La comunidad cristiana de Guadajira reza por una de sus hijas en momentos de ultimidad
Estar preparados... Unidos a Marina en fe y esperanza
La comunidad cristiana de Guadajira reza por una de sus hijas en momentos de ultimidad
Estad preparados… Unidos en oración y fe con Marina
Marina vive los últimos momentos vitales asediada por una enfermedad rápida que ha presentado una batalla sin cuartel y sin trincheras. Unos meses y ya está postrada en la zona de cuidados paliativos aguardando la ultimidad de su vida y su historia. Lo hace acompañada por su pareja, sus padres, su hermano, demás familia, y otros con los que ha compartido vida, pueblo, trabajo, juventud, estudios.
En la mañana me informaron en el supermercado, la siempre atenta Beatriz, de que Marina estaba en una situación ya muy delicada en el hospital en un proceso terminal de la enfermedad. Me sorprendió, no tenía noticias previas de la gravedad de su proceso, y me puse en contacto con un familiar, quien me confirmó la situación y me dijo que veía bien que yo me pudiera acercar y estar con ella y sus padres que eran los que hoy estaban allí. Lo comenté con las religiosas carmelitas de Talavera para que lo tuvieran presente en sus oraciones y tras la comida al caer la tarde me dirigí al hospital a la habitación en lo zona de cuidados.
Al llegar me recibió su madre, también de nombre Marina, y ella estaba bajo el sueño de los fármacos. José su padre había salido a adquirir material que les hacía falta. La habitación bien acomodada daba paz y su silencio transmitía armonía al ritmo de una respiración cansada y ayudada. El cuadro simbólico de las murallas de Badajoz acompañaba y hacía que no fuera una sala fría de hospital. Un pequeño frigorífico para sus necesidades, para tener a buen reparo y frescor lo que ella necesitaba.
Nos besamos y abrazamos en el sentir de un dolor calmado y aceptado, a la vez que fracasado y roto. La madre estaba de pie junto a la cruz de la hija, es lo que toca y lo que no se esperaba conocer. La vi con la templanza de la que me había hablado su hijo Alberto, y con la paz que da la fe y la madurez de quien ha sufrido en la vida y sabe estar preparada para un dolor que ahora le parece más fuerte que ninguno. Enseguida me puso al tanto del proceso y del momento que ahora mismo están viviendo, las decisiones y discernimientos que les toca hacer con la ayuda de los profesionales sanitarios, para que estos momentos puedan ser de consuelo y del menor dolor posible, de paz y de despedida serena y amada.
Me dirigí a ella, a Marina, y me sorprendió que entreabrió sus ojos y como en sueño comenzó a hablarme con dificultad, pero con claridad, me decía: “no estoy preparada… no estoy preparada”. Le pregunté que para qué no estaba preparada y fue firme en su respuesta: “Para irme”. Al decirle que ella era fuerte y había hecho muchas cosas buenas, me explicaba que no quería irse todavía. Estar preparado, saber irse… aceptarlo. Es tarea de lo humano y hemos de vivirlo cada uno personalmente, nadie puede hacerlo por nosotros. Ella era consciente de lo que le tocaba y sentía la tensión de la vida. Al rato pedía un helado… es el modo que tiene de alimentarse con los batidos helados… de los sabores que le gustan y que se los trae preparados su pareja Pablo de casa. Como podía, ella misma se acercaba el recipiente de goma con la comida helada y fue poco a poco comiéndola, con ganas y con serenidad. Qué lucha, entre la muerte y la vida. De vez en cuando se dirigía a su padre y le abría los ojos, y a su madre, para preguntar y pedir cosas sencillas, subir un poco su cabeza, la servilleta de papel…o para preguntar por Pablo, su compañero.
Por la mañana había estado comentando con una hermana carmelita lo que el evangelio propone del escriba conocedor del Reino de los cielos y que sabe sacar de lo viejo y de lo nuevo, para entender las claves de la salvación y de la revelación de Dios. Y ahora en esa sala del hospital, la realidad de lo divino y su mensaje de evangelio, se me hacía vivo y verdad en el rostro de Marina, que aun estando en ultimidad física, mantenía su deseo de vivir y luchar. Escuchaba a Jesús que se dirigía a sus apóstoles y seguidores hablándoles de la importancia de saber discernir los signos de los tiempos, y de estar preparados en todo momento con la conciencia de la vulnerabilidad y de la precariedad de las criaturas que estamos tocados de muerte desde que nacemos. Saber vivir en el agradecimiento diario y en la generosidad constante, como el mejor revestimiento para ir de camino siempre, sin ataduras y con libertad. Somos peregrinos sin definitividad en la historia que agarramos como propia.
Desde ahí recogía la fuerza de la madre cuidándola sin cansarse y la ternura del padre que la acariciaba constantemente y le decía palabras agradables y cariñosas. Escuché como su madre la definía en su ser de hija, hermana, familiar, preocupada por todos, trabajadora, fiel, con genio y carácter, heredado de los suyos… y yo oraba al Padre dando gracias, por esa preparación de vida, hecha en lo diario y con la rutina de la lucha por ser persona y vivir lo que amaba. Miraba su cuerpo postrado y su vida todavía joven, y ponía en manos del Padre todo su ser y existir. Así fue la oración que hicimos en familia con el texto de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansado y agobiados que yo os aliviaré…encontraréis mi descanso, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. Dimos gracias a Dios por todo lo que ella había recibido y estaba recibiendo en estos momentos de enfermedad, por todas las personas que la han ido acompañando a lo largo de su vida y por todos aquellos que ahora están pendientes desde la familia, la amistad, el pueblo, los sanitarios, y también nuestra parroquia que ora de un modo especial por ella en estos momentos y por sus padres, pareja y seres más cercanos. Rezamos juntos y recibió la absolución para que nada de mancha estuviera en ella en estos momentos tan definitivos.
En ella recibimos la interpelación de saber y querer estar preparados, libres para poder irnos, con el corazón lleno de obras buenas y de nombres de seres queridos. Ojalá sean multitud los que nos acompañen en el amor. Ahora mismo no hay duda de que Cristo está con ella en su dolor, en su pasión, en su Getsemaní, también en su deseo de permanecer. y lo estará cuando llegue el momento de llevarla ante el Padre llena de luz y de gloria para que tenga vida en abundancia, vida eterna. Ojalá todos sepamos recoger esas palabras de ultimidad de Marina y crezca en nosotros, conscientes de nuestra mortalidad, el deseo de estar preparados, listos de corazón para poder caminar en libertad, sin miedo al encuentro de la vida. Que nuestro pueblo y nuestra parroquia de Guadajira, dándonos cuenta de nuestra vulnerabilidad y pobreza sepamos ser más hermanos, no juzgarnos unos a otros y apostar por un camino de unidad. Ojalá el que se vea débil y con dolor, por la razón que sea en su vida y en su familia, encuentre manos hermanas y amigas, que sin pedirle explicaciones sepan compartir y animar para seguir adelante y aliviar el sufrimiento. Ese es el mejor modo de prepararnos para vivir de verdad y para saber morir humana y creyentemente. ¡Estemos preparados¡ Gracias Marina por tu mensaje y testamento vital. La belleza de tu rostro, que aún nos ilumina, permanezca para siempre en la eternidad de la juventud y del amor. Nos unimos todos en estos momentos desde la oración sincera y profunda. Señor, ten piedad.
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