Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
"La PAZ con vosotros" Adiós don Miguel
Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
DOMINGO II DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían:
–Hemos visto al Señor. Pero él les contestó:
–Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
–Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás:
–Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
–¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo:
–¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre. Juan 20,19-31
Domingo de la misericordia y de la PAZ
Un signo de hoy mismo envuelve la muerte de gloria, misericordia y de amor esperanzado. El divino Maestro resucitado abraza a don Miguel que termina su carrera por este mundo, siendo acompañado en el último tramo de su caminar con un joven migrante, Santi, y su esposa Marisa. Una comunión de hogar y de paz. Como Tomás vemos y creemos desde la vida y en la vida, cuando metemos nuestros dedos en la vulnerabilidad dolida y en el corazón emocionado.
Efi Cubero: poesía para la paz
Traigo a colación en el contexto que vivimos el deseo de paz al que invita constantemente el Resucitado en los encuentros pascuales. El fruto del encuentro con Cristo se verifica en la experiencia de la paz profunda. Sirva de muestra este poema, creación de Efi Cubero, poeta de la profundidad y la metafísica de lo humano y la vida. Tuve el honor de que me lo dedicara:
A José Moreno
Un solo verso, solo un verso solo,
concentra un sentimiento existencial de fuerza subversiva.
Dad a los seres aire y alimento.
Trabajo, luz y sueños. Realidades tangibles. Propiciad la frescura de un agua que sonría, nunca la sal helada que sirva de sudario.
Ofreced árbol vivo.
La melodía del árbol
que penetra el misterio de cada partitura. Sedimentos narrables que resguarden, huellas donde fundar.
Cobijo de los muros sin alarmas. Sueños sin alambradas.
Que nunca la violencia acalle voces de paz y de esperanza,
ni las risas del niño ni el amor ofrecido.
Que nunca sea la guerra
la que otorgue su tributo de sangre, su barbarie homicida.
Frente a la realidad de los violentos hay seres tan angélicos y enormes, heroicos e imprudentes,
que se abren para dar. Son como las palabras:
cuando todo se pierde, abrazan y consuelan.
Son de contacto y reconciliación. Curan.
Y casi siempre nos desarman.
Los trozos de gloria y el pan de la vida
El evangelio, que nos presenta la pasión como el camino de la resurrección, nos anuncia también que la vida estará llena de destellos de esa gloria esperada que es necesario detenerse para contemplarlos y para dejarse habitar por su gozo, su quietud, su paz, su gusto. Estamos llamados a comer los destellos de gloria, los trozos de pan resucitado que el Padre nos da para que no decaigamos y nos sirvan en los momentos de desmayo en la vida. Entre esos destellos no están el relámpago ni en el terremoto, sino las cosas de cada día, las personas que nos rodean y, sobre todo, nosotros mismos y en nuestro interior.
El grano de trigo, la levadura en la masa, la semilla de la mostaza, la moneda perdida y encontrada, la oveja sobre los hombros, el sembrador, la limosna pequeña de la viuda, los lirios del campo… ahí está la fuerza del Viviente, del Hombre nuevo resucitado. El Resucitado no llega a la fuerza ni obligando, aunque tiene todo el poder, no impone, ni quiebra, ni rompe, aunque le ha sido dada toda autoridad. Continúa en medio de nosotros, en la casa, la familia, el pueblo, los caminos, los lagos, los márgenes de la vida. Las cuentas están claras en la sencillez y la humildad extrema, la tumba no puede retener ni acabar con el amor de Dios que se ha manifestado en Jesús de Nazaret. Ya nada podrá separarnos de ese amor, ni la misma muerte que ha sido vencida y ultimada en una vida que nunca acaba porque está llena de plenitud, vida gloriosa y eterna.
Es necesario estar vigilantes en lo ordinario para sentir y alimentarnos de lo extraordinario que ahí se encierra. Los cristianos vivimos porque comulgamos el pan de la gloria, el cuerpo de Cristo resucitado y glorioso, lo veneramos y adoramos en la eucaristía, donde se nos hace realmente presente en el pan, pero lo vislumbramos y lo tocamos en el quehacer de la historia, donde su Espíritu de resurrección está actuando permanentemente mucho más allá de nosotros mismos y de todos nuestros controles. La tarea está clara, cada día podemos entrar en los clavos sanados y sanantes de Cristo en la humanidad, en su lanzada resucitadora y vivificante para los ahogados y excluidos de la historia y de la vida, para los crucificados de hoy.
Los excluidos y los desesperanzados ya tienen valedor, porque Dios en Cristo se ha identificado con ellos, y ahora lo que se haga a cualquiera de ellos se le estará haciendo al mismísimo Dios. Es por ellos como nos llega la salvación y la realización más plena en nuestra vocación humana: «Venid vosotros, benditos de mi Padre». A este título nos sentimos llamados para ser glorificados junto con él y toda la humanidad, sin exclusión ni desesperanza alguna.
El beso de don Miguel , Marisa y Santi.
Don Miguel, como Santi le llama hoy en domingo de resurrección ya ha sido sedado para morir en paz. En los últimos días ha sido consciente de que su camino ya se acababa en esta tierra y que lo espera, como él decía, el Divino Maestro. En estos días ha querido ver a sus familiares y despedirse. En la intimidad le ha pedido a Santi que le contara del misterio que le esperaba porque él sabía de su fe y su formación creyente, de este joven perteneciente a una Iglesia Evángelica. Paraguayo de origen, lleva años en nuestra tierra extremeña, y se siente atraído por Badajoz, ciudad en la que se ha encarnado. Y se ha adentrado en ella fundamentalmente con una relación laboral, pero sobre todo familiar, con Marisa y Miguel, acompañándoles en la enfermedad de él. Lo lazos que se han establecido han sido de un afecto, respeto, confianza... entrega verdadera, recordando aquello de "Mujer ahí tienes a tu hijo, hijo ahi tienes a tu madre" esto se ha hecho realidad entre ello. Con este motivo Miguel, en las últimas conversaciones ha querido dejarle claro a Santi que lo quería mucho, le ha pedido que le besara como despedida con el beso de la entrega total, de la relación de fraternidad, le ha llamado hermano... yo lo he oído en la última conversación telefónica cuando lo despedía. Lo traigo hoy aquí como bocado de pan resucitado. Me emociona y lo pongo ante el Padre, pidiendo con Santi y Marisa, que el divino maestro lo lleve con paz y alegría a la gloria y le siga manteniendo el humor y el amor de la vida en la eternidad. Gracias Santi, gracias don Miguel y Marisa... también decía Miguel a Marisa en las últimas horas: ¿Qué vas a hacer con Santi...? como de un ser querido que preocupa. Se marchaba deseando que lo cuidaran y le fuera bien. Amor con amor se paga. Este es el camino de la paz del resucitado.
Acordes encarnados:
Paz
Dad a los seres aire y alimento.
Trabajo, luz y sueños. Realidades tangibles. Propiciad la frescura de un agua que sonría, nunca la sal helada que sirva de sudario.
Ofreced árbol vivo.
La melodía del árbol
que penetra el misterio de cada partitura.
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