Alejandro y su sinfonía de luz y sentido
Volver al interior desde la Palabra y la vida (I Domingo de Cuaresma)
Alejandro y su sinfonía de luz y sentido
DOMINGO I DE CUARESMA
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y, después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:
–Si eres Hijo de Dios di que estas piedras se conviertan en panes. Pero él le contestó, diciendo:
–Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Dios».
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le
dice:
–Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles
que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece en las piedras».
Jesús le dijo:
–También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
–todo esto te daré si te postras y me adoras. Entonces le dijo Jesús:
–Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás
culto».
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían. Mateo 4,1-11
Alejandro, un doblaje muy difícil
La verdad y la sencillez se enfrenta a la tentación y la desnuda en su verdad. Jesús desnuda con verdad y sencillez, confiado en el Padre, todo el revestimiento de una cultura basada en la tentación de lo superpuesto, impuesto y traspuesto. El disfraz del tener, el éxito y el poder, cuando, dejando de ser servicio, se presentan como aspiraciones de perfección, seguridad y definitividad. La vida misma, cuando la observamos en lo profundo, nos ayuda a descubrir personas que, con la mayor naturalidad, a veces de la limitación e impotencia, nos muestran la transparencia del verdadero valor de la vida y del sentido de lo que somos y hacemos. Hoy traigo a colación este momento en el que conocí a un adolescente lleno de luz en su singularidad transparente.
Alejandro lo tiene muy claro y sabe que no lo tiene demasiado fácil, porque casi todo lo tiene que aprender solo por sí mismo, como me indicaba. Él quiere dedicarse al doblaje, y aquí es casi imposible prepararse para ello, habrá que luchar mucho. No sé cómo se definirá en los diagnósticos psicológicos su modo de aprender, de relacionarse, de expresarse; podría ser Asperger, o autismo, o algo sin definir, pero, para mí, ayer Alejandro fue luz y don. Nos encontrábamos en el bar «Las tres campanas», en el lugar que llaman del picoteo a mediodía, gozando de esa belleza que mezcla lo antiguo y lo nuevo, en esa atracción que apunta a futuro redimensionado y reinterpretado.
En las tres campanas...
Al mobiliario han añadido un piano que parece ofrecido al que pasa; yo mismo me había fotografiado con humor tocando aparentemente. Cada uno, como es lógico, estábamos a lo nuestro, cuidando de nuestro propio gusto y de nuestros acompañantes, con nuestras conversaciones, risas, miradas, silencios… y en medio de aquella realidad entró Alejandro con sus padres, se sentaron a una mesa para degustar algo y él, ni corto ni perezoso, se acercó al piano, tomó un asiento y comenzó a interpretar algunas piezas musicales que conoce y que rápidamente hacían eco en las personas que estábamos allí. No hubo presentación ni reconocimiento, no pidió atención ni aplauso, de hecho, no los hubo. Pero su satisfacción se cumplió en el hecho de decir del mejor modo que sabe que su presencia allí era compartida y que, en gratuidad, ponía como fondo de acompañamiento para todas las caricias de cuidados en las notas bellas y dulces que sabían a abrazos y besos, acordes encarnados. A mí me recordaron las palabras que acaban de pronunciar en el altar Juan e Isabel, que se unieron en matrimonio en la soledad, pared de al lado, y que lo hicieron con un lenguaje nuevo y creativo dirigido a la comunidad que celebraba.
Ahora quien presidía esta celebración tan lúdica y de descanso en este lugar tan emblemático era un joven sencillo, Alejandro, que sueña con el doblaje, que estaba asistido por el acolitado de su madre y padre, que le sirvieron en ese momento de público y de todo y que salieron gloriosos y satisfechos de haber visto a su hijo tal cual es, con personalidad y protagonismo en su propia forma de ser y de decirse y darse a los demás. Nos comentaron que tiene su propia versión de la música de la pantera rosa, cuyo dibujo llevaba en su camiseta; esperamos la ocasión en la que él, con libertad, nos la quiera dar y desee enriquecernos con su generosidad y don.
