá, ¿Por qué no podemos volver a nuestro
país?" y yo no tenía respuesta, hubo momentos en que María Elena y yo nos mirábamos en silencio, preguntándonos si habíamos tomado la decisión correcta. Pero como dice el Salmo 23: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo." Y así fue. En cada paso difícil, sentimos una fuerza que nos empujaba a seguir adelante.
Cuando llegamos a Badajoz, con incertidumbre y miedo en el corazón, no esperábamos encontrar lo que encontramos, pero al llegar a puerto seguro en el tren y ver que nos recibía una comitiva de bienvenida encabezada por Dios, entendimos que habíamos llegado a una fortaleza de ángeles. Esperábamos un lugar donde sobrevivir; en cambio, encontramos un hogar donde vivir, esperábamos indiferencia; encontramos abrazos, esperábamos puertas cerradas; encontramos corazones abiertos. "Fui forastero, y me recogisteis" dice Mateo 25:35. Ustedes, queridos badajocenses, han hecho carne esas palabras cada día.
ACUIEX: Más que un trabajo, una familia
Dios puso en nuestro camino a la Fundación ACUIEX, y con ella, a personas que han transformado nuestra vida por completo, queremos agradecer de manera especial a Pablo
Ritore, su presidente, quien desde el primer día nos hizo sentir no como empleados, sino como familia. En ACUIEX no encontramos solo un trabajo; encontramos dignidad, propósito y la
certeza de que hay personas buenas que creen en dar oportunidades a quienes más lo necesitan.
ACUIEX y Grupo 7 nos han demostrado con hechos lo que significa el amor al prójimo, nos han tendido la mano sin pedir nada a cambio, nos han acompañado en los momentos difíciles y han
celebrado con nosotros cada pequeño logro. Como dice Proverbios 17:17: "En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia." Eso es exactamente lo que ACUIEX ha
sido para nosotros: hermanos en tiempo de angustia.
La iglesia: nuestra fortaleza espiritual
Y cuando el alma necesitaba refugio, Dios nos guio hacia la iglesia, que se convirtió en nuestra mayor fortaleza, entre sus paredes encontramos paz cuando todo parecía caos, encontramos hermanos en la fe que oraron con nosotros y por nosotros. Encontramos consuelo en la Palabra y fuerzas renovadas para cada nuevo día.
El Salmo 46:1 dice: "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones." La iglesia ha sido el lugar donde hemos experimentado esa verdad de manera
tangible. Allí nuestros hijos han crecido en fe, María Elena y yo hemos sanado heridas del camino, y como familia hemos aprendido a confiar cada vez más en los planes perfectos de Dios.
"No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir" nos recuerda 1 Corintios 10:13. Y en los momentos
más oscuros del camino, cuando sentíamos que no podíamos más, Dios puso a Badajoz, a ACUIEX y a nuestra iglesia como sus instrumentos de amor.
El milagro de cada día
Cada mañana, cuando abro la ventana de nuestro hogar y veo las calles tranquilas de esta ciudad, siento el milagro de la seguridad. Es un milagro que quienes nunca han tenido que huir
quizás no comprenden del todo: el milagro de dormir sin miedo, de que Saúl y Soeh jueguen en el parque sin preocupación, de caminar por la calle sin angustia. Como dice Jeremías 29:11:
"Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis."
Saúl ya tiene amigos españoles que lo invitan a jugar, y Soeh canta canciones que aprende en el colegio. Son pequeños milagros cotidianos que para nosotros significan todo.
"Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros" nos recuerda 1 Tesalonicenses 5:18. Y nosotros damos gracias. Damos gracias por ACUIEX y por Pablo Ritore.
Damos gracias por nuestra iglesia y nuestros hermanos en la fe. Damos gracias por cada gesto de bondad, por cada mano tendida, por cada palabra de aliento. Damos gracias por esta ciudad
que nos ha demostrado que la humanidad aún existe, que la solidaridad no es solo una palabra, que el amor al prójimo puede ser real y tangible.
Techo y esperanza
Badajoz no solo nos ha dado un techo; nos ha devuelto la esperanza en el ser humano, nos ha enseñado que más allá de las fronteras y las nacionalidades, hay algo que nos une como familia
humana, ustedes nos han tratado no como extraños, sino como hermanos.
Prometemos honrar este regalo cada día de nuestras vidas. Prometemos ser buenos vecinos, trabajadores honestos, ciudadanos comprometidos, prometemos que cuando algún día
tengamos la oportunidad de tender la mano a otro que llegue buscando refugio, lo haremos sin dudarlo, porque ustedes nos enseñaron cómo se hace.
Como dice el Salmo 126:5: "Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán." Sembramos con lágrimas durante el camino, pero hoy cosechamos con alegría en esta tierra bendita.
Gracias, Badajoz. Gracias, ACUIEX. Gracias, Pablo Ritore. Gracias a nuestra iglesia y a cada hermano que ha orado por nosotros. Gracias por ser nuestro milagro diario, Gracias por
demostrarnos que Dios obra a través de las personas buenas. Gracias por ser, para nosotros, la tierra prometida al final de nuestro largo éxodo.
Que Dios bendiga a cada uno de ustedes, a sus familias, a esta ciudad hermosa que ahora también es nuestra.
Con amor eterno y gratitud infinita.
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