Del diálogo y las bombas. Jesús y la samaritana

Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC

La necesidad del diálogo, frente a la imposición y la violencia

Cada mañana nos levantamos para el sobresalto de lo irracional que viene convirtiéndose en normal. Situaciones que no son de recibo en muchos países y ataques indiscriminados desde la imposición de un poder de armas y de economía, sin más mediación de lo humano, la dialogante y lo democrático. Está siendo de locura, no sabemos a donde atender.

Pablo VI hablaba de la necesidad de que la Iglesia, fiel a su vocación de misión y de comunión, tendría que serlo de «coloquio», saber ponerse en el lugar del otro para escucharle y poder comunicarle la alegría de la vida y la verdad del amor.

Dios se nos muestra como ese caminante que sabe pararse al borde del camino, en el pozo, para pedir el agua de la vida del pueblo y poder así llegar a su verdadera sed y ofrecer el agua de la vida.

Por la fuerza
Por la fuerza | José Moreno Losada

DOMINGO III DE CUARESMA

En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:

–Dame de beber.

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:

–¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:

–Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva.

La mujer le dice:

–Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados? Jesús le contestó:

–El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

La mujer le dice:

–Señor, dame esa agua: así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla. Él le dice:

–Anda, llama a tu marido y vuelve. La mujer le contesta:

–No tengo marido.

diálogo
diálogo | samaritana

Jesús le dice:

–Tienes razón que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.

La mujer le dice:

–Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

Jesús le dice:

–Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.

La mujer le dice:

–Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo. Jesús le dice:

–Soy yo, el que habla contigo.

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas», o «¿de qué le hablas?». La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

–Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto, sus discípulos le insistían:

–Maestro, come.

Él les dijo:

–Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.

Los discípulos comentaban entre ellos:

–¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dice:

–Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: «Uno siembra y otro siega». Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

–Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Juan 4,5-42 (o 4,5-15.19-26.39.40-42)

El papa preocupado guerra
El papa preocupado guerra | El

En el día de hoy mismo, escuchamos la preocupación del Papa León:

"Desde este momento estoy muy preocupado por la situación en Oriente Medio, no sabemos cuántos días durará, por la situación en Oriente Medio. ¡De nuevo la guerra! Y nosotros debemos ser anunciadores de la paz de Jesús, que Dios quiere para todos. Habrá que rezar mucho por la paz, y vivir en unidad, y rechazar la tentación de hacer daño al otro, la violencia nunca es la opción correcta". Así se expresó el papa León XIV, llegado esta tarde del 1 de marzo al gran patio del oratorio de la parroquia Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, donde, sentado bajo una carpa preparada especialmente para la visita, respondió a las preguntas de los niños, subrayando su preocupación por el nuevo conflicto estallado hace apenas unas horas en Irán, atacado por Israel y Estados Unidos, y que aumenta el sufrimiento y la tensión en toda la región.

Diálogo?
Diálogo? | rd

Humanidad, ciudadanía y política: un diálogo para hoy

Me abro a este texto evangélico en el día en que por la mañana hemos estado trabajando en la capital cacereña los consiliarios de Acción Católica de Extremadura. Nos venimos reuniendo hace más de treinta años. Nos apasiona la misión apostólica compartida con laicos militantes que están en medio del mundo. Este curso hemos estado analizando nuestra postura ante la religiosidad popular en este momento eclesial, buscando modos de estar y ser en clave de evangelización en nuestros pueblos, la mayoría rurales. Pero hoy nos hemos detenido un momento en un diálogo propiciado por las últimas noticias de mordidas económicas en lo público y la desafección que produce en los ciudadanos, a veces también en los cristianos. Era algo parecido al diálogo de Jesús con la samaritana sobre temas religiosos, políticos y sociales.

Vimos la necesidad de compartir nuestra sencilla reflexión con los miembros de los movimientos, algunos de ellos comprometidos en lo político y casi todos preocupados por su coherencia ciudadana. Traigo a colación ese borrador que ahora mismo estamos ultimando para abrir los ojos y no engañarnos ante la realidad por prejuicios:

Si se nos permite, en estos días de dimes y diretes de corrupciones, queremos comenzar con estas palabras prestadas del sabio Quijote: «Sábete, Sancho, que todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien esté ya cerca».

Los consiliarios de los movimientos de la Acción Católica en Extremadura, que venimos reuniéndonos para analizar evangélicamente la realidad y el acompañamiento a los militantes cristianos, queremos manifestar desde nuestro encuentro en Cáceres hoy, 16 de junio, nuestra posición ante la dimensión política y ciudadana de la realidad.

Nos hemos detenido, con sencillez, ante nuestra sociedad y nos maravillamos de la dinámica social, comunitaria y pública en la que estamos insertos. Consideramos que estamos en una sociedad de progreso y de bienestar humano, no comparable con otros momentos históricos de los que tenemos memoria. La razón profunda de esta situación creemos que se debe a dos elementos fundamentales: la política y la ciudadanía.

