Esperar en tiempos de desesperanza

"Ecos de Josito" (José Luis Segovia)

Jornada de oración cuaresmal de profesionales cristianos de acción católica

El movimiento de Profesionales Cristianos de Acción católica, dedicó un trienio al tema de la "Cuidadanía", como cultura para nuestro tiempo. Ahora seguimos en la misma temática intentando profundizar esta misma dimensión de cuidados y descuidos en las estructuras e instituciones con las que tenemos que ver desde nuestras profesiones y como ciudadanos. Un tema que nos parece urgente y que va muy acorde con el tiempo que estamos viviendo. Llevamos tiempo reflexionando sobre cómo tejer redes de confianza que generen esperanza en nuestro vivir y ser. Al servicio de esta clave de esperanza cristiana, hoy hemos tenido un momento de oración y contemplación acompañados por José Luis Segovia en la sede de los movimientos de Acción Católica en Madrid (Alfonso XI), allí han estado militantes de los grupos de la diócesis de Madrid y otros hemos participado desde provincias -otras diócesis- gracias a la red. Os hago eco de apuntes personales que he tomado y que los guardo para seguir meditando y profundizando en esta cuaresma de gracia, vida, que apunta a la Esperanza Teologal. Ojalá sirva para alimentar vuestra esperanza.

Profesionales Cristianos
Profesionales Cristianos

Ecos de “Josito”.

Hilvanes de una reflexión evangélica sobre la esperanza

Carlos, Josito y Fidel
Carlos, Josito y Fidel | Alvaro

Entre Fidel y Josito

Nuestro compañero Fidel, comprometido en el servicio de Justicia y Paz en España, hizo la sencilla y familiar presentación a la que aboca una vida como la de José Luis Segovia. Ya el modo de llamarlo y reconocerlo, “Josito”, sirve de introito para quitar peldaños y peanas. Lo define como artesano de la paz, como peregrino en moto por barrios, uniendo profesión y ministerio en un mismo carisma al servicio de víctimas y también victimarios. Su dimensión eclesial también se define en su quehacer y sentir una iglesia que nace y siempre debe permanecer al pie de la cruz con los ojos fijos en él -en los crucificados del hoy de la historia-. Su arranque es pura conexión, se siente y se define como profesional, así ha servido y se ha relacionado con el mundo y la sociedad y así ha podido iluminar en la propia comunidad eclesial, con un ministerio de servicio y disponibilidad. Su muchos los perfiles que el avanzar de su historia y ser humano, profesional y ministerial se ha ido abierto en él y eso le permite aportar claves teológicas y evangélicas desde su experiencia viva y encarnada. Se siente afortunado y llamado a conversión por el buen Dios, que nunca deja de ser Totalmente Otro, para hacernos hijos y universales en la unidad de lo amado y lo diferente.

Una virtud "teologal"

Desde los rincones diocesanos
Desde los rincones diocesanos | Jose Moreno

Y comenzó a compartir… vengo a hablar de la esperanza, y eso sólo puede hacerse en clave teologal. Son tres las virtudes teologales en las que nos asentamos en nuestro ser creyentes y son inseparables: fe, esperanza y caridad. Es muy importante tomar conciencia de la dimensión “teologal” de las mismas, para no quedarnos encerrados en nosotros mismos y hacerlas inviables.

De la fe y el amor: no cuantificable

Acerca de la fe nos aporta un aserto novedoso respecto a la lectura bíblica que nos habla de que la fe es creer lo que no se ve, afirma que la fe es más bien “creer- confiar- a pesar de lo que se ve”. Nuestro mundo está herido de miedo, por la desconfianza, la incertidumbre. Lo contrario a la fe no es el increencia sino el miedo. Jesús al ver el miedo del os discípulos les decía que eran hombres de poca fe, y siempre que se acercaba a ellos los invitaba a la confianza, a la paz, a no tener miedo. Tenemos que purificar nuestro concepto de fe y credulidad, a veces medimos con criterios que no son verdaderos. Más de una vez nos encontramos con personas que no se definen como creyentes, más bien como ateos, y vemos cómo en el vivir y en el actuar se lanzan sin miedo, con confianza, en la lucha por la justicia, la dignidad, la verdad, que defienden con sus vidas el derecho de los débiles y los últimos. Gestos y actitudes que no tenemos nosotros mismos que nos llamamos y sentimos creyentes. Permanecer en la fe nos convoca a confiar en tiempos de desconfianza, de incertidumbres y de miedos. Ahora somos llamados a creer, a responder al interrogante de Cristo: ¿Y vosotros quién decís que soy yo? En este mundo y en este momento.

