Volver a la humildad de la ceniza
Discernir: ¿Carnaval o cuaresma? Para estos tiempos nuestros
Volver a la humildad de la ceniza
La sabiduría de la vida y la ceniza de cuaresma
En estos días me bulle en mi interior un interrogante fuerte... siento el contraste de la fiesta - tan necesaria para lo humano- con el dolor de la realidad. Me cuestiona lo que está siendo el proceso interior de formación de nuestras sociedades, de los mayores, así como de los niños y los jóvenes y siento tristeza. La alegría de la algarabía no me consuela ... no dejo de darle vueltas, y no sé por qué me viene a la cabeza este texto lucano en medio de las celebraciones de estos carnavales, cercana ya la cuaresma y la ceniza que llama a la conversión para lo verdadero y lo auténtico de la vida. No dejo de preguntarme por qué caminos andamos y en qué estamos iniciando a nuestros pequeños... y que conste que no pierdo la esperanza, pero me duele la indiferencia, que también me afecta. Ojalá avancemos en el discernimiento de espiritu y nos quedemos con todo lo bueno, desechando lo pobreza de lo superficial y lo engañoso.
Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre.
Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían;
pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos.
Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.
«Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.
Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. (Lc 17,26ss)
Tiempo de discernimiento: ¿Carnaval o cuaresma?
La fiesta
Ayer mi ciudad se revistió de color, música, baile, fiesta, multitud… nos enorgullecemos de ser referente en estos días carnavalescos, una de las mejores fiestas que están en los rankings de los seleccionados como mejores carnavales del mundo. La ciudad se concentra, acoge, celebra y goza. Los preparativos han sido intensos, vivo cerca del polígono industrial de la ciudad, pobre en industrias, pero rico en locales en los que las comparsas se preparan durante meses. En octubre ya suenan los tambores, con ensayos y compromisos de todo tipo. Se trata de una verdadera iniciación catecumenal en el catecismo de lo propio del carnaval: asistencia controlada, deberes contraídos, dinero compartido, comidas en común, responsabilidades, obligaciones del traje, ritmo de baile y de música. Con nombre identitario, con sentido de pertenencia, con presentación y bautismo, o sea toda una preparación e iniciación en el misterio. Ahora son cinco días de éxtasis y extenuación casi total, entregado sin reservas, dándolo todo por una causa que, aunque pasajera parecerá de momentos eternos, llenos de felicidad y bienestar. La mayoría piensa que merece la pena sacrificarse y exigirse por este momento de luz comunitaria y gozosa, donde todo parece bello y gracioso, sin mancha alguna, ni desperfecto. Todo tasado al segundo y casi al milímetro, rayando la perfección. Se trata del culto al bienestar sin límites, fuera de problemas y preocupaciones, y eso exige extenuarse y dejarse la piel. La mención en algunos de los premios se desborda en la alegría de lo infinito, han puesto en ello todo su empeño y esfuerzo, aunque solo sea para un instante, cada año son menciones renovadas y acabadas. Premios de lo rápido y lo ilógico, en medidas que son tan estrechas como rutinarias. Pero todo vale, todo está justificado, todo debe ser admirado y valorado… toda la ciudad y la sociedad ha de hacer mutis y aplaudir sin un descanso porque la gloria ha llegado y la calle se ha transformado. El culto de lo burgués en la liturgia del bienestar no tiene ocaso, y se hace tan luminosa como pasajera. La iniciación y la convocatoria ha surtido efecto, somos miles, este año 12.000, diez horas de desfile, nos hemos superados. Las calles abarrotadas no hay hueco para nada más que la diversión y el desgaste, sin preguntas ni preocupaciones. Los telediarios nos ponen en primera plana, más allá de las catástrofes naturales del cambio climático.
