"Lo más y lo menos en generosidad" ( Sinfonía divina, acordes encarnados. XIII Domingo)

Querubín y Amadora (Cheles,1981) Juan el político (2026,Guadajira). La bondad de los sencillos.

Lo más y lo menos en la generosidad

El Evangelio no entra en medidas y cantidades de eficacia, sino que se mueve en la tensión del corazón y de la entrega. Querer con radicalidad, coger la cruz, perder la vida por amar, recibir al otro como al propio Jesús, al profeta, al justo, dar a beber un vaso de agua fresca… todo es válido en el lenguaje de la donación y la generosidad. Nada quedará sin recompensa. Lo releo ahora que estoy cumpliendo, con mis compañeros, el 45 aniversario de nuestra ordenación. Nos hicimos sacerdotes para darnos...queríamos ser hombres del pueblo y del evangelio, el reto sigue en pie, la ilusión no falta, ya los objetivos están mar curtidos y profundos, y los caminos ya no pretenden ser ni rápidos ni largos, sólo verdaderos y de fondo. Y seguimos alimentándonos de los pequeños detalles. Recuerdo con un amor inmenso cuando comencé mi andadura ministerial en la población de Chelles, con unos mil habitantes, Querubín tocaba las campanas y Amadora su hermana que lo cuidada en su discapacidad era una buena mujer, me obligaba a ir a su casa los domingos después de la misa temprana a desayunar huevos fritos. Ahora en Guadajira, con 500 habitantes, después de un recorrido muy largo, me sentía querido por este amigo Juan, que sin conocerme ya quería compartir conmigo las cosas sencillas que le llenaban de orgullo como sus caracoles con tomates. Para no olvidar nunca, aquello de que Dios le da su sabiduría a los más sencillos. Cada vez más convencido de esta verdad evangélica, porque la vida te lo enseña en sus procesos y vivencias.

Guadajira_2
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DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Compañeros de ministerio (Ordenación en 1981)
Compañeros de ministerio (Ordenación en 1981) | José Moreno

Mateo 10,37-42

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:

–El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.

El detalle de Juan el «político»

El detalle de Juan el Político
El detalle de Juan el Político

El destino de un pueblecito rural de colonización a cierta distancia de Badajoz no me ha sido fácil. El reto de encontrarte con el pueblo y establecer lazos más allá de la eucaristía dominical, sin tener siquiera un lugar de referencia para poder estar allí, porque habían vendido la casa parroquial hacía poco, lo hacía más difícil aún. Entre mis estrategias estaba irme temprano los domingos, y en el único bar del pueblo, regentado por Sonia, me paraba a tomar una tostada con mi café.

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La afluencia era escasa, como la que acudía a misa, pero no faltaba un grupo de mayores que también iban a tomarse su café, su copita, cada uno según sus apetencias. Entre ellos estaba Ricardo, que vive en soledad; Campos, vecino y esposo de Mari Carmen; Ramón, soltero que está esperando que lo llamen para que le operen la segunda rodilla; José, padre de Alberto; Foro, que sale a recoger espárragos y caracoles según el tiempo; Jesús, que cuida a su madre; Maxi, que tiene trescientas ovejas y tres hijos, y algunos vecinos más, como Fausti la hija del "obispo", que voy conociendo poco a poco. Allí me hicieron sitio según me fui acercando, y ya logramos un ambiente de broma y de alegría. Cuando no llegaba, me lo recordaban y comentaban que me habían echado de menos; yo bromeaba diciéndoles que yo los echaba siempre de menos en el templo.

Entre ellos estaba Juan, el «político», según él me dijo que le llamaban en el pueblo. Solía llegar él y poco más tarde, lentamente, con su andador, se acercaba su esposa, Isabel, que sufre limitación de movilidad (debe de ser por algún ictus o algo así). En su casa vive con ellos una hija con cierta discapacidad a la que conocí después. Tiene otras hijas y un buen grupo de nietos de los que se siente orgulloso. Trataba de conectar conmigo por su cercanía con lo eclesial desde pequeño; le gustaba soltarme algún rezo en latín y contarme anécdotas de familiares religiosos. Un día, Foro vino cargado con dos bolsas de buen tamaño llenas de caracoles con buena pinta y Juan le dijo que les vendiera una parte; allí acordaron rápido y realizaron el negocio. Le pregunté qué iba a hacer con ellos y me comentó que él mismo los guisaba, es el cocinero en su casa, el cuidador y protector de sus mujeres. En broma le comentamos que a ver si los probábamos, y allí mismo me dijo que a mí no me iban a faltar sus caracoles.

