Extraido de "Trazos de evangeliio, trozos de vida" (PPC) La verdad de las parábolas en una parroquia de barrio (Domingo XI)

La verdad de las parábolas en una parroquia de barrio  (Domingo XI)
La verdad de las parábolas en una parroquia de barrio (Domingo XI) Jose Moreno Losada

Al discípulo que está interesado en el proyecto y que se dispone a discernir el compromiso de un seguimiento se le ofrece en privado las claves interpretativas de todas esas palabras que son parábolas de realidad en medio de la historia y del mundo, como nos sucede aquí a nosotros. El centro escucha de nuestra parroquia abierto al servicio de los que sufren es sacramento real... este año se han acompañado en la escucha a más de cien personas.

Domingo XI TIEMPO ORDINARIO

Evangelio: Marcos 4,26-34

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega». Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Escuchar la palabra y aprenderla en privado

Jesús de Nazaret seduce con la sencillez de las parábolas a los que le escuchan. Es otra forma de ser según el Padre, que siempre ha sido Dios de la Palabra que se hace y se fecunda en la realidad y en sus procesos. La escritura de la Palabra hecha carne es lo que sustenta todo posible cuaderno de vida, hechos que lo son de vida y verdad, de sueños cumplidos, de promesas realizadas, de esperanzas abiertas y fundamentadas. De esto modo se produce un acomodarse al entender del que escucha. 

El centro de la parábola de la escucha

La mañana hoy es muy luminosa, parábola de resurrección y vida encendida. Me dispongo a la tarea de seguir elaborando este estudio de evangelio agarrado al cuaderno de vida. Normalmente busco en lo ya escrito, pero otras veces me sucede lo de hoy.

Estoy leyendo el texto y me llega un wasap del grupo del centro escucha. Lo envía Chema que es ahora el coordinador del centro, antes lo fue Kike. Me emociona ver su nota sencilla: “Cartel de abril de 2013, convocando a quienes estuvieran interesados en constituir un centro de escucha en Badajoz. Ya han pasado diez años”. Adjunta la foto del cartel.

Y yo no puedo menos de leerlo como la parábola de la siembra y el proceso del crecimiento: tallos, espiga, grano. Le llamo y me comenta que han pasado más de doscientas personas que han sido escuchadas en sus etapas de dolor y duelo por situaciones adversas de sus propias personas y situaciones, o por las relaciones con otros. Desde entonces han participado un grupo constante de escuchas preparados y en continua formación. Es el centro de escucha San Camilo-Guadalupe, ubicado en nuestra parroquia.

Recuerdo el proceso hasta aquí.  Comenzamos un trío de personas inquietos y poco a poco hasta aquí. Después la espiga y los grans… Un misterio de escucha que ya es realidad. Ahora mismo se están escuchando a veinte personas en sus procesos de duelo humano – fracasos personales, muertes de familiares, enfermedades, paro, separaciones matrimoniales, problemas educativos- y nueve escuchas que se preparan para servir más y mejor, para ejercer el amor en el dolor, acompañar desde una escucha activa y cualificada. Lo hacemos en red con todos los centros de España. ¿Cómo no entender lo del grano de mostaza?  Un milagro, un proceso de vida y salvación.

 N.B.- Ayer en la celebración dominical y solidaria, con paella para cientos de personas, me comentaba Chema y Luis del centro escucha, que el próximo viernes celebrarán un encuentro los de Cáritas parroquial y los del centro, pues el curso que viene se va a lanzar un proyecto para remodelar las estancias donde se recibe a las personas y poder atender mejor y a más gente en la esucha. No podemos deternernos en el empuje del evangelio a favor de los que sufren y necesitan consuelo.

El valor del proceso

Las bases históricas salvíficas no lo son de sucesos sino de procesos. Toda la realidad es fecundada de lo poco a lo mucho, en esto parece que lo natural y lo sobrenatural se acompasan y se complementan. Nuestro propio ser personas no se entiende sino en el trabajo de la construcción de una identidad, que se va haciendo según va siendo, desde el nacer y la infancia, hasta la vejez y la muerte. Así ha sido la creación, hasta en el relato del génesis con el paso de los días y de las noches, también en la historia del pueblo de Dios que va desde la nada, lo último, lo pequeño hasta la tierra prometida, pasando por el desierto.  Las promesas que se van descubriendo y cumpliendo, proclamadas por los profetas, tienen el mismo signo de crecimiento en etapas que no siempre son continúas y lineales.

El propio Jesús se nos hace parábola de Dios en la misma tensión. Comienza con una señal de encarnación y kénosis, con la señal de un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Pasando por la larga vivencia y formación de conciencia y personalidad en lo diario de una vida oculta en Nazaret. Con una vida pública que va in crescendo en el compromiso, con una formación cuidada y continuada a los discípulos que les cuesta entender este camino de sencillez y naturalidad en la comprensión del reino, así como su modo de estar y ser en medio del pueblo. Enterrándose como el grano de trigo, metiéndose en la vida como la levadura en la masa esperando a que fermente, comprometiéndose, sabiendo que eso le deshacía, entregándose para consagrar la verdadera libertad de Hijo de Dios. No hay duda de que Jesús es la verdadera parábola del Padre, que se realiza en la historia con el modo de ser y hacer de Dios, en la espera confiada y no forzada. En la siembra de lo pequeño acomodándose a los tiempos de lo humano para que se encuentren con lo divino.

La Iglesia hoy se siente invitada a reconciliarse con esta parábola cristológica de la que tiene que ser reflejo. Cuando se habla de la prioridad del tiempo sobre los espacios es una invitación clara a convertirnos a la pedagogía del don en la visión del crecimiento en sinodalidad. No se trata de llegar primeros o defender privilegios, sino de llegar juntos en libertad y dignidad para todos.

La Iglesia en salida, que ha de saber montar los hospitales de campaña en medio de los sufrimientos del mundo y la vida de los pueblos, es la de la comunidad que se va gestando en torno a la Palabra de Dios creida y elaborada en la sencillez de lo diario, de la familia, la calle, la sociedad. El camino para ser comunidades de vida y servir a los que más lo necesiten no es un suceso, ni es un estamento, ni es un poder, o un privilegio. Ha de ser un camino de siembra, enterramiento, de generación de nuevos modos, de tallos y ramas con otra savia, con la espiga del cuidado y los granos de la fraternidad acabada en la justicia y la ternura con los débiles.

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