Pisar la realidad de la muerte, hacerse cargo de ella y reconciliarse con la misma…cuando se despide un hermano
Ir a consolar y salir consolado. Gracias Nico¡
Pisar la realidad de la muerte, hacerse cargo de ella y reconciliarse con la misma…cuando se despide un hermano
Ir a consolar y salir consolado, gracias ¡
Hay momento de fe y de luz que brillan en medio de la cruz y la oscuridad. Hoy ha sido uno de ellos. Nos acaba de escribir mi compañero Nico Silos Montero para agradecer la presencia de los que lo hemos acompañado esta mañana en el funeral de su hermano único José, rodeado de sus sobrinos y su cuñada, con la ausencia de su madre ya mayor -93 años- que estaba ausente por sus limitaciones, aunque con su cabeza muy bien gracias a Dios, aunque hoy con el corazón roto por el hijo perdido. Así también está el ánimo de este compañero, junto a su familia. De modo inesperado, cuando dormía, José ha pasado de esta vida al Padre, en un suspiro anónimo, cuando en el día había hecho vida totalmente normal. Ha sido en este sentido un golpe que no ha avisado ni ha dado tiempo a asimilarlo y prepararse para él. Tengo que confesar que, al llegar esta mañana y encontrarme con él, lo vi muy emocionado, pero también muy sereno con paz. Me gustó verlo así. Después de la celebración en un abrazo en la sacristía le manifesté mi agradecimiento por la celebración que había presidido y por la homilía con la que realmente nos había iluminado y consolado. Él me agradeció, pero quiero dar cuenta de por qué le felicité. Estábamos allí para acompañarle y consolarle, lo que creo que hemos logrado, pero realmente él nos anunció el kerigma de la salvación encarnado en el momento y en el suceso que ellos están viviendo hoy mismo. Una lectura creyente y esperanzada digna de enmarque tanto por la sencillez como por la profundidad evangélica y teológica, allí creo que todos recibimos un anuncio de evangelio para salir tocados con los sentimientos de los discípulos de Emaús. Evangelio que fue proclamado tras la lectura esperanzada del apóstol Pablo a los romanos.
Las claves homiléticas estuvieron muy articuladas:
Punto de partida:
el momento que contrastaba la vida y la muerte, la familia había celebrado un día antes el nacimiento de una nueva criatura, de un angelito, y a las veinticuatro horas, el golpazo de una muerte súbita inesperada y temprana en la persona de José. El mismo contraluz de estar celebrando la octava de la luz y de la vida en la resurrección y tener que volver a la realidad cruda de un viernes santo que se impone con una cruz no esperada, con un calvario al que subir y en el que permanecer con tanto dolor.
El dolor para asumir:
En estos momentos no hay nada elaborado, todo está por hacer, no nos queda más remedio que pisar la realidad y entrar en ella sea como sea, mañana habrá que hacerse cargo de ella, tomar conciencia de esa realidad herida, y pasado mañana, futuro, reconciliarse con ella, para vivir en esa ausencia que se convierte en sacramento de la presencia amada de una vida y una historia que se hoy se ha hecho eterna y gloriosa.
Lo vivido:
El dolor no puede nublar el valor y la riqueza de la vida realizada en su historia. Desde infancia, filiación, hermanda, a su juventud enamorada, su matrimonio, la construcción de su familia, el acompañamiento en la vida de sus dos hijos, sus trabajos, sus relaciones, sus aficiones, incluida su reciente jubilación amada para adentrarse en el corazón de sus olivos y de su pueblo que es lo que amaba. Una riqueza insondable que habla de cómo ha sido enriquecido por Dios en su vida y cómo ha sido querido y acompañado por tantos. Como aquellos discípulos de Emaús hoy , confesaba Nico, contamos y analizamos lo que ha sido y es para nosotros, todo lo vivido y que ha merecido la pena. Pero que ahora cuando llegaba otra etapa con sus hijos ya criados, con personalidad y profesiones propias, con proyectos de pareja, con sus casas en el pueblo… de golpe llega esta separación y cruz. Puede darse sentimiento de derrota y fracaso. Pero es ahora cuando toca la fe.
