Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
Dia del Corpus, día de la comunidad
Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
CORPUS CHRISTI
uan 6,51-58
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
–Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Disputaban los judíos entre sí:
–¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo:
–Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre, que vive, me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
La locura de la eucaristía
La eucaristía, la fiesta de los locos la nombró alguien por la radicalidad corporal de este sacramento en medio de la comunidad. Que Dios se haga pan del pueblo en su propio vivir y ser, es algo que escapa a todas las lógicas del mundo y que inaugura una nueva, la del puro amor. Así es Dios y así nos quiere.
Será nuestro día comunitario
La comunidad parroquial de San José Obrero de Guadajira hemos querido celebrar con todo el pueblo, así como con grupos y personas que a lo largo de estos meses nos han acompañado en actos y momentos muy significativos para todos nosotros. Y nada mejor que celebrarla y vivirla en este domingo, día del Corpus Christi, partiendo de lo que Jesús nos dijo: «El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, en mí permanece y yo en él» (Jn 6,56).
Ha sido una jornada intensa y profunda dando comienzo con el «Concierto de luz en el silencio», con su testimonio de vida que nos llegó al alma.
Continuamos con la eucaristía, muy profunda y participativa, compartiendo todo lo realizado a lo largo del curso tanto niños, jóvenes como mayores, en torno a nuestro altar, con la esperanza de seguir siendo luz y transmisores del Evangelio como seguidores de Jesús. La sencillez de una procesión por nuestras calles deseando una Iglesia en salida que sepa hacerse pan partido en medio de las casas y la vida de las familias.
Y como final el ágape, compartiendo lo que cada persona ha aportado con la alegría y fiesta, dando gracias a Dios por todo lo recibido de su infinito amor.
Por eso este día será el elegido para celebrar el día de nuestra comunidad cada año. Paz y
bien.
Con estas palabras sencillas recoge una feligresa la vivencia de la parroquia en este día de amor y de comunidad en torno a la eucaristía. Ese ideal primero que nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles en el que se dibuja la comunidad en el vivir de lo diario, pero traspasados por la comunión en lo más humano compartiendo y caminando a la luz de la Palabra de Dios y encontrándose en la fracción del pan. La presencia real y la verdadera adoración.
Adorar a Cristo en la eucaristía
La verdadera adoración a Cristo en el misterio de la eucaristía nos lleva a reconocerlo en el rostro de todos nuestros hermanos, especialmente en los más necesitados y crucificados de la historia. No podemos olvidar los creyentes que, en ese Pan bajado del cielo, precisamente ahí, está presente el Crucificado que ha resucitado. Necesitamos sagrario y vida, sin separarlos. Por tanto, no impidamos a Cristo estar realmente presente allí donde él quiere estar para llevar su Evangelio de dignidad, verdad y justicia. La presencia real de Cristo en la eucaristía nos está pidiendo entrar en el verdadero camino del amén cristiano, aquel que se verifica en la entrega radical a favor de los hermanos con el deseo que tengan vida abundante. Hoy como nunca, el reto está en que la presencia real de Cristo llegue como sanación, consuelo, verdad y libertad a todos los que sufren en el alma o en el cuerpo.
Celebrar la eucaristía es manifestar el deseo de entrar en ese amén divino y humano que nos ha sido regalado en Jesucristo, la conexión del amor de Dios con la humanidad a través de la sencillez del pan y el vino, convertidos en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Así, desde este pan consagrado es posible hacer creíble ante el mundo y los desheredados de la humanidad su presencia real en medio de la historia, ligada a la presencia real en la eucaristía.
En el pan glorioso del Resucitado está la fuerza que nos ayuda a proclamar que el inocente ajusticiado ha sido liberado para siempre y ya tiene alimento de vida eterna para todos, especialmente para los que sufren. Nos enseña, sin descanso, que es posible la justicia, la compasión y la misericordia; que no se impone la farsa de los mecanismos que desnudan al desnudo y despide vacíos a los hambrientos, y que hay una palabra definitiva de fraternidad y de pan compartido, que es imparable en la historia. Hay destino y sentido, hay un amén de la verdad, la vida y la luz. Por eso nos sentimos invitados al compromiso, sabiendo que así se mejora el mundo, un compromiso de realización que nos hace libres y esperanzados. Seamos pan partido en el Señor.
Acordes encarnados:
Día de la comunidad
44. DÍA DE LA COMUNIDAD | A. Calvo & P. Monty
¡Ven, ¡Señor, camina por mi calle!
Haz de mi casa tu altar y tu valle,
haz de mi pan un canto compartido,
haz de tu Cuerpo nuestro pan unido.
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