Marina, en duelo, con su comunidad de fe y esperanza en la eucaristía

La serenidad de una madre que alimenta su duelo materno en la eucaristía sencilla de la comunidad parroquial. El domingo día de curación y esperanza, aun en el mayor dolor.

Ayer para la celebración de la Asunción recurríamos a la imagen de Isabel, madre de Inesu, que falleció hace un año y escuchábamos el magníficat de la hija sobre la madre, la gloria sembrada por esa mujer sencilla en su hija. Esta mañana, la imagen es al a inversa, llegaba a la parroquia para unirse a la celebración dominical en Guadajira, Marina que recientemente ha sufrido la pérdida de su hija joven. La enfermedad en su última etapa le había impedido estar con nosotros. Hoy llega con rostro sereno y tranquilo al templo como casa familiar, donde uno viene con su vida y su dolor, para encontrarse con Cristo Resucitado en medio de los hermanos. Nuestra comunidad parroquial, muy débil y siempre en ciernes, hoy celebramos con su estar y su sentir. Ojalá sepamos ser alivio y consuelo para su dolor y aflicción. Ya el hecho de venir y querer estar es un signo de esperanza y de lucha. La última palabra no la tiene la muerte sino la gloria, como decíamos ayer en la celebración de la Asunción de la virgen.

Marina, madre e hija.
Marina, madre e hija.

La esperanza de una madre, Marina

Recuerdo al entrar en la habitación del hospital como en el abrazo Marina, Madre, me decía. "este dolor no lo esperaba yo ya en mi vida". No lo esperaba, pero le ha tocado vivirlo, una antigua compañera de trabajo en Galerías Preciados, y amiga de ella, me comentaba en las redes que el dolor sin duda es muy fuerte, pero que Marina lo va a saber llevar con fortaleza y serenidad. Es verdad que le estoy notando una serenidad en este proceso último, hasta en el mismo sepelio, donde se unía a los cantos religiosos de la celebración con mirada fija y atenta en el altar.

Ayer en la eucaristía de la fiesta de la Asunción, el grupito de personas que estuvimos en el templo, reflexionamos sobre todo lo que nos tocaba asumir y vivir en la vida y hacíamos referencia a lo que ahora tiene que vivir esta familia cercana y querida para todos. Hoy Domingo, me da una gran alegría, ver entrar en el templo a la madre, también en un abrazo profundo, me expresa que ayer tenia intención de venir, pero tuvo que esperar y acoger a Pablo, quien ha sido la pareja de su hija.

Me alegraba su presencia, con este dolor reciente, porque expresa mucho para nosotros pobres cristianos de este comunidad tan pequeña y débil.Con su participación nos reconoce como comunidad suya, como lugar propio, donde puede venir a descansar con su dolor, y a alimentarse de esperanza en este momento que desea vivir bien, pero que teme que la debilidad le pueda.

También nos da la oportunidad de expresarle nosotros nuestra solidaridad y fraternidad en su momento de dolor y de sufrimiento, cómo nos gustaría ser alivio y verdadero consuelo en su momento vital. De algún modo esta celebración, con ella, hace verdad el Domingo como día de resurrección y de esperanza. Necesitamos la eucaristía de los Domingos, para no perder el horizonte para el que nacemos y para el que estamos destinados, un mañana de luz, de vida, de amor, de resurrección, de criaturas nuevas en un mundo nuevo. Cuando un familiar se marcha y pasa por la muerte, los cristianos seguimos en comunión con ellos espiritualmente y el mejor modo de expresarlo está en la participación en la eucaristía donde se actualiza el misterio de la resurrección de Cristo y en ese misterio nos unimos, más allá de tiempo y espacio, con toda la creación y con toda la humanidad, y por ello con todos nuestros seres queridos.

Hoy al celebrar, al partir el pan de la eucaristía y beber el cáliz, recordaba yo momentos de compartir en los que estuvo ella con sus padres y que yo también acompañé, hoy la mesa contaba con ella como una más resucitada, y yo la veía y sentía abrazada a su Madre y a todos nosotros.

Me alegra ahora ver esta foto en las redes elegida por su madre. Unidas en el nacimiento, en la niñez, en la juventud, en su muerte y ahora, desde nuestros límites, en su gloria. Inseparables por el amor la madre y la hija. La eucaristía de hoy lo ha dejado claro: este el sacramento de nuestra fe, la verdad de nuestra esperanza, en medio del duelo se abre la luz de un Dios que no nos abandona nunca a sus hijos, y que en la muerte nos abre las puertas de su paraíso para celebrar ya eternamente la misericordia y la alegría.

Ahora su sitio en la Eucaristía de Guadajira es sagrado y allí estaba hoy su madre para dar testimonio de ello: Su hija, no está muerta, duerme y aguarda la luz del despertar de la resurrección donde encontrará la vida eterna junto a todos nosotros y toda la creación. Hoy en la comunión sentía y pensaba yo que estaban comulgando las dos juntas al darle la sagrada forma a la madre. Ya son inseparables en el germen de esta vida eterna ya comenzada en su juventud acabada. Aleluya, en medio del dolor. Gracias Marina, por tu sencillo testimonio de fe asistiendo y participando en nuestra eucaristía parroquial.

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