Esperanza creyente:
Nos contaba Nico como en la mañana en conversación con su madre, comentando la situación y el dolor. Él le pedía que se agarrara a su fe sencilla de mujer fuerte. Ella ya ha vivido dolores y separaciones y ha sido fuerte, ha caminado y no ha desesperanzado nunca. Del mismo modo se dirigía a sus sobrinos y cuñada, a los demás familiares, ahora toca tener esperanza y saber que esta marcha es un adelanto para un encuentro definitivo, en el que todos nos abrazaremos desde lo vivido. Ha merecido la pena y toca estar abiertos a los signos del resucitado que nos hablan de esperanza y de que él está ya en la gloria del Padre, con mucho de los que aquí le quisieron y él mismo quiso. Ahora toca saber que él nos ayudará desde el cielo ante Dios Padre y le rogará por lo que más nos haga falta a cada uno.
Los signos del resucitado:
En la iluminación de la celebración quiso recoger los hechos de vida que desde que murió José ya estaban sintiendo, la gente que le rodeaba y estaban atentos a ellos con una ternura exquisita. Nos habló de cómo Jesús se unió al camino de los discípulos destrozados para acompañarlos con un gran cuidado y nos animó a ver el resucitado en todos los signos de cuidado que se dan en nuestra vida. Para él la presencia de un grupo grande de sacerdotes concelebrando le pacificaba y le alegraba, la familia grande y el pueblo que estaba allí a su lado sintiendo lo mismo que ellos, la comunidad parroquial de la Asunción de Villanueva, otras parroquias…gente venida de muy lejos para estar juntos en este momento, los compañeros de sus sobrinos… Para ellos este cuidado de acompañamiento era de consuelo y de vida frente a la muerte. No estamos solos, ante esta muerte sentimos un amor que es más fuerte que ella y que muestra la verdad del valor de una vida y de una despedida que tiene esperanza.
Algo nuestro ya es glorioso:
Me gustó especialmente esta iluminación teológica de resurrección en el hoy. El yo de una persona se realiza en el nosotros que lo rodea, todos somos de todos y todos tenemos algo de los demás. Hay algo de José en su madre, en su hermano, en su esposa, en sus hijos, en sus vecinos… hoy por la fe en Cristo resucitado en el que fue bautizado este hermano, creemos que ya es glorioso, Dios PADRE lo ha acogido en sus brazos y en su reino. Con él algo nuestro también ha sido glorificado y ha entrado en dicha gloria. En su victoria todos tenemos parte, porque es la de Cristo. Si él ha resucitado también resucitaremos y lo haremos en la resurrección gloriosa de toda la creación y de la humanidad. Es cierto que todo esto toca elaborarlo, rezarlo, asumirlo en la ausencia que tiene parte de dolor y de despedida. Pero sabemos que lo definitivo estará en la plenitud de la gloria para todos hacia donde caminamos. Qué importante no olvidar el horizonte de nuestras vidas y lo importante de cuidarnos y vivir en la comunión de los hermanos.
Estas fueron las claves que a mí me iban animando, y me emocionaba ver el aploma y la serenidad con las que anunciabas este kerigma en la carne propia de tu familia, dirigido a ti mismo, a tus seres más queridos y a todos los que te acompañábamos. Una celebración de calvario como tu decías, pero de también de tumba vacía y resucitada en un sentir de tabor que hacia claridad y luz desde el cirio pascual al corazón de todos los que asistíamos y queríamos abrazaros en una comunión de vida y afecto, frente al dolor de la muerte de este ser querido.
Gracias, Nico, por este momento de luz y de paz, en medio del dolor. Eres un buen sacerdote, sabes evangelizar desde el dolor y la cruz. Chapeau.
También te puede interesar
Pisar la realidad de la muerte, hacerse cargo de ella y reconciliarse con la misma…cuando se despide un hermano
Ir a consolar y salir consolado. Gracias Nico¡
Orar en y desde la vida en la universidad
El espíritu de una cátedra hoy
Morir amado: Miguel y Marisa
Hasta el último suspiro...querido y queriendo
Reflexión de un joven migrante creyente desde Badajoz
Jóvenes cristianos en política
Lo último