Unos días después, al pasar por su calle, me hizo entrar en su casa y allí estuvimos charlando sobre su vivir y su ser junto a su esposa y su hija. De los demás me informaron con las fotografías que tenía por toda la casa. Me hizo obsequio de dos recipientes de caracoles que los había congelado para que los utilizara cuando yo quisiera. Me pareció un detalle precioso de familiaridad y acogida a mi persona recién llegado al pueblo. Pero, sobre todo, me alegró ver el sentido de vida y la paz con la que se enfrentaba a las situaciones que podrían considerarse de dolor o dificultad. Me hablaba de su fe y su sentir cristiano sencillo y natural, de su conocimiento del evangelio, del cuidado de su esposa y de su hija, que lo necesitaban y que él hacía con un sentido de generosidad, sabiendo llevar su cruz con paz y serenidad.

Pocos días después, en el desayuno del domingo, bromeamos de nuevo y yo le decía que tenía que ponerse el traje e ir con sus mujeres a la fiesta de la comunidad, que nos íbamos a comer un jamón, y se reía a carcajadas; me señalaba sus piernas enfermas por la circulación de la sangre y me decía que no podía. No había pasado una semana y me avisan para hacer un funeral, y al llegar me doy cuenta de que era mi amigo Juan, el político. Ni que decir tiene que en la homilía hice referencia a sus caracoles y al modo de vivir que yo había descubierto en su casa con su familia.

Hoy, al escuchar el evangelio: «El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos solo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro», no puedo menos que acordarme de él y traerlo a mi oración. Me siento muy agradecido a su acogida y cariño con respecto a mí, en gratuidad y generosidad.

Jesús, limosna pobre para los pobres

Jesús marca el verdadero horizonte de la Iglesia de los pobres cuando invita a ejercer en el silencio la generosidad, la entrega, por respeto máximo al que necesita, al pobre que se atiende. Se trata de la experiencia del Padre, que es generoso y callado en el don de cada día y que se da en lo oculto, sabiendo lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.

La pobreza evangélica tiene mucho de callado y oculto. Ser pobre es ser silencioso, vida oculta. Cristo pobre, en su generosidad oculta, es luz divina y silenciosa, reflejo del Padre. Una luz que no se oculta, que se da en medio del vivir y la realidad de cada día, pero no se luce ni se busca. La Iglesia de Cristo está llamada a dejarse iluminar por su Espíritu y vivir su generosidad, haciéndose limosna de lo diario de un modo callado y fecundo.

En este vivir, la Iglesia de Jesús descubrirá la sabiduría de los pobres que se saben vivir «con el pan de lo cotidiano, en cada hoy…», y decidirá «no amontonar tesoros en la tierra, sino en el cielo, sabiendo que donde está su tesoro allí estará su corazón». Ella se sentirá llamada a estar centrada en Cristo y en los pobres con los que él se identifica. En tal pobreza se liberará de preocupaciones puramente terrenas y acumulativas para buscar el Reino y su justicia, confiados en la generosidad del que nos llama a servir a los demás, sabiendo que cada día tendrá su propio afán.

Oración ante tí Señor:

"Hoy deseo estar en tu generosidad, Señor. Yo quiero llegar contigo, que me conduzcas a la verdad de la limosna humilde y sincera en el corazón del Padre y en el tuyo; dame tu Espíritu para encarnarla en mi propia existencia personal y ministerial, en el servicio a la Iglesia y al mundo, en el encuentro con mis hermanos, los pobres. Libérame de la miseria de servir al dinero dejando que me impida amarte a ti y ser libre en tu bondad. Dame la grandeza de saber vivir confiado en ti, fuera de seguridades instaladas y mundanas. Ayúdame a vivir de lo cotidiano en la comunidad, compartir lo que soy y tengo, saber hacerme y entrar en el pan del nosotros comunitario, donde el dinero se usa con libertad fraterna y no se cae en la impureza de una falsa compatibilidad. Quiero confesar con mi vida y mi ministerio que realmente creo en una Iglesia pobre, porque solo siendo así puede ser generoso como tú."

Acordes encarnados:

48. JUAN “POLÍTICO”, HOMBRE GENEROSO | A. Calvo & P. Monty

Juan “politico”,hombre generoso

Juan, “el político”, sin discurso ni afán,

lleva su cruz como quien sabe amar.

Cuida a su esposa, cuida a su niña,

y en cada gesto la luz se adivina.

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