Para nosotros, como ciudadanos y como creyentes, la política es el ejercicio humano y sagrado para el bien común, la caridad más excelsa anclada en la justicia y en la igualdad de la dignidad de lo humano. En este sentido, no podemos caer en el error de llegar a pensar que la política está corrupta y no está generando vida. Creemos y manifestamos que la mayoría de las personas que han optado por un servicio de lo común y lo público en los ámbitos de lo político son personas de dimensión social limpia que aportan y luchan por lo mejor para todos. Esto lo pensamos de la generalidad de los concejales, los alcaldes, los diputados, los congresistas, los técnicos, etc. Creemos en la mejora del ejercicio de este servicio político, pero sin despreciar ni dejar de valorar lo que está siendo ahora mismo para todos. Nos congratulamos con el sistema sanitario que tenemos, de la educación pública, de las comunicaciones, de la libertad y de la formación posible para todos, el derecho laboral y el cuidado de las leyes que nos regulan y nos facilitan la organización de lo comunitario. Aunque todo es mejorable, como nosotros mismos, no podemos renegar de lo que somos y tenemos en la verdad de lo político, hemos de ser fuertes antes que vendavales que nos quieren vender la destrucción y el juicio generalizado de corrupción para lo público.

Por otro lado, en comunión con lo anterior, nos gloriamos de haber desarrollado un sentido de la ciudadanía que es encomiable: pagamos nuestros impuestos, colaboramos con el cuidado de lo común, somos profesionales con ética que favorecemos lo público en general y vivimos de la vocación de lo humano y de lo social, creemos y queremos la democracia. Cierto que puede haber fallos entre nosotros, y todos podemos ser débiles, pero en ningún caso podemos sostener y dejarnos llevar por afirmaciones negativas radicales sobre una ciudadanía que cada mañana se levanta con las ganas de construir un mundo y una sociedad en paz para nosotros, para nuestros hijos y niños, y para los que lleguen a esta sociedad para formar parte de ella y convivir aportando lo que son y lo que saben.

Esta llamada a lo humano se hace más fuerte si nos situamos ante la realidad con las claves de lo evangélico. El reino de Dios nos empuja a los creyentes a ser personas encarnadas en nuestra realidad social y política, desde nuestro quehacer personal, familiar, vecinal, ciudadano. Hoy, ante la tentación del pesimismo y del rechazo de lo común, lo público y lo político, hemos de responder con esperanza y con la mirada positiva del bien que está de fondo de todo lo que vivimos y somos cada día. No nos engañemos, bendita política, bendita ciudadanía.

Cristianos en política

Como seguidores de Jesús y su Evangelio, sabemos que las alegrías de la plenitud y de la salvación-felicidad serán dadas a los que tienen hambre y sed y que son perseguidos por la justicia, «porque suyo es el reino de los cielos» (Mt 5,6.10). Por eso no podemos permanecer inermes e indiferentes ante lo que está pasando en nuestro mundo. Nos sentimos llamados a trabajar por un reino de lo humano que se asiente sobre la verdad, la justicia y la dignidad de todos los hombres. La urgencia del dolor y el sufrimiento de millones de personas nos interpelan y nos llaman a caminar en la unidad en orden a reclamar, favorecer y comprometernos con estructuras de justicia y libertad verdaderas.

Sabemos que este compromiso evangélico no se puede recorrer desde la división y la exclusión, que los cristianos hemos de caminar juntos en la acción y el compromiso por lo justo y lo humano, y hemos de hacerlo especialmente en nuestra Europa y su idea de comunidad, que hunde sus raíces en el humanismo cristiano. En este sentido, la acción social y política ha de ser un camino de ecumenismo y de descubrimiento mutuo entre los cristianos de todas las Iglesias y tradiciones.

Hemos de estar unidos frente a lo que divide, excluye, margina y separa a los pueblos de la tierra. Nos une el pensamiento en una antropología de comunión que nos iguala en dignidad y derechos ante Dios y los hombres, un mismo Evangelio de generosidad y de entrega, un mismo Crucificado que ha dado su vida por la justicia y la salvación de todos los hombres sin exclusión alguna, así lo proclama y exige el reino de Dios, que nos une y nos mueve a comprometernos.

Diálogo y paz
Diálogo y paz | t

Acordes encarnados:

 20. LIMPIOS EN LO PÚBLICO | A. Calvo & P. Monty

Limpios en lo público

No negamos que haya sombras,

ni que falte aún crecer,

pero hay luz en la tarea

de querer bien para el bien.

Que el servicio no se manche

por el ruido o la sospecha,

pues aún late, firme y claro,

la esperanza que no estrecha.

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