De qué le sirve al hombre ganar el mundo... si pierde la vida El precio de la luz y de ¿la vida?

El precio de la luz y de ¿la vida?
El precio de la luz y de ¿la vida?

"Los precios, las horas, el tiempo, la luz, la vida... de fondo una antropología que subyace a la comprensión de un mundo de mercado y de eficacia"

"Y la persona se disuelve y difumina en medidas deshumanizadas y materialistas que van ganando una mente que no apuesta por el riesgo de la ternura y del amor. Estrategias de beneficios que no tienen bien común"

"Pateras de lo humano en un mar de competitividad sin horizonte. ¿Hacia donde caminamos?"

El tiempo, la vida y su valor (Apaga la luz)

¿De qué sirve ganar el mundo entero y el tiempo…si perdemos la vida? Es una clave evangélica que nace de la experiencia de lo humano y ya sabéis de mi insistencia en el aserto de que el evangelio lo que dice es verdad no porque lo diga él, sino que lo dice porque es verdad en la vida. Así es y así lo estamos viviendo ahora mismo.

Nos acaban de lanzar una campaña sobre los nuevos precios de la energía en función de los horarios de consumos. El otro día oía como en la hostelería y restauración ya se comenzaba a hacer lo mismo, que según el día y la hora de consumo los precios iban a variar. Ya hace mucho tiempo que nos lo hacen en los pasajes de avión, que puedes ir sentado al lado de alguien que ha pagado diez veces menos o más que tú por el mismo servicio trayecto y en el mismo momento, pero que varió la hora de adquisición del boleto.

Recuerdo que, en las reflexiones filosóficas de antropología, del ser humano como ser en el tiempo, esa categoría kantiana constitutiva de nuestro vivir y ser, se distinguía entre el tiempo pensado y el tiempo vivido. Lo que era una medida del tiempo y lo que era la vivencia del mismo, bastaba para comprenderlo la expresión del minuto que se nos hizo eterno y del año que se pasó volando.

Ahora la medida del tiempo pasa por la economía y por el mercado, la importancia del tiempo y su valor estará condicionado por un coste. Es el mercado el que nos dirá cuando y cómo tenemos que hacer las cosas para que estén bien hechas.

Ni que decir tiene que este tiempo pensado por el mercado, y avalado por las políticas -no de lo humano-, no será igual para todos, habrá grandes diferencias para ricos y para pobres, aunque me dirán que el horario es el mismo para todos, como los grandes supermercados están abiertos para todos. La vida de una familia y sus tareas tendrá que organizarse según indicaciones de la economía si quiere sobrevivir.

Ya hubo quien pronosticó que, con el paso del tiempo, sería éste el que nos conduciría a nosotros y no nosotros a él. El tiempo pensado, medido, comprado se impone y nosotros, siervos del mismo, ante este gran faraón, volveremos a esclavizarnos no para ser más humanos sino para gastar menos, o para enriquecer más a quien organiza nuestros horarios.

No me extraña, conozco a jóvenes que trabajan con horarios organizados del mismo modo que el precio de la energía, ahora dos horas, por la noche una y media, mañana ninguna, al siguiente seis, después dos días de vacaciones y todo por un precio muy asequible para el que dispone de tu vida. Tu tiempo tiene el valor que le da la empresa en función de los pedidos de hamburguesas que ella tenga, tu vida también.

Está claro, el tiempo pensado y mercantilizado se impone sobre el tiempo vivido, humanizado y justo. Y todos como fieles de esa religión del tiempo sagrado por el ídolo del dinero, nos arrodillamos y contemplamos extasiados los nuevos altares y nos entregamos con alma vida y corazón a realizar todos los sacrificios que nos pidan, para recibir las gracias de sus migajas en las horas que nos han marcado.

Perdónenme, pero yo prefiero al Dios de la historia y la valoración del tiempo que hacía Jesús de Nazaret: “Cada día tiene su afán… y de nada sirve ganar el mundo si perdemos el tiempo de la vida”.

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