Vivimos en un mundo digital que condiciona nuestras relaciones, pero también en un sistema capitalista que marca nuestras oportunidades, nuestros límites y hasta el futuro que podemos imaginar. Y como jóvenes creyentes, tenemos claro que nuestra acción nace de valores concretos del Evangelio
Transcribo la entrevista, publicada en la Opinión de Murcia, que Pedro J. Navarro ha realizado a Rubén Serrano, presidente saliente de la Juventud Estudiante Católica que celebra su 40 asamblea en Murcia en san Pedro del Pinatar. Es un movimiento especializado que acaba de celebrar su 75 aniversario de existencia en España. Es un movimiento al que he estado ligado como consiliario, desde Mérida-Badajoz, treinta años y que ha marcado mi ser y mi hacer ministerial. Sigo unido y celebro lo que me está llegando de la cuarenta asamblea general. Agradezco el servicio de los que han dado su vida estos últimos años - Rubén, Julia, Manolo, Sara y Carmen- y acogemos a los que se incorporan para este servicio de entrega y apostolado juvenil en la acción católica especializada.
Rubén Serrano: "Somos la generación más formada y la que menos puede emanciparse"
San Pedro del Pinatar acoge esta semana la 40ª asamblea general de militantes de la organización y el que es su máximo responsable habla de los retos de la Iglesia y de la Administración para con los jóvenes
San Pedro del Pinatar acoge durante esta semana la 40ª Asamblea General de Militantes de la Juventud Estudiante Católica (JEC), a la que asisten unos 70 jóvenes de ocho diócesis españolas, entre ellas la de Cartagena. Rubén Serrano, responsable nacional del movimiento hasta el domingo, es biólogo, extremeño de Plasencia, migrante por vocación y militante por convicción. En este diálogo desgrana con detalle los desafíos que atraviesan a la juventud y el papel que la Iglesia y la sociedad deben asumir para no perderla de vista.
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¿Ha respondido la Asamblea a los objetivos que teníais previsto?
Pues sí, ya que están siendo unas jornadas de trabajo muy intenso. Hemos abordado cinco bloques fundamentales. Empezamos con salud mental y redes sociales, porque es imposible entender la vida juvenil sin ese impacto. Después trabajamos consumo, preguntándonos cómo podemos transformar nuestros hábitos desde nuestra condición de jóvenes. Luego entramos en algo muy propio de la JEC: la vocación estudiantil, cómo poner nuestros estudios al servicio de la igualdad y de las personas más empobrecidas. También hemos profundizado en espiritualidad, en nuestro ser acción en el mundo desde el compromiso creyente. Y ahora estamos con el cuidado, articulado en cuatro ejes que atraviesan la vida social: patriarcal, colonial, de clase y antropocéntrico. Es un análisis muy estructural, muy honesto.
¿Son esos cinco bloques los que pueden hacer una radiografía de la realidad juvenil actual?
Sí, sin duda. Vivimos en un mundo digital que condiciona nuestras relaciones, pero también en un sistema capitalista que marca nuestras oportunidades, nuestros límites y hasta el futuro que podemos imaginar. Y como jóvenes creyentes, tenemos claro que nuestra acción nace de valores concretos del Evangelio. No actuamos desde la nada: actuamos desde una espiritualidad que nos sostiene y nos orienta.
"No actuamos desde la nada: actuamos desde una espiritualidad que nos sostiene y nos orienta"
¿Constata en la actualidad esa búsqueda de espiritualidad que se atribuye a la juventud?
Muchísimo. Venimos de una pandemia que nos dejó muy solas, y cada vez tenemos menos espacios para parar y preguntarnos quiénes somos. Se nos empuja a llenar el tiempo con actividades, productividad y ruido. La gente joven está buscando lugares donde encontrarse, donde pensar su relación con lo espiritual, con lo profundo, con lo que da sentido. No es una moda: es una necesidad.
¿Qué dificultades encontráis para que más jóvenes se acerquen a la JEC?