Del mismo modo es que es muy difícil establecer el límite en el campo de la fe, hasta donde llega el creyente y cuando aparece el umbral de la increencia, lo mismo nos ocurre con la dimensión de la gratuidad que pertenece al amor, tampoco es cuantificable. El amor de Dios rompe con todos los límites y nos pone al borde de lo indecible y lo inimaginable, porque para él nada hay imposible. Su perdón en la cruz abre los horizontes de unas medidas sin límites que más de una vez lo vemos reflejado en situaciones de radicalidad, de martirio y de injusticias, donde el perdón hace nuevas las cosas que habían producido tanta muerte y dolor. Todo por el amor creador de Dios y la perfectibilidad de lo humano que él ha querido darnos. Nunca todo está perdido en el amor y el perdón.

La virtud de la esperanza

Desde casa
Desde casa | La esperanza

Y centrándonos en la esperanza, comenzamos por definir que no es cambiable por el sucedáneo del optimismo. La virtud de la esperanza es teologal, tiene a Dios como fuente y como centro, el optimismo está en las fronteras de lo humano, por eso no es lo mismo. Ahora mismo nos vemos rodeados de incertidumbres, de angustia, no sabemos lo que va a pasar mañana. Podemos esperar noticias optimistas de paz, de cesación de conflictos y tensiones… pero eso no es la esperanza. Cuando contemplamos nuestra historia de la salvación nos damos cuenta de que la esperanza se ha elaborado y recibido en los momentos de éxodo, exilio, persecución, martirio, destrucción. Precisamente en los signos de desesperanza y destrucción aparece la esperanza de los que siguen confiando en Dios, a pesar de todo, esperanza contra toda esperanza. No se basa en medidas de lo humano, ni lo terrenal, ni lo observado, sino en lo teologal, en la experiencia de Dios la que nos lleva a reconocerlo a él en nuestro origen y también en nuestro término, se trata del Dios del a creación y de la historia que fundamenta y salva, siendo como él es, a su manera y no a la nuestra. Sólo en el encuentro con Dios, personal y comunitario, hallamos la paz, en nuestro esponjamiento en él vencemos el miedo y nos sentimos invitados a seguir esperando, acompañados y habitados por él. Sólo en la profundidad, en el espíritu, se da la verdadera religiosidad que alumbra la esperanza. Pero eso solo es posible, esa experiencia, desde la vida.

Nuestro Dios, encarnado y totalmente otro: historia y lo diferente

Nuestro Dios es el Dios de la historia, eso es algo que tenemos mas integrado y aceptado, en la Iglesia. El concilio nos ha ayudado a ello. No podemos entender la experiencia de Dios al margen de la creación, su presencia en la naturaleza y la vida, en el devenir de la historia, en la escucha de los gritos de lo humano, y de las aspiraciones profundas de la humanidad. Y una clave fundamental en esta perspectiva teologal, irrenunciable por el principio de encarnación, cruz y resurrección, es la convicción de que no hay verdadera experiencia cristiana al margen del sufrimiento. La dimensión teologal llega y se abre en el sufrimiento. Sólo ahí se llega a la fe, la esperanza y la caridad, a las virtudes teologales.

El desafío de hoy en dicha experiencia de Dios y en su dimensión de alteridad, teologal, tanto para la iglesia como para la sociedad, es la diversidad, la integración de la clave de lo diferente como elemento estructural de lo trascendente, Hemos de hacerlo de la misma manera que hemos caminado para acoger la dimensión histórica del misterio de la salvación. Cómo llegar al conocimiento, al dogma iluminador, que “el otro, cuanto más otro sea -más diferente- más me permite acceder a la experiencia del totalmente Otro, que es Dios. Llegar al concepto de diversidad como canal de riqueza, ser capaces de construir la teología de la diversidad como verdad de la propia creación y su pluralidad. Josito hace referencia a la experiencia sacerdotal de “Convivium”, en cuanto ha sido encuentro desde el yo intimo de las personas, más que de su indumentaria o postura de pensamiento. Qué importante la aceptación personal de que todos somos hijos de una biografía y de una bibliografía. Y el descubrimiento, ya bien probado en la historia, que sólo llegamos a entrar en el camino de la comunión desde el yo intimo y desnudo, donde se siente y se ve la vulnerabilidad y el dolor que nos une. La herida y la sangre del propio vivir y la propia historia. Acoger la diversidad en el camino del dolor compartido, camino de fraternidad.