El dolor
El mundo sin embargo sigue su ritmo, la vorágine de la riqueza y de la desigualdad no dan tregua, en estos mismos días se oyen, en lugares escondidos, las noticias de las muertes en muchos lugares del mundo: Gaza, Ucrania, Nigeria…suma y sigue. Continua la persecución y los prejuicios graves contra los migrantes. Los jóvenes viven en el miedo de la desconfianza y no quieren procrear para la desconfianza. La vivienda deja de ser hogar para sólo ser mercado y los pequeños comercios de lo cercano se convierten en apartamentos turísticos sin respiración. Los médicos viven en la insatisfacción, pero pocos se movilizan. Los parados no salen de su agujero. El fracaso escolar no sueña con el éxito. Los albergues para los pobres se cierran y los gastos sociales de ayuntamientos se desvían para pan y circo. El Acoso escolar campea a sus anchas. Los jóvenes desesperan y algunos, no pocos, tienen ideas suicidas.
Los interiores de los humanos quedan desérticos y disfrazados, solo cabe la pintura de la caricatura y la rapidez de una lucha que no tiene dirección, el bienestar sustituye al ser. No hay tiempo ni espacios para el ser, todo está marcado y enredado en un vivir sin vivir, en un aparecer y morder el instante con la amargura de lo infecundo. Sólo se trata de pasar y aguantar sin más preguntas ni por qué. Nadie inicia en el espíritu, en el saber pensar, sentir y actuar con dirección y sentido, aquello de saber fecundar aun en la aridez y la sequía, para que en la primavera se geste un producto, que no es rápido, pero es verdadero, tiene sabor y color y habla de lo quien ha sembrado, cultivado y cuidado. Falta la siembra que enraíza en el corazón de lo humano y apunta al ser que es capaz de entregar el ego para que el yo se construya sobre la base de un nosotros que sabe generar fraternidad y verdad, como estructura de lo felicitante y de la alegría que no pasa, aunque no sea bullangera. ¿Quién siembra y llueve en corazones para que habite el espiritu de lo bueno y de lo profundo, en el compromiso de lo más humano y verdadero?
El sentido de lo humano
El reto de lo humano lo revestimos en la risa del carnaval, gastamos la vida, el tiempo, el dinero… en el culto a un bienestar, hacemos de la caricatura esencia y de la verdad silencio, y le dedicamos lo que no estamos dispuestos a dar para lo humano, para la justicia, la solidaridad, la fraternidad universal. Es cierto que necesitamos de la alegría y de la fiesta para la vida, pero el camino no puede estar separado de lo verdaderamente humano. Nuestro interior y nuestro espíritu han de estar revestidos de lo verdadero, lo auténtico, lo fecundo. El camino de la transparencia y de la confianza es el único que genera esperanza y puede llevar a la verdadera alegría.
Hoy necesitamos catecumenados de iniciación en el misterio de lo humano, gastar nuestras fuerzas en el camino del ser, y de serlo con los otros, en un nosotros que nos de la paz y la comunidad que permite caminar en esperanza verdadera. La vida tiene sentido y la conquista de ese horizonte es lo único que puede realizar y llevar al ser humano a la verdad que llena de gozo y de luz una existencia. Vivir de la apariencia es hacer de la vida un carnaval permanente, vivir en la verdad es caminar en la senda de lo auténtico, de la confianza que genera hermandad y responde a los problemas que aquejan a la humanidad hoy.
Ojalá pongamos las mismas fuerzas en hacer una sociedad mejor que las que ponemos en los procesos anuales del carnaval… ¿nos imaginamos doce mil personas desfilando por valores fundamentales necesarios hoy en el mundo de lo social, lo económico, lo político, lo familiar, los espiritual y profundo de cada ser humano, la libertad, la justicia y la paz…? Imaginemos que ponemos todas nuestras fuerzas en iniciar a nuestros hijos y nietos, a los pequeños, en estos caminos de la interioridad del ser y del amor. Entonces sí que habría fiesta no forzada ni superficial… entonces estaríamos contentos.
La fraternidad y la comunidad, llenas de confianza y esperanza, es el verdadero vestido y lugar para fiesta, sin disfraz y con verdad. Para los tiempos que corren y lo que nos toca vivir, menos carnaval y más ceniza, que el arca de Noé, la casa común lo necesita y la familia lo está pasando mal. La CUARESMA no espera con luz y verdad, para una mayor transparencia y confianza en lo humano, en lo profundo del ser.
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