Superar el síndrome del quemado
Lo anterior forma parte del email recibido de una lectora de mi blog a la que dedico mi reflexión.
Querida CH. Dice V. Havel en su libro “Cartas a Olga: “Sin la presencia de la adversidad es difícil sentir, acariciar y admirar la abundancia”.
Havel sabia de lo que hablaba, porque lo había vivido en sus carnes. Había pasado por la cárcel, víctima del aplastamiento soviético de la primavera de Praga.
Posteriormente su país se liberó del yugo soviético y él personalmente recibió el premio Príncipe de Asturias 1997 “por su esfuerzo para poner la razón política al servicio de la espiritualidad humana y la conciencia”.
No tires la toalla, amiga CH, ni amigo del sector de la discapacidad que sufres el síndrome del quemado.
Ante la adversidad hay mucho que aprender, siempre que no se contemple ni desde la resignación pasiva ni desde la ciega rebelión. Se precisa conservar la serenidad y examinar los hechos sin desfigurarlos. Aunque no llegues a ganar por ello ningún premio. Aunque nadie te lo reconozca. Aunque solo sea para sentirte a gusto contigo misma.
Si eres creyente te pido audacia. Audacia para seguir implicada en tu proyecto; para seguir ayudando a quien tanta ayuda necesita y para remover todo aquello que dificulta e impide el proyecto de Dios.
La audacia a la que me refiero consiste en basar tu manera de ser y actuar en los valores que emanan del Evangelio. Con la convicción de que lo que haces dará sus frutos. Y aunque estos sean muy inferiores a los que tu persigues afróntalos con la seguridad de sentirte instrumento. Solamente instrumento.
Como decía Pedro Poveda lo nuestro es cosa pequeña, pero las cosas pequeñas haciéndolas con amor crecen y se hacen fuertes e invencibles.