El absoluto al alcance de las criaturas, un misterio de amor puro para corazones de hoy.
Seducida por el absoluto
El absoluto al alcance de las criaturas, un misterio de amor puro para corazones de hoy.
TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
–Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
–Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
–Levantaos, no temáis.
Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
–No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. Mateo 17,1-9
Un misterio de luz incontable
Debió de ser extraordinario y seguro que creyeron que eso era único. Pero sigue ocurriendo en el corazón de muchas personas, de un modo único e intransferible; así son las cosas de Dios en el corazón de cada ser humano. El Señor está a la puerta y llama, como dice el Apocalipsis, y, si le abres, entra contigo y se queda para siempre, te enamora y te ilumina.
Leydi Diana de Jesús: profesión solemne, enamorada por Cristo
Recuerdo que llegó un día 5 de enero de 2017 al aeropuerto de Badajoz, junto a otras hermanas. Allí estuve yo para facilitar el transporte al convento en el que permanece hasta el día de hoy. Hace unos días viví su profesión solemne, un momento más de su vivencia transfiguradora de encuentro con Cristo. Le pido que nos relate esa luz que la habita y ese amor que siente y desea:
«Si sientes un soplo del cielo, un viento que mueve las puertas, escucha la voz que te llama, te invita a caminar lejos…». Señor, con estas palabras despertaste mi corazón: lo despertaste para ir poco a poco con tu palabra, rompiendo, sanando y consumiendo todo cuanto en él me impide escuchar tu voz y mirar como tú miras.
Gracias por esa invitación a caminar hacia mi interior; reconociendo mi historia, mis heridas, mis pecados, mis virtudes; gracias por levantarme para reconciliarme con mi papá.
Gracias por poder escuchar: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso», porque con ellas abriste mi corazón al sacramento de la reconciliación, después de diez años de estar cerrado, y allí me encontré contigo.
Gracias porque después pude escuchar: «El Señor me llamó desde el seno materno…», reconociendo en esta palabra la llamada a ser cristiana, a vivir en tu Iglesia. Viviendo esta llamada luego escuché: «Por nada me he fatigado, en vano, por viento he gastado mi vigor, pero el Señor se ocupaba de mi causa, me recompensa estaba en mi Dios». En ese momento me cuestionaste y me hiciste ver que mi vida, el sentido, el para qué de mi vida no estaba en mi trabajo o profesión, sino en servirte a ti, pero no sabía cómo, por eso te dije: «Aquí estoy, hágase tu voluntad».
Tú me dijiste: «Sígueme», y como a Abrahán también me dijiste: «Deja tu tierra, tu patria y la casa de tu padre»; a lo cual, con miedo y sin saber adónde llegaría, te dije: «Sí».
Tú me pusiste en camino, guiándome, aunque a veces a oscuras; me has permitido descubrir mi sensibilidad al sufrimiento del ser humano, encontrando en la oración de intercesión el medio para estar en comunión con quienes sufren y sembrar esperanza en ellos; siendo esta la razón por la que te dije «sí» definitivamente a vivir en pobreza, castidad y obediencia cada día de mi vida en la familia del Carmelo Descalzo y en mi casa, que es este monasterio de la Inmaculada Concepción de Talavera la Real.
Por eso hoy te doy gracias y te bendigo, pidiéndote que me concedas tener presente en cada momento la misericordia con la que me has abrazado, deseando abrazar con ella a todo el que esté a mi lado; miro mi pobreza, me encamino y confío en ti.
Caminos de luz y transfiguración
Aquellos apóstoles, amigos entrañables de Jesús, acaban de vivir una experiencia de bienestar interno y místico deslumbrante; les habría apetecido quedarse en ese sentir iluminado para siempre sin preocuparse de nada más, pero una vez más la realidad les sobrepasaba y volvían a la humanidad sola y limpia de ese Jesús tan encarnado y comprometido, ese Hijo amado a quien merece la pena escuchar. Él les deja en medio del misterio invitándoles a esperar para poder ponerle palabra a lo experimentado, es necesario aguardar la resurrección de los muertos. Primero han de pasar por el Calvario.
También nosotros, que vamos viviendo nuestras pequeñas iluminaciones transfiguradoras de nuestra historia, habremos de aguardar ese momento definitivo para entender y poder proclamar con palabras justas la verdad de lo esperado. A veces será desde nuestro Calvario en soledad que ha de arribar a la luz total deseada. Ahora nos queda el reto de saber descubrir los modos, lugares, momentos, personas, vivencias que nos ayudan a sentir luz en el camino duro que a veces se dirige al Calvario y a la muerte; es lo propio del hombre creyente, siempre en parcialidad y como señal, tras las cuales hay que seguir caminando. Todos los días hay pequeños resplandores, rendijas de luz en la historia cercana que descubren los que están cerca de Jesús y caminan con él, tanto en el llano de la vida como en las subidas y dificultades ante la montaña.
Hoy necesitamos la mirada cuidada y contemplativa, en el silencio interior, en la acogida de los hechos vitales, en la profundidad de las emociones, en el diálogo con nuestro Maestro, en los ratos de encuentro gratuitos a los que él nos llama y nos invita. No nos quedemos pasivamente sentados cuando somos invitados a peregrinar por nuestra propia existencia en la búsqueda del sentido y de la luz; avancemos y escalemos en el cuidado de nuestra interioridad, que nos ayuda a ver con claridad la presencia transfiguradora de tu luz en lo diario.
Acordes encarnados:
56. AMOR SEDUCIDO | A. Calvo & P. Monty
Amor Seducido
Por eso hoy, mi Señor,
te digo «sí» con toda mi vida,
en pobreza, en castidad, en obediencia,
cada día, cada herida, cada sonrisa.
Te doy gracias, te bendigo,
misericordia que me abrazó,
y con ese abrazo quiero abrazar
a todo aquel que esté a mi lado.
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