José de Nazaret y el Dios de los sueños

Julián, un nonagenario que sigue soñando

El sueño, lenguaje de Dios

Valdría como título divino «El Dios de los sueños». El hombre creyente se define por ser un soñador que sabe ver su vida como la ve su Señor, el que lo fundamenta y le configura en el horizonte del amor y la salvación. Lo propio de la religión cristiana es el testimonio de que las promesas que generan sueños en las personas se cumplen y que está permitido abrirse al futuro con las claves de la ilusión y del cumplimiento de lo que soñamos en el corazón.

El sueño de José
El sueño de José

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

Vidriera en Guadajira (De Ramón Casillas)
Vidriera en Guadajira (De Ramón Casillas) | Jose

Mateo 1,16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor, que le dijo:

–José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Soñar despierto: mis primeros noventa años

Me emociona cuando me llegan testimonios de personas que no se agotan en los sueños, sino que beben y viven de ellos, aunque sospechen que no los van a ver realizados. Vivir desde lo que se sueña y dejar que sea Dios quien avale y anime nuestro deseo despierto es el sino de muchas personas. Así ocurre con Julián Díaz, ese compañero de Cáceres con quien comparto espacios de reflexión y profundización en el grupo de consiliarios de acción católica en Extremadura; con motivo de sus noventa años nos hace esta confesión creyente de soñador confiado en el proyecto de Dios que no se acaba y que sigue moviendo a la esperanza:

Grupo consiliarios extremeños
Grupo consiliarios extremeños | José Moreno

Agradecimiento y sueños

Tomo el título de otro colega que puso este mismo título hace años. No viene mal reflexionar en esta cúspide del tiempo.

Agradecimiento.

Es el primer sentimiento que me sale del corazón, agradecer a la vida y a Dios por haber llegado a esta cumbre de la existencia. A lo largo de mi caminar vital son muchas las personas que he tratado y que constituyen como los hitos o llamadas a los que he tenido que responder con más o menos acierto; desde los compañeros con que he tratado en los distintos organismos de educación y estudio por los que he pasado, como los Seminarios de Coria y Cáceres, las universidades que he frecuentado de Comillas, el Instituto Católico de París y el Instituto Superior de Pastoral de Madrid. Después, la cantidad de personas a las que intentado acompañar humanamente y en la fe en Valverde del Fresno, Arroyo de la Luz, en la parroquia y, sobre todo, en la JOC de emigración en París. Después, en todo el trabajo en la diócesis, especialmente en el barrio Llopis y en la parroquia de Guadalupe. Y, sobre todo, el amor y acompañamiento de mi esposa y mis hijos y sus compañeras, y ahora de mi nietecito. Solo me sale el verso de aquella canción de Latinoamérica que he cantado muchas veces: «Gracias a la Vida, que me ha dado tanto…». Solo que Vida la pongo con mayúscula, porque creo que Dios estaba en la trastienda de todo este caminar.

Sueños.

Sigo soñando, aunque mis sueños no los voy a ver cumplidos; tomo el ejemplo del teólogo Víctor Codina, a quien admiro, que escribió un librito precioso, Sueños de un viejo teólogo. Yo, sin la profundidad y extensión suya, también quiero soñar. A nivel social: sueño con una sociedad española en la que los políticos piensen y actúen mirando más al conjunto del pueblo, especialmente a los de abajo, que a sus ideologías e intereses partidistas. Y sueño con que en el conjunto del mundo haya más justicia y se atienda a los millones de pobres existentes. Sueño con que el dinero y el poder no sean los que dominen y maten a las multitudes de los más pobres.

A nivel eclesial: sueño con una Iglesia en la que se viva y se lleve a efecto una sinodalidad radical o corresponsabilidad de todo el pueblo de Dios, con todas las consecuencias de igualdad real de todos los fieles, incluidas las mujeres. Lo cual supondría caminar como pirámide invertida, en la que sea el pueblo seguidor de Jesús quien elija a sus responsables. Pero para eso haría falta que todos, jerarquía y fieles, asumieran –asumiéramos– de verdad su responsabilidad de seguimiento radical a Jesús de Nazaret, el Cristo y Palabra de Dios hecha carne de nosotros. Que se prime la fe o el seguimiento a Jesús antes que las organizaciones externas de la religión.

Sueño con una relectura de los dogmas y normas eclesiales y morales a la luz del Evangelio, para hacerlos más digeribles y significativos para el hombre de hoy. Por lo mismo, sueño con la opción voluntaria del celibato para los que quieran servir como presbíteros a las comunidades cristianas. Igualmente, sueño con la no discriminación de la mujer para todos los cargos y responsabilidades eclesiales.

Sueño igualmente con una revisión a fondo de todas las celebraciones sacramentales, para hacerlas más comprensibles y significativas para los fieles actuales.

Sueño con una Iglesia concretada más en pequeñas comunidades vivas que en las grandes manifestaciones religiosas.

Sueño con una Iglesia jerárquica y de grupos cristianos que se comprometa en una línea más profética en la denuncia de todas las situaciones de injusticia, opresión y mentiras de la sociedad y sus dirigentes.

Sueño con que los verdaderos seguidores de Jesús vivan también el compromiso social y político en favor de los más necesitados, como modo también de vivir su fe en la caridad social y política.

Julián Díaz Lucio

febrero de 2025

Toda la vida es sueño

Mirar el universo, todo el cosmos, y descubrirnos a nosotros mismos en él es un misterio que nos desborda y una lógica que no abarcamos ni logramos entender de ninguna manera. Solo la lógica del sueño esperanzado y amoroso puede ayudarnos a adentrarnos en el misterio de lo que somos. La historia es para nosotros el lugar en que se encuentran dos libertades, la de Dios, que está movida por una voluntad de darse y amar, y la del hombre, que está llamada a la confianza en su último fundamento. La salvación viene por el encuentro, siempre propiciado por un Dios que sale continuamente en busca de un ser humano que pierde fundamento y horizontes por su ceguera y limitación.

El Reino se va desplegando como promesa de un sueño divino que no cesa en el deseo del encuentro verdadero y definitivo del Creador y de la criatura, para llevarla a la plenitud del amor.

Saber ver y soñar en ese guion es el quehacer de los profetas, que intentan por todos los medios abrir los ojos del pueblo para que, saliendo de su ceguera, se adentre en un futuro de esperanza. El Señor sigue empeñado en realizar sus promesas e invita a soñar continuamente, para eso busca colaboradores que sepan despertar para que se pueda cumplir lo soñado.

Acordes encarnados:

22. PASTOR NONAGENARIO AGRADECIDO | A. Calvo & P. Monty

Creyente nonagenario agradecido

 Agradezco, Vida mía,

este sol que aún me abraza,

la jornada ya cumplida

y la calma de mi casa.

Gracias doy por los caminos

que mis pasos han hollado,

por la cumbre de estos años

y el amor que me ha guiado.

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