Un duelo compartido: familia, pueblo, parroquia
Marina, pasa a la mesa de tu Señor
Un duelo compartido: familia, pueblo, parroquia
Homilia funeral Marina
El silencio de la comunión en el dolor y la esperanza
Hoy es el silencio quien preside en nuestro pueblo y en nuestra iglesia. El dolor se apodera de corazones y la mente no puede para en sentimientos de pregunta y de cuestionamiento del sentido de la vida. La tristeza se apodera de nosotros y no podemos entender ni ver… sólo acoger.
Pero no somos pasivos, no es un silencio de paralización de corazones y de sentimientos, sino más bien expresión de lo contrario: no queremos la muerte, no nos conformamos con la nada, con el vacío… y lo expresamos en comunidad, haciendo un duelo comunitario, buscando que pueda ser consuelo de los más dolidos, y deseando que se abra un hueco a la esperanza en los que más rotos están y más lo necesitan.
Hoy hemos traído el cadáver de Marina a nuestro templo. Al mismo en que se bautizó, recibió la comunión, en el que ha rezado y mirado al Cristo crucificado que nos preside, donde habrá puesto sus sueños, sus culpas, sus proyectos, sus necesidades, sus peticiones… Pero más que su cadáver, estamos aquí por su persona y por su vida, que no nos es ajena sino propia.
¿Quiénes estamos aquí?
Familia: Padres, pareja, hermano, tíos, primos… Estáis aquí porque lo vivido con ella y desde ella, no es nada, sino que es mucho, hoy es todo. Y se va a hacer eterno, no lo vamos a enterrar lo vamos a celebrar. Celebrar la vida de familia. Ella ha sido; hija, hermana, pareja, sobrina, prima… Y eso no tiene valor crematístico ni comercial, eso es un valor sagrado. Hoy estamos aquí, frente a la muerte, diciendo con nuestra presencia y nuestro dolor que la familia tiene un valor sagrado. Aunque haya pecados entre nuestras familias, divisiones, juicios… hoy desde ella y con ella, afirmamos que la familia es un valor frente a la muerte, que se empodera de nosotros y no nos deja en la NADA. El amor es más fuerte que la muerte. La muerte no puede quitar la caricia, la ternura, el perdón, la cercanía… Cuando rompemos la familia, le damos una baza a la muerte, cuando la cuidamos sembramos vida. Y podemos decir que merece la pena vivir.
Pueblo:
En Guadajira se vive bonito. Hoy parece que en Guadajira se vive el dolor, la pérdida. Pero no es lo mismo morir en el anonimato de una urbe que en la cercanía de un pueblo pequeño. Hoy está aquí Guadajira -sin excepción- hoy es el pueblo el que sufre una pérdida. En estas calles ha nacido, crecido, amado, leído, reído, llorado, jugado, bailado… forma parte de esta historia y de este cuerpo. Como dice san Pablo, cuando en el cuerpo un miembro sufre, sufre el cuerpo entero, aunque sólo se el dedo más pequeño el que esté enfermo. Hoy frente a la muerte, nosotros gritamos que es importante la ciudadanía, saber vivir en el encuentro y en el reconocimiento mutuo. Hoy no entramos en el juicio y en la excusión del que tiene o no tiene, del que es listo o torpe, el que tiene muchas capacidades o pocas. Hoy nos miramos todos como necesarios, siendo unos partes de otros. Y desde ahí miramos a Pablo y Marina, con sus proyectos de vida en el pueblo, sin olvidar nunca esta referencia y teniendo su mirada futura en el compartir la calle y la historia de este pueblo para vivir bonito, pero con todos.
Trabajo: su profesión, su autonomía, su feminidad. El compromiso de una sociedad trabajadora y profesional.
En la Iglesia. Fue en este templo en el que conocí a Marina en una celebración me saludó con cariño y cercanía, diciéndome que era hija de Marina y José, hermana de Alberto, con los ojos vivos y alegres, y sus labios de optimismo. Desde entonces familiaridad hasta en la mesa de la fiesta comunitaria, así como presencia en momentos de dolor de familiares de Pablo. El otro día Conchi me manifestaba que cuando ocurriera lo que se veía inevitable que, si yo podría venir, porque me veían como parte de este proceso y deseaban que estuviera yo. Mi opción por vosotros me hubiera planteado el interrogante fuerte de venir, pero bastó esa insinuación para no tener ni que pensarlo. Aquí estoy con vosotros, porque una parroquia en un pueblo no debe ser una institución, aunque lo sea, la religiosidad no son formas, aunque tengamos liturgias, la parroquia es comunidad, personas que comparten forma de pensar, de sentir, de actuar según Cristo. Hoy estamos aquí en este templo que queremos adecentar, en esta Misa por Marian, porque necesitamos de una comunidad cristiana que se una en el dolor, en la acción y en la esperanza de la fraternidad. Ante la muerte solo Dios nos puede sacar de la NADA. Y la comunidad nos lo dice con claridad. Creemos en Cristo en su muerte y su resurrección.
Estar preparados:
Damos gracias a Dios por tu persona y tu vida como nos ha dicho tu familia hoy:
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