Urda en el día de la conmemoración de los difuntos

Volver a lo humano, al cuidado, al bien interno de las profesiones y al sentido auténtico de la política.

Necesitamos que las profesiones vuelvan a ser espacios de pertenencia, de conocimiento, de ética y de servicio. Necesitamos preguntarnos de nuevo que significa ser médico, maquinista, controlador, arquitecto, político, trabajador social, periodista, carpintero, empresario, investigados, docente… o cualquier otra profesión. Necesitamos plantearnos las estructuras sociales y legales, que articulan las profesiones y sus servicios públicos.

IMG_0899
IMG_0899

Vulnerables y mortales

Una vez más llega a nuestras vidas la celebración del día de la liturgia de los difuntos. A los cristianos la Iglesia nos invita a orar por los seres queridos y recordar nuestra condición de mortales para saber valorar la vida y el día a día. Este año la celebración litúrgica viene envuelta de dura y radical realidad desde el accidente ferroviario que hemos vivido en Urda. La noticia corrió rápida como la pólvora y todos quedamos aterrorizados, silenciados, reflexivos, porque la muerte había invadido un espacio, otra vez más, que nadie podía esperar. Han muerto 69 personas y hay heridos de gravedad en los hospitales, junto a ellos todos los que vivieron ese momento y que no dejan de pensar que podían haber sido ellos los fallecidos, incluso aquel que por dormirse no estuvo en su asiento o porque en ese momento fue a la cafetería a tomar un café en otro coche distinto. Los medios de comunicación nos lo han ofrecido en directo todo el proceso y hemos visto centenares de personas, profesionales y vecinos que han hecho propio el momento participando con lo que saben y son. La muerte nos envuelve una vez más y nos deja un mensaje para los humanos.

Nacemos con la consciencia de que somos mortales, tenemos punto de partida no elegido y punto final de la existencia que tampoco está normalmente en nuestras manos ni en nuestras mentes. Deseamos la vida y sabemos de la muerte, pero muchas veces vivimos sin tenerla presente. La colocamos en el último lugar y como algo postrero en el vivir. Sin embargo, esta noticia que nos trae nombres y vidas personales concretas en tramos de vida presentes que han visto rota su trayectoria pensada y querida, nos muestra que la vulnerabilidad es condición de nuestra humanidad. Entre los fallecidos nos hablan de exministros, médicos, investigadores, artistas, migrantes, jóvenes, adultos, mayores… ahora todos igualados por la vulnerabilidad de la muerte. Todos somos vulnerables todos necesitamos de todos.

La vulnerabilidad nos descubre que somos seres trascendentes y capaces del misterio pero que a la vez somos puro barro, arcilla que puede ser truncada con un golpe sin más. Realidad contingente que nos invita a preguntarnos con radicalidad cuál puede ser el verdadero sentido de la vida. Sentimos que lloramos y nos compadecemos de estas personas porque amamos, el misterio del amor se queda solo ante la muerte y le reclama vida, justicia, paz, armonía… Somos lo que amamos y solo cuando amamos. Nos cuesta entender que el sentido de la vida está en el cuidado de los unos por los otros, no hay humanidad si no hay cuidados. El cuidado amoroso es el único que humaniza y da sentido, por eso el amor es la única medicina para el dolor y la muerte. Así será en este caso y en los que lo fueron anteriormente.

Profesionales y bien común

En la mañana de este día cercano a los Santos y los difuntos, me detenía en los detalles de los profesionales que están involucrados en el siniestro y en las consecuencias. Pertenezco a un grupo de profesionales que nos vamos planteando a lo largo de nuestros proyectos de vida el ser y el quehacer profesional, vamos profundizando en el bien interno de las profesiones. Nos damos cuenta de que todas ellas nos dan bienes externos a todos, bienes económicos, de satisfacción, de realización, etc. Pero descubrimos como algo fundamental el bien interno de cada una de ellas que no es lo que logramos, sino lo que damos y ofrecemos a los otros que necesitan de nuestros servicios. Ahí es donde encontramos el verdadero sentido de lo profesional, dando fe de lo que podemos hacer por los demás. Mi ejercicio como profesional viene dado y existe por lo que los otros necesitan y yo puedo ofrecerles. Se entiende que como humano descubro el sentido vocacional de mi vida, me siento llamado a ser con los otros y para los otros, y desde ahí me planteo mi profesión aquello que yo podría hacer durante mi vida que aporte al bien común. Sin embargo, la transformación económica, cultural, política y tecnológica de las últimas décadas ha modificado profundamente la realidad del trabajo y el sentido de la profesión. La progresiva mercantilización del trabajo, la precarización, la pérdida de autonomía profesional y la creciente digitalización han debilitado algunos vínculos que tradicionalmente unían profesión, persona y sociedad. El bien interno y el bien común, han quedado ninguneados y ocultos en caricaturas de éxitos comerciales, ganancias, que no computan el nivel de humanismo en lo que venimos realizando personal, comunitaria y políticamente. Así quedamos mucho más desvalidos y vulnerables ante los golpes y la condición de mortales, puede llegar a priorizarse la ganancia sobre la seguridad.

Humanizar las profesiones y cuidar el bien común

El accidente podría ayudarnos a entender que tenemos delante la gran tarea de recuperar el sentido profundo de las profesiones en el marco de una economía y una política que ayude a recobrar el verdadero valor social de cada profesión, incluido el ejercicio de la política. Necesitamos que las profesiones vuelvan a ser espacios de pertenencia, de conocimiento, de ética y de servicio. Necesitamos preguntarnos de nuevo que significa ser médico, maquinista, controlador, arquitecto, político, trabajador social, periodista, carpintero, empresario, investigados, docente… o cualquier otra profesión. Necesitamos plantearnos las estructuras sociales y legales, que articulan las profesiones y sus servicios públicos. Ojalá llegáramos a comprender que la sociedad es la que nos propicia ser profesionales y que hemos de saber entregarle parte de lo que de ella hemos recibido. Para eso necesitamos reconstruir la sociedad civil, la dimensión política, recuperar espacios de reflexión compartida, fortalecer las instituciones profesionales y educativas y volver a colocar la ética en el centro.

La vida ante la muerte adquiere sentido desde el cuidado que es vivencia del amor, lo que humaniza, en esa dirección está el reto de convertir las profesiones en un acto de fe, de confianza, de verdaderos y necesarios cuidados, aquello que da orgullo, la responsabilidad y la vocación de hacer bien aquello que hemos recibido para ponerlo al servicio de los demás. Renovar el bien interno de mi profesión y el sentido de mi vida es un reto que nos plantean las muertes de este de accidente. Ojalá lleguemos a la muerte llenos de vida y de amor, también como profesionales.

José Moreno Losada. Consiliario del Movimiento de Profesionales Cristianos.

También te puede interesar

Lo último

stats