Un solo espíritu, una sola esperanza...¿Cómo hablar de esperanza?

Un joven bautista migrante en el Octavario ecuménico

Soy afortunado en el ejercicio del ministerio... como animador de la delegación de ecumenismo este octavario he podido celebrar y orar junto a personas de otras iglesias y de la propia. En ellos veo un sentido espiritual y vivo de la comunión verdadera, de la unidad que va creciendo en lo anónimo y oculto de la vida. Entre esas personas cuento con la amistad de este joven paraguayo, Santi, que lleva tres años en Badajoz y que compartimos camino de fe, de Palabra, vida y ecumenismo en estos dos últimos cursos. En esta ocasión nos ha hablado desde su experiencia espiritual en la clausura de la semana de oración por la Unidad. Su sermón es para meditarlo con calma y profundidad. Gracias.

Santi
Santi

¿Cómo hablar de esperanza?

Reflexión para la semana ecuménica.

Vigilia ecumenica
Vigilia ecumenica | José

Me he asignado la responsabilidad individual, desde que cumplí los 27 años. A escribir ciertas reflexiones de camino a los 30 años. Este año 2026 tengo el privilegio de cumplir 28 años, y una de las cosas que se me ha “ocurrido” en tantas vueltas que tengo dentro mío, es hacer una “retrospectiva” de los días que llevo encima, considero que mirar atrás, es una forma de rehacernos, reubicarnos, de re-indentificarnos con algo que tal vez lo hemos dado por perdido, de buscar sentido, de busca nuevas esperanzas, de abrirnos a ella, de resistir sintonizados en esa esperanza en un mundo avasallado de violencia, dolor y tragedia.

A pesar de todo ello, la experiencia que “me abraza, envuelve y resignifica” en ese espíritu que es “uno solo” pero que se expresa en diversas realidades de “Ese Dios”. Fue dándose en un torbellino de sustos un 2022 recién llegado en Extremadura. Recuerdo preguntándome constantemente: ¿Qué sentido encuentro yo en medio de lo extraño de este ambiente? ¿Podre acaso encontrar “yo” sentido, propósito, vida, causa y el abrazo humano de otros/as?

Hoy mi realidad se vuelve la respuesta de todas esas preguntas que eran inciertas en esos momentos, Dios me ha provisto desde su carácter multiforme, la diversidad de rostros, vidas, abrazos, familias, amistades, iglesias que hacen correr desde su sangre aquello que San Pablo decía: “...hay un solo cuerpo y Espíritu...” (Efesios 4:4) para mi por lo tanto fue un “renacer del espíritu” en ese encontrarme con lo distinto, con lo nuevo, con lo otro, con lo extraño, con lo diferente – yo crecí es cierto, dentro de un ambiente que en su inocencia, querían cuidarme de no desviarme de aquello que en la mentalidad de alerta me decían: “Eso no es de Dios, eso no es de Jesús, eso no es la fe” –pero si uno hace una lectura atenta de Efesios 4 que es el texto lema de este encuentro hay algunos detalles o palabras que sobresalen como conectores de la idea que quiere transmitir Pablo, estas son: Amor, Unidad, Paz, Dios de todos. Pareciera ser que Pablo quiere demostrarnos la esencia real de ese Dios o de aquellas cosas que realmente son importantes para sentir-pensar-vivir a Dios en medio de nuestras realidades históricas.

Pablo dice que “hacer digno nuestro llamado” en un mundo revuelto, intolerante, sufriente y rebelde: es vivir en base a un amor con olor a esperanza de un mundo necesario. ¿Por qué no vivir un amor-rebelde? No hablo de promiscuidad, sino de un amor que se da en el escándalo, como ese Jesús que se dejo tocar por lo impuro, por lo enfermo, por lo indigno, por ese amor que camina y construye desde los márgenes.

Pablo dice que “hacer digno nuestro llamado” en un mundo des-unido, politizado, que se agrupa en banderas, en beneficios egoístas, en riquezas a cuestas de los olvidados de la historia, de los descartados, de los pobres, de los migrantes: es vivir en unidad, en fraternidad, en humanidad, en ternura, en contacto, en ser con el que no es como yo, porque en esa búsqueda de “salirme de mi confort” a lo mejor Dios esta.

Pablo dice que “hacer digno nuestro llamado” en un mundo-sociedad donde el dialogo ha sido descartado, donde la reconciliación ya no es un método habilitado, ni el crear puentes es la forma de sanar heridas. Nosotras, nosotros, vos y yo: somos llamados a vivir en Paz, ese Shalom de Dios, que no es solamente una paz interna, sino que es una paz compartida, es una paz que se da, que se entrega, que se regala para de alguna manera seamos dignificados, reconciliados con los demás y reivindicados con Dios.

Y por último, Pablo dice que “hacer digno nuestro llamado” en un mundo que disecciona a Dios a sus gustos, que lo a-presan en cárceles teológicas e inclusos religiosas, que le ponen camisas de fuerzas, para imponerle reglas, normas y esquemas que salen de nuestra finitud e ignorancia. Nosotros, nosotras, vos y yo: debemos vivir a Dios desde la novedad, desde aquello que nos incomoda, desde el Dios que es Dios y que no hay templo que contemple toda su gloria, sino ese Dios que es desde la sorpresa, desde el tropiezo que nos “despierta del sueño” de esos sueños dogmáticos, inhumanos.

Hoy puedo decir como migrante paraguayo, que sigo renaciendo desde ese espíritu que es “uno solo” – que sopla, donde quiere, va y viene, pero infunde vida: ¿Desde dónde?

  1. Desde una familia que me acoge y da trabajo.
  2. Desde iglesias que me escuchan y consideran.
  3. Desde amistades que me enseñan, aman, cuidan y promocionan.
  4. Desde un pueblo como Badajoz, que me presenta sus realidades: como la de los migrantes, los sintecho y vulnerados, que necesitan de un “nosotros” que hagamos digno nuestro llamado: de amar, unir, proclamar la paz y mostrarles a ellos que el Dios mío y es su Dios.

Por eso sigo creyendo que mientras haya vida, hay utopía, hay esperanza, por eso sigo creyendo en el “ecumenismo” en la búsqueda de lo común, por eso estos encuentros donde nos escuchamos y dejamos escuchar, es la alternativa que este mundo necesita y que se hace realidad en medio de nosotros, porque la esperanza y la justicia siempre estará de lado de la sencillez, así dijo Jesús: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos (Mt. 11:25)

Santi Morán. Iglesia Bautista. Extremadura.

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