Allí cada uno estaba a lo suyo, y tú, Alejandro, estuviste ocultamente a lo nuestro, para alegrar ese momento y ayudarnos a descansar y relajarnos; me recordaste al Maestro de Nazaret cuando se puso a lavarles los pies a sus discípulos para que se sintieran queridos y grandes. Tú nos llenaste de dignidad a todos con ese ejercicio tan sencillo de darnos lo mejor que tenías en ese momento, tu música y tus notas de transparencia y verdad; eres como eres, aunque te definan como te definan. Desde luego, en ese momento fuiste de todo menos discapacitado, autista o Asperger; fuiste luz, belleza, arte, cercanía, descanso, gozo… Ya te digo, no sé cómo definirte, aunque sí sé cómo interpretarlo, porque los cristianos estábamos en la víspera de Pentecostés y yo te noté lleno del Espíritu Santo y de su fuego amoroso. Además, observé después que te conocía mucha gente y te apreciaban por tu camino escolar y de aprendizaje, o sea, que también hay que definirte como amigo y comunitario. En tu personalidad no hay doblajes, seguro, tú eres auténtico.
Una palabra de vida sin gloria y con la mayor sencillez y humildad
Volver a la verdadera religión es siempre un reto de purificación de la verdad. Nos vemos en el quehacer de la historia envueltos en mis barullos y relaciones, con prisas y objetivos que se imponen como prioritarios y que van descabalgando lo que nuestro interior tenía pensado y proyectado. Somos conscientes de que necesitamos la verdad, la bondad, la unidad, la belleza, para realizarnos en la felicidad de lo humano y de lo natural, pero se nos cuelan deseos y caprichos normalizados por lo común de una cultura que nace del ensimismamiento y del individualismo y perdemos el norte.
La escena de las tentaciones, con Jesús como sujeto de ellas, nos enfrenta a la tensión construida por una cultura que justifica y exalta precisamente todo aquello que nos arranca de nuestro interior, suprime nuestra espiritualidad y nos encierra en horizontes planos y de luces cortas, sin dirección ni sentido.
En tiempos de Jesús nos damos cuenta de que se ha establecido un modo de entender las normas religiosas, sus prácticas, incluso su contenido revelado, en unas claves que son de puros preceptos humanos sometidos a la competencia, al juicio, a la tensión que excluye y selecciona, sin mirada compasiva ni salvífica. Al final queda al margen la Palabra verdadera sustituida por cánones de seguridad y de posesión. El éxito y su deseo quieren ocupar el lugar que solo le corresponde a Dios, nos excomulga de la filiación y la fraternidad, y el ansia de poder invierte el sentido del don y del servicio que procede del propio Dios, el que nos hace adoradores de la vida y del amor frente a la muerte.
La grandeza de Jesús en la lucha de las tentaciones no es que promueva un orden nuevo, sino que vuelve a las raíces de la voluntad del Padre, del fundamento de la vida, y desde ahí reinterpreta y ofrece un modelo cultural acorde con lo divino y lo humano, en el contexto de lo agraciado de la propia naturaleza como casa de la fraternidad. Vivir desde la Palabra que se cumple en la vida e ilumina nuestras historias personales y comunitarias, saber que la gloria de Dios se realiza en la construcción de la comunidad por los caminos de lo ordinario y de lo sencillo, y abrazarse en la confianza de Dios, que nunca se busca a sí mismo ni compite con los hombres, sino que se hace servidor para gloriarse no en sí mismo, sino en la gloria del otro, en sus criaturas. Nuestros modos de vida hoy, tanto dentro de la Iglesia como en el mundo, en muchos casos, están siendo generados y generadores de una cultura que ha encerrado la dimensión interior de lo humano produciendo vacío en el ser, se ha ofuscado en un bienestar e individualismo que ahoga la bondad de lo comunitario y lo hace muy difícil. Nos hemos atrincherado en una mirada tan de luces cortas que el ser humano vive en un sinsentido, en una oscuridad que le invita a huir y correr hacia verdades fundamentales que le puedan dar sostén y consistencia en el vivir. Recuperar esa interioridad, en la alteridad de lo común y en la apertura a la trascendencia del sentido, es lo propio del vivir cuaresmal, que nos podrá devolver a la vida y a la raíz teológica de una religiosidad verdadera y no tuneada por culturas de ocasión que engañan y empujan a la ambición, al espectáculo y a la horizontalidad de lo plano.
Acordes encarnados:
18. ALEJANDRO, OTRO LENGUAJE | A. Calvo & P. Monty
Alejandro, otro lenguaje
Ayer, en su modo mismo,
vi una luz que nunca cesa.
Un don, un fuego callado,
una estrella que no grita,
un destino empeñado
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