El amigo Fernando Allende "Sacerdote añoso"
Curas seculares: los de la sal y la luz.
El amigo Fernando Allende "Sacerdote añoso"
Laicos. Formación y acompañamiento
Me piden reflexión sobre la formación y el acompañamiento en mi ejercicio ministerial… pasado el primer momento, ese ejercicio que he tenido que hacer me ha venido bien pues me ha posibilitado reforzar el carácter secular de mi ser presbítero diocesano, así como moderar una cierta tristeza debido a una sensación de “fracaso pastoral” pues he redescubierto que he sido fiel a las lecturas que propuse para mi ordenación y a mi preocupación por vivir la “caridad pastoral” y que algo queda. Gracias.
Anécdotas. Estando en 1º de teología vino a mi cuarto Alberto Izquierdo y me preguntó si iba a solicitar las órdenes menores. Le dije que no, pues no veía sentido hacerlo si me iba a marchar a Madrid a estudiar. Y su respuesta fue más o menos, pues así mejor, pues si lo solicitabas no se te iba a conceder. Luego siendo formador pude por casualidad encontrar unas fichas de aquellos tiempos que me aclararon el asunto. En mi ficha ponía: tiene un espíritu muy aseglarado.
Una segunda anécdota. Estando en Arangoiti una noche vino a casa a cenar “Bepi” (Juan Antonio Bengoechea) con unos seminaristas. En la conversación uno de ellos comentó que para qué había que estudiar tanta teología para estar luego en un pueblo o en barrio con gente sencilla. Para mi fue una provocación: precisamente para estar con esta gente se necesita una mayor profundización en las cosas, un mayor estudio para hacerse comprensible, para armar su vida cristiana.
Estas anécdotas, como mi experiencia en la universidad en Madrid estudiando Ciencias Políticas y en un barrio marginal (Belmonte) fueron una auténtica provocación: los cristianos en la nueva situación sociocultural necesitaban, necesitábamos ser “armados” y así salir de un cierto complejo de inferioridad. Mi “saber” no podía ser para mí, era decisivo saber compartirlo, había que “socializar el saber”[1]. (en esta decisión luego sería capital tanto el trabajar con Javi Badiola en “apostolado seglar” como mi experiencia en la JEC), como con Rafa Belda en aquellas “catequesis sociales” con Ángel Toña y Javier Alonso… y, como se dice ahora, empoderar a los cristianos. En aquel tiempo casi no se hablaba de “el laicado”. Lo de el CLIM (Cristianos laicos Iglesia en el mundo) vendría más tarde… y al poco se metió en los cajones.
Diversos niveles y espacio de formación de laicado:
el catecumenado de adultos, los cursos deformación bíblica (desde la primitiva escuela en Deusto organizada por las catequistas de San Pedro, con Cari Mendaza en la organización, con Fernando Elorrieta y luego con Juan Antonio Bengoechea )… lo que se prosiguió en lo que ahora es la UP Errekarte, añadiendo el acompañamiento de los padres de la catequesis, desde la clave del segundo anuncio, lo que supuso la búsqueda y preparación de materiales para los encuentros y celebraciones… y un adentrarse en la Biblia.
diseñando cursos (y hasta escribiendo un libro: Guía básica de educación cívico-política), hasta terminar con “Sociología de la educación” como troncal y diversos seminarios: Europa, Educación para la ciudadanía, Teoría par la democracia., etc Y tratando de acompañar al profesorado de formas diversas
3.a. La JEC[3], uno de los movimientos de la AC especializada que intenté que desembocase en el Movimiento de Profesionales Cristianosque ahora alienta el incombustible Galo Bilbao… aunque sí formó personas que ahora siguen muy presentes en la vida social y eclesial. Preparar materiales y ejercitarse en la Revisión de Vida, El proyecto de vida militante, la articulación con las campañas, la lectura creyente de la realidad… como la participación en sesiones de estudio y asambleas… Espacios de calidad humana, religiosa y de compromiso en que se reforzó mi convicción personal de que el “saber es un instrumento para empoderar a los otros”, en el marco de aquel lema de la asamblea de Salamanca: “Que la pobreza no me sea indiferente”. Un espacio en que descubrí, di gracias y gocé –aunque también rabié[4]- con jóvenes y consiliarios de enorme calidad humana y cristiana. Un espacio que me hizo mantenerme en constante tensión y búsqueda.
3.b. En cuanto a una formación más digamos formal, regulada tendría que hacer referencia a dos ámbitos:
+ la Escuela para laicos que se organizó en los locales de la parroquia San Francisco Javier con Fernando Huarte, Ana Zugaza, Enrique Ordiales, Ramón Madarieta, Iñaki Villota,…..Fue un fogonazo de ilusión, de esperanza tanto por el interés de “los alumnos y alumnas”, como por los esfuerzos organizativos y de preparación de materiales por parte de un equipo se laicos. Era un clima en la que la gente venía con preguntas, con inquietudes… que había que sudar para responder… eran adultos
+ Recuerdo también con buen sabor de boca tanto la colaboración en dos actuaciones en la Vicaría II: la Escuela del CAPEJOTA potenciando agentes de pastoral y los grupos AMI (adultos margen izquierda), ambos por iniciativa de Román Bilbao. El primero en Portugalete y el segundo en Zorroza. Detectar las ganas de formarse de este laicado eran un estímulo genial. Los trabajos no pesaban.
