Carlos Benítez y el principio fundamental de Pastoral Univesitaria
En medio de los foros universitarios en los que me muevo se está hablando de la última entrevista que el diario regional Hoy ha publicado con motivo de la jubilación del catedrático de matemáticas pacense Carlos Benítez, donde de una forma irónica hablaba de los profesores universitarios como "señoritos" en medio de la crisis. Los comentarios son de todos los gustos e impresiones, pero de lo que no hay duda es que estas declaraciones no dejan indiferente a nadie, obligan a tomar partido y a valorarlas; no me extraña nada y me lo explico con facilidad, porque para Carlos nada hay indiferente, las cosas le afectan, le tocan, le encienden, le interpelan, le mueven…y tras juzgarlo y reflexionarlo actúa, siempre actúa. Lo hace desde el mejor espíritu, para ello usa del discernimiento, aunque pueda confundirse, y tira hacia adelante aunque pueda estrellarse. Y me pregunto: ¿de dónde le viene esta gracia?
Algunas personas de la universidad me han mostrado su extrañeza, más de una vez, al ver a Carlos ir a comulgar en las celebraciones eucarísticas ocasionales que hemos realizado en el campus, o fuera de él, por conexión con la comunidad universitaria.
Les llamaba la atención cómo se podía unir su militancia activa de ciudadano –incluso de candidato en listas de izquierda a la alcaldía de Badajoz-, académico, político, social y la fe cristiana, cuando lo que nos tendría que llamar la atención precisamente sería lo contrario, una comunión eucarística sin compromiso. Para mí, sin embargo, ha sido un ejemplo de vivencia de la fe en el medio.
Recuerdo cuando me eligieron para ser delegado de pastoral universitaria – ahora me han exonerado de esta responsabilidad y sus cargas, no de sus derechos, pues sigo estando en la Universidad- hace más de tres lustros; era la primera vez que se nombraba a una persona directamente para esta misión, con dedicación prioritaria. Entre los agentes de pastoral universitaria activa encontré a Carlos, un catedrático de matemáticas, que semanalmente se reunía con un grupillo de estudiantes para acompañarles en sus procesos de vida humana, estudiantil y de fe. En mis primeras conversaciones con él me dio una máxima que tengo grabada a fuego en mi interior: “Pepe, que en la universidad nos descubran como personas que venimos a servir y no a demandar derechos o posiciones. Hemos de trabajar porque nuestra universidad sea lo mejor que pueda ser y aportar todo lo bueno que podamos. Que se descubra en nosotros una iglesia que sirve sin pedir nada a cambio… lo demás nos vendrá por añadidura si tiene que venir”.
Hoy cuando él ha culminado esta etapa activa de universitario – porque nunca dejará de serlo- yo proclamo que en lo que a mí respecta, y desde la perspectiva de la fe, ha sido todo un señor y no “un señorito”; ha llevado el tesoro del evangelio, de la buena noticia de la justicia y la fraternidad, en su vasija de barro - a veces poco cuidada con ese vicio de tabaco transgresor- . Seguro que en su carácter están las virtudes que le hicieron avanzar y las formas que le desfiguraron, pero no hay duda para los que le han rodeado que en él han funcionado principios humanos, para mí evangélicos, auténticos.
De formación ignaciana y jesuítica, es un hombre que tiene claro, por una parte , el “principio y fundamento” de la vida, la dignidad y la libertad humana, que a nada ,ni a nadie, se le debe entregar nunca, a ningún precio; y, por otra parte, el principio cristológico de “encarnación”, el que hace que todas las cosas te afecten, te conmuevan y te decidan a tomar partido y a defender la justicia, el derecho, la verdad , sobre todo para los más pobres y débiles. Para ello se ha alimentado incluso de los ejercicios espirituales anuales con compañeros de fe en una tradición que viene desde su juventud y que no ha abandonado. Me encanta la última entrevista porque podemos estar o no de acuerdo con los modos o las formas de decirlo, pero en el fondo no hay duda de que estos dos principios están grabados a fuego y salen a flor de piel.
Otra clave fundamental que he observado y contemplado en tu quehacer integral, ha sido aquello de saber que Maestro solo hay uno, y que nosotros alguna vez en materias concretas podemos saber algo más – aunque llevemos toda la vida con ese teorema que quedaremos incompleto- , pero que discípulos hemos de ser todos. Máxima que la has tenido en cuenta hasta para fomentar la celebración de los pasos académicos de los compañeros desde un fondo común para que no fuera gravoso para nadie, y todos pudieran participar, o para acompañar estudiantes universitarios en convivencias y ejercicios espirituales. Siempre has creído que esta juventud es única y estupenda y que los agoreros ya se quejaban de lo mismo hace cinco mil años.
Has acompañado a otros para vivir juntos compromisos y para arriesgar, como por ejemplo con Vidal, el actual defensor universitario, porque tú crees en las personas; me he dado cuenta que el fracaso te duele pero no te para, ni te convierte, que para ti no vale eso de que “si no le gustan mis principios, tengo otros” con tal de ganar. He sentido como esta universidad, con su tierra extremeña, su ciudad y sus gentes, forman parte de ti, y aunque goces cuando te montas en la embarcación por las rías galleas con tu silbato de jefe de compañía y tu querida familia, hueles a bellota y a dehesa, y con ese olor de santidad vas a llegar al cielo.
Sé de tu generosidad y de tu compartir, de tu participación sencilla en la parroquia y en la misa como uno más en tu banco de la Iglesia de San Fernando, como un hijo pequeño y hermano que necesita del Padre y de la comunidad.
Por todo esto, hoy me siento agradecido como miembro de la comunidad universitaria y eclesial, tú has sido un ciudadano, un universitario, un creyente, que has vivido unificado en la coherencia y el deseo de ser auténtico y limpio, y a mí me has enriquecido e iluminado siempre en el quehacer de la pastoral universitaria. Para mí eres, sin lugar a dudas, no “un señorito” sino todo un señor, tocado por quien es para nosotros el único Señor, Jesucristo, que te ha concedido conocerle y tener sus sentimientos.
Enlace entrevista: Diario HOY. José Moreno Losada. Sacerdote en la Universidad.