Sentimientos encontrados ante el Himno Nacional

Creyentes y responsables: Alejandro Córdoba
10 jun 2010 - 14:43

El último domingo oí dos veces el Himno Nacional y los sentimientos generados no pudieron ser más contradictorios: pasaron de molestarme en una ocasión a emocionarme en la otra.

Si un mismo hecho produce sentimientos tan encontrados la diferencia no puede estar en el hecho en sí sino en las circunstancias que le rodean: donde, cómo y por qué se producen.

Oí el Himno Nacional tras la victoria de Nadal en Roland Garros y me emocioné con él. Era el reconocimiento a una persona con muchos valores a destacar. Ya escribí ayer sobre lo bueno que sería “Nadalizar España”.

Pero hoy no toca escribir sobre Nadal. Tampoco sobre España, y la polémica reciente sobre la desaparición del Ejército en la fiesta del Corpus.

Toca reflexionar sobre los sentimientos surgidos al oír el Himno Nacional en la procesión del Corpus de mi parroquia.

Me rechinó enormemente. Ni lo comprendía ni encajaba con lo que yo había ido a celebrar. Y como no me gustó debo decirlo. Con crítica constructiva, desde dentro. Pero sin callarme.

No quiero ni siquiera entrar en polémica con quienes asocian al ejército presentando armas al Santísimo con la tradición o el símbolo de una España católica. Supongo que era lo que pensaban las personas que aplaudieron al oír el Himno en la procesión. Pero, insisto, no quiero polémicas con nadie.

Simplemente quiero hablar de sentimientos. Y los míos fueron de rechazo.

Afortunadamente esos sentimientos se superaron, con creces, cuando en la Eucaristía volvió a repetirse el misterio de la fe. Y ¡eso es lo importante!

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