+ La participación en los cursos de la diócesis del Servicio de Formación del laicado. Fueron los cursos 1-2-3 de los que realizamos dos tandas en Cruces con gentes de la actual Errekarte. Fue unespacio de encuentro, de diálogo, de búsqueda compartida, … con personas que luego, tras hacer un proyecto de pastoral bautismal asumieron la responsabilidad de dicha tarea. Es verdad que, aunque alguna hoy en día sigue implicada la sensación, y digo sensación pues no tengo datos, es que no conseguimos implicar a muchas de estas personas en tareas pastorales. Es algo que me duele profundamente. Y más si tenemos en cuenta que quienes participaron en estos procesos, que no han tenido continuidad, son personas que en estos momentos están la década de los sesenta sino setenta años. Es una frustración que no acabo de asumir, como el que no hayan cuajado entre nosotros los movimientos especializados de acción católica y la pastoral universitaria en una tierra donde se mueven 60.000 universitarios… No quisiera olvidar los tiempos en Apostolado seglar con Belén Rodero como aguijón.
Eran unos encuentros en que se vivía con alegría, en que surgieron buenas amistades, gente que se sintió liberada de formas religiosas un tanto opresivas. Se les abrieron horizontes. Como comprenderéis percibir y acompañar estos procesos era un regalo; había que trabajarlos pero merecía la pena. Algunas personas han sido “referentes pastorales” anónimos.
3. c. No quisiera olvidar dos líneas de trabajo que ofrecimos, desde el IDTP y Pastoral obrera. Una oferta de materiales a trabajar en los territorios en encuentros mensuales[5]. La primera fue una aproximación a los documentos del Vaticano II. Había visto que se hacía en unas diócesis francesas (Versalles y Angoulem). La propuesta con unos materiales fue acogida y mejorada por Angelmari Unzueta y Javier Oñate. Y al año siguiente la oferta fue de DSI. Creo recordar que Maite Valdivieso y Juan Mari Lechosa se implicaron. También fueron unos encuentros mensuales en las parroquias que quisieron. Fueron dos espacios ilusionantes: en primer lugar pues me hicieron revivir, estudiar los documentos, buscar una manera pedagógica de presentarlos pero sobre todo al ver el interés de los participantes y la ilusión al “descubrir” una visión de la Iglesia y de la misión que les ayudaba a reencontrarse a gusto en la misma.
4.c. Un espacio de formación no formal que me llevó a lugares como Radio Euskadi (qué mezcla de gracia y susto cuando me llamó Félix García Olano, otro empeñista, para participar en aquella tertulia plural, convencido de que sabría desenvolverme en ese ambiente secular) y, más tarde, a la tertulia de Radio Popular, de la que me he retirado este curso.
También tuve una época en la que participé en la prensa (Deia y El Correo) con más de 20 artículos de opinión que siempre buscaban tener un, digamos, tinte cristiano. Sin duda, lo vivía como una forma de formación cristiana.
En síntesis:
Trabajar en estos campos me ha supuesto siempre “estar al día” y no oler a incienso. Buscar un lenguaje correcto pero asequible. Descubrir un laicado con ganas de formarse, de renovar las visiones que tenía, de adecuarlas a las nuevas situaciones y hacerlo sin traumas sabiendo, como decía Mardones que hay que matar ciertos dioses para vivir el Evangelio como fuente de vida y esperanza. De acompañarlos en tratar de vivir una Iglesia viva, no clerical, de asumir su responsabilidad bautismal. Ha sido ocasión de descubrir una iglesia viva y encarnada.
Este trabajo con laicos y laicas es algo que debo agradecer: sus preguntas –que la mayor parte de las veces no habían sido respondidas en la facultad de teología- han sido un permanente acicate para reformular yo mismo mi fe y poder ayudarles a encontrar respuestas a sus preguntas. Reformular nuestra visión superando éticas prometeicas y descubriendo ese Dios Trinidad que nos ayuda a vivir de pie (como le ocurre a la mujer encorvada del evangelio) y así poder mirar al rostro del otro y descubrir los caminos de la vida tras Jesucristo y ser testigos nada acomplejados del Evangelio en nuestra sociedad
[1] Recuerdo ahora cómo en el examen de licenciatura en Ciencias Políticas me tocó desarrollar la cuestión del el intelectual en el movimiento obrero teniendo en cuenta las reflexiones de Gramsci.
[2] Cómo no recordar aquellos encuentros en Zorroza durante dos años con Longarte y Zubero… leyendo a González Carvajal
[3] Y los intentos de pastoral universitaria con alumnos y profesores…. Realidad que murió apenas nació. Nunca cuajó, ni encontró apoyo institucional… casi parecía “mi cosa”. No olvidaré aquel momento en que parecía cuajar la JEC con equipos en Arangoiti, el Salvador, Sestao, (2 equipos) Santuchu, Rekalde con dos equipos más uno de medias, Barakaldo, Ermua, así como dos en Guipuzcoa –uno en Donosti en torno a la parroquia de El Antiguo y otro en Hondarribi- así como otro de medias en Gasteiz con gente procedente de Junior. Con serias dificultades para entrar en la zona euskaldun. Momento en que la JEC pasó a llamarse EGIA
[4] Como todas las dificultades para que l JEC fuera aceptada en las zonas euskaldunes, o que desde la misma JEC entendiesen nuestra postura de colaboración sin integración (Hasta cambiar en nombre EGIA/JEC) para mantener el carácter federal de la JEC y facilitar nuestro encaje,
[5] La verdad es que, como casi siempre, no se evaluó la actuación.
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