El Dios de las parábolas y la parábola de la iglesia hoy (Domingo XVI)

El nuevo plan trienal de pastoral pacense y el grano de mostaza de Águeda... y de tantos otros

Nuevo Plan pastoral diocesano en Mérida-Badajoz para tres años. Video presentando el nuevo plan

Una vez más la Iglesia diocesana quiere andar por caminos y etapas que hablen y sepan de procesos y orientaciones pastorales que respondan al hoy de la Iglesia y del mundo. Para ello se ha convertido en iglesia de escucha sinodal y ha abierto pedagogías y espacios que ayudaran al diálogo y al coloquio en el Espíritu. Han sido muchas personas las que en este año se han prestado para compartir y descubrir juntos caminos y líneas de acción con objetivos evangelizadores. La parábola de la levadura y del grano de mostaza se ha ido viviendo en cada rincón de la diócesis donde se ha encontrado buena tierra, dando cada una según su capacidad. Águeda, feligresa de los Santos de Maimona, comprometida con la pastoral de migración, ha sido unas de las mujeres activas en ese proceso que sabe que el plan de pastoral nace del sentir comunitario y nos da cuenta de su participación. Demos gracias a Dios por esta modo de ser iglesia que responde con sencillez a la necesidad de una actualización y compromiso con la realidad actual.

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DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

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En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

–El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?». Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho». Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?». Pero él les respondió:

«No, que al arrancar la cizaña podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: “Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Les propuso esta otra parábola:

–El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.

Les dijo otra parábola:

–El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.

Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

–Acláranos la parábola de la cizaña en el campo. Él les contestó:

–El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo y los segadores, los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga.Mateo 13,24-43 (o 13,24-30)

Dios de las parábolas y la parábola de Dios

Me fascina descubrir la dimensión pedagógica de Dios con la humanidad a través de la historia. Y me sorprende aún más cómo lo ha ido haciendo conmigo en mi propia vida personal. Sabe hacerse presente y actuar sin hacerse notar, de un modo inadvertido, como el grano que se entierra, como la mostaza y su proceso, como la levadura y todo en medio de la dificultad y la tensión, sin dejar de alimentar la esperanza. La Iglesia ha de ser también de esa manera, ha de utilizar la misma pedagogía, la de la paciencia y la misericordia.

Los procesos en la Iglesia y las claves evangélicas

Tomo palabras de Águeda, mujer de Los Santos, activa e inquieta en su fe, que participa en cuestiones de cercanía con los emigrantes y que ha tenido parte en las asambleas diocesanas que se han llevado a cabo a lo largo de este curso en la diócesis de Mérida-Badajoz:

Soy Águeda Vázquez, pertenezco a la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, de Los Santos de Maimona, y he sido representante de los laicos adultos en las asambleas diocesanas. Nuestro trabajo comenzó con las reuniones de grupos en nuestra parroquia; el mío, concretamente, fue con un grupo de emigrantes que, con el nombre de «Café con amor» y desde

la parroquia, lleva en marcha unos tres años.

Ya el inicio fue esperanzador y lleno de sorpresas positivas; fue un grupo numeroso de mujeres y hombres santeños y emigrantes venidos de Sudamérica. Fue muy enriquecedor y provechoso, personas de culturas y costumbres distintas dando sus respuestas, sin repetir ninguna, desde la fe y la confianza en Dios y queriendo decir lo mismo de diferentes formas.

Luego llegaron las asambleas, donde tuve el honor de ser moderadora de grupos. El trabajo fue muy satisfactorio y pude comprobar que casi todos queremos lo mismo y coincidimos en lo importante. Era sencillo, porque en todo momento nos ha movido el Espíritu y las ganas de llegar al final de esta etapa para conocer las conclusiones y cómo podemos mejorar nuestra labor dentro de la Iglesia.

Mi experiencia ha sido muy positiva, es una gran satisfacción escuchar en las opiniones mayoritarias finales casi las mismas respuestas que empezaron con el trabajo de grupo parroquial. Creo que todos queremos ser laicos bien formados, sin dejar de lado nunca la espiritualidad y poniendo siempre al más débil en el centro, seguir trabajando por una Iglesia que se abra a todos, que acompañe, y donde sacerdotes, religiosos y laicos jóvenes y adultos vayan de la mano, sabiendo siempre que el que nos llama a trabajar unidos es el mismo Dios.

Muchas gracias. Un saludo.

El cuidado de la Iglesia para sí misma

En el caminar histórico de la Iglesia van apareciendo las falsas profecías y justificaciones, pervirtiendo el amor primero. El trigo y la cizaña van juntos. Las cartas a las Iglesias del Apocalipsis deberían estar siempre bajo la almohada eclesial para poder seguir viendo en las noches de la historia la luz de la verdad, la justicia y la pureza del amor.

Sabemos que hay mucho bueno y verdadero Evangelio en el mundo, que la Iglesia lo proclama y lo vive. Basta tener los ojos bien abiertos en lo universal de las comunidades cristianas actuales, en los más sencillos y humildes, y los que con ellos se identifican y caminan, más allá de grandes estructuras y organizaciones. Pero también somos conscientes de que, en la realidad de este mundo cambiante, en la vuelta que ha dado la humanidad y la cultura, hay una forma de querer ser institución, Iglesia, que no es de recibo. No lo es ni por el Evangelio que representa y predica ni por los modos que chocan con una cultura nueva que aspira a valores propios en la comprensión de lo humano y su dignidad. Ya el Concilio Vaticano II hizo una reflexión y toma de conciencia profunda preguntándose sobre la Iglesia misma y su lugar en medio del mundo, en el contexto de una cultura nueva.

La suerte está echada, y la Iglesia hoy, como siempre, ha de volver a las bienaventuranzas y examinarse de la tentación de las malaventuranzas. Pasar del poder y de la posesión de todas las verdades a ser servidora y discípula de la humanidad sufriente, pobres, hambrientos, tristes, perseguidos… Y esto no con obras aisladas o complementarias, sino como eje central y verdadero de su ser y estar en el mundo. Lo que está en juego es la identidad eclesial, que no tiene otra referencia e imagen que imitar sino la del Maestro, con la toalla ceñida, lavando los pies a sus discípulos e invitándoles a hacer ellos lo mismo. Una Iglesia que no es imparcial, porque se debe inclinar ante los pies más cansados y heridos de la historia para lavarlos, secarlos y besarlos como presencia del Dios de la verdad y la vida.

Acordes encarnados:

52. ÁGUEDA, MUJER DE IGLESIA | A. Calvo & P. Monty

Águeda, mujer de Iglesia

Café con amor, mesa y corazón,

manos tendidas, pan compartido,

entre los muros nació una canción,

de esperanza, de cielo y abrigo.

Un solo Espíritu nos dio la voz,

y el llamado de Dios nos unió.

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