Primero, la crisis de participación. No solo en jóvenes, porque las asociaciones, sindicatos, partidos, etc. también la están sufriendo. Vivimos en un mundo que no deja tiempo y que nos mete el individualismo en la cabeza. Segundo, la sobre productividad. Sentimos que tenemos que hacer mil cosas además de estudiar: idiomas, deporte, cursos…, y eso dificulta cualquier compromiso sostenido. Y tercero, nuestro ser creyente. Hay prejuicios hacia la Iglesia y hacia la religión. Por eso trabajamos mucho en mostrar qué modelo de Iglesia proponemos desde el Evangelio, qué espiritualidad puede responder a las realidades juveniles. No es llegar un día y ya está: es un proceso.
¿La Iglesia está siendo receptiva a la realidad juvenil?
Sinceramente, creo que no, y lo digo con cariño pero con claridad. Trabajar con jóvenes requiere tiempo, y es más fácil llenar bancos de las iglesias que acompañar procesos. Además, cuesta escuchar. Se infantiliza mucho a la juventud y hay miedo a que pensemos críticamente. Eso también pasa en la Iglesia. Pero estoy esperanzado: cada vez más parroquias y comunidades nos abren sus puertas y ven en la JEC una oportunidad para conectar con los jóvenes que ya tienen cerca.
¿Los jóvenes son cada vez más conservadores?
No lo creo. Somos más críticos con los sistemas. El Consejo de la Juventud de España, con su proyecto ‘Democracia con Z’, muestra que no es falta de democracia, sino falta de escucha. Cuando no se generan espacios reales de diálogo, lo que surge es distanciamiento, no conservadurismo.
¿Existe una brecha que separa a la generación adulta y la joven?
Sí, enorme. Las personas adultas vivieron los estudios como ascensor social. Hoy somos la generación más hiperformada y la que menos puede emanciparse. Tenemos una tasa de desempleo enorme y una de las emancipaciones más bajas de la historia. Hay que preguntarse si la forma de educarnos responde al mundo actual o a uno que ya no existe. O si seguimos repitiendo un modelo que funcionó hace décadas pero que hoy está roto.
"Creo que la iglesia no está siendo receptiva a la realidad juvenil; lo digo con cariño, pero con claridad"
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¿Dónde se puede construir esperanza?
En la escucha. En sentarse con nosotros, con la juventud y preguntarnos: ¿qué vivís?, ¿por qué no conseguís empleo?, ¿qué necesitáis? Las administraciones públicas deben incluirnos como protagonistas. No vale hacer cosas «para jóvenes» sin los jóvenes. Eso es paternalismo.
¿Qué papel juega el cuidado en vuestra reflexión?
El cuidado lo engloba todo. No es solo lo asistencial: es reflexionar sobre nuestros privilegios y cómo generan desigualdad. No es lo mismo ser hombre que mujer, europeo que africano, clase media que familia empobrecida. Todo eso genera descuidos sociales. El cuidado implica preguntarnos qué mundo queremos construir y qué relaciones queremos tener. Y desde nuestra fe, qué esperanza queremos traer.
¿Qué balance hace de su responsabilidad al frente de la Juventud Estudiante Católica de estos tres últimos años?
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Muy positivo. En este mandato de tres años acompañando procesos y coordinando el equipo permanente de la JEC, a nivel personal, he crecido muchísimo. El Rubén que entró hace tres años no es el mismo. Y como movimiento, hemos avanzado: estamos reflexionando sobre los problemas reales de la juventud y tenemos presencia en espacios eclesiales importantes. Me siento orgulloso de haber acompañado procesos en las diócesis y de haber propuesto materiales que responden a lo que necesitan las personas jóvenes.
N.B.- Más información del desarrollo de la asamblea ofrecido por Pedro J. Navarro:
Vivimos en un mundo digital que condiciona nuestras relaciones, pero también en un sistema capitalista que marca nuestras oportunidades, nuestros límites y hasta el futuro que podemos imaginar. Y como jóvenes creyentes, tenemos claro que nuestra acción nace de valores concretos del Evangelio