La presión amorosa de la tensión teologal: Esperanza y esperas

Hemos sido llamados por Dios a la esperanza (cf., Ef. 1,18), Esa llamada es tensional, cuando entramos en ella y en su experiencia percibimos y sentimos la presión amorosa de nuestro Dios que desea llevarnos de donde estamos y lo que somos, a lo que estamos llamados y queremos ser. Y todo ello adornados con dones de esa gracia que se cifra en genialidad creativa, que nos dota de espiritualidad, discernimiento y anhelos que nos seducen y empujan. Todo ello nos mueve al compromiso personal y comunitario, que lo expresamos en el lenguaje de las esperas. Pero siempre con un discernimiento claro de que nuestra esperanza, la teologal, no está en el éxito de las esperas, ni desaparece en los fracasos de estas. Necesitamos, claro está, momentos y caminos de Tabor, pero la esperanza esta en el mismo Dios y sólo la da y la puede plenificar- así como asegurar-, El. No hay duda de que en la revelación Dios se presenta como la esperanza de los pobres, por eso la Iglesia ha de ponerse y estar al lado de los pobres para encontrar la esperanza. El camino hoy pasa por el abajamiento, por la humildad, centrados en Cristo y en sus sentimientos, como se proclama en el himno de filipenses. Llamados a volver a lo más discreto, al tesoro, desde el descubrimiento de nuestro ser pecadores y limitados. Se nos pide saber mirar con las claves de las luces cortas para vivir nuestro momento teniendo en cuenta la luz larga de la salvación que nos ha sido prometido y que ilumina nuestras esperas.

Contra toda desesperanza... hoy también

El dicho heredado paterno de Josito, “para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuesta abajo la subo solito”, nos abría otra pestaña de esta esperanza teologal propia para momentos como el nuestro. Vivir en la esperanza desnuda de una confianza en Dios cuando no hay señales ni indicios, a veces ni fuerzas para esperar. Volver a la intemperie de la esperanza cuando no quedaba vacas en el establo, ni aceitunas en el olivo… “volver a ser el cura del barrio”. La verdadera esperanza, se purifica y crece, cuando el fracaso no anula la presencia de la caridad, sino que la realiza sabiendo que el amor genera esperanza y dará frutos, aunque nosotros no lo veamos. Más de una vez la historia de la Iglesia desde sus primeros siglos nos ha mostrado la verdad de la esperanza, cuando ya no estaban vivos los que la sembraron. Fecundidad teologal frente a eficacia y contabilidad. Este es el camino abierto en los ámbitos profesionales, sociales, políticos, culturales para vivir la confianza y la esperanza, en tiempos de crisis y de incertidumbres. Evangelizar es no abandonar el dolor y el sufrimiento, tampoco a los que vienen, a las generaciones que comienzan. Hoy más que nunca la llamada a la esperanza tiene que ser purificada de su deseo de éxito, no puede ser ese nuestro horizonte de creyentes ahí no cabe lo teologal. Nuestro reto, donde sentimos la presión amorosa de Dios en este don de la esperanza, es ser “significativos”, permanece la clave de la señal de la salvación: “vulnerabilidad humana envuelta en pañales y acostada en un pesebre” por puro amor. Señales de esperanza frente a la desesperanza.

Claves para ser testigos de la esperanza: Iglesia, sociedad, profesión.

Este camino de profecía y de amor, de riqueza divina, no puede darse fuera del marco que hoy se hace imprescindible para una iglesia en salida y compasiva, para el avance del reino en nuestro mundo, sus estructuras e instituciones:

  • Vivir al pie de la cruz con los crucificados, sin la búsqueda del éxito ni sus medidas.
  • Fijos los ojos en El y dejarnos mirar por él. El es nuestro fundamento y nuestra fuerza.
  • Siendo uno – en la diversidad y la pluralidad- para que el mundo crea.

Tarea tenemos y razones también para la esperanza : Dios mismo